Las tres torturas chinas...
Tras un expedición problematica uno de los hombres de la misión se pierde en
la vasta jungla china. Hace casi tres semanas que su único alimento son
plantas y frutos que encuentra. Está muy débil y ha tenido que dormir en
cuevas o bajo los árboles.
Una tarde encuentra una antigua casa entre los árboles, cubierta casi por
completo de una gran parra. Aparentemente, es la única edificación en el
área y el humo que sale por su chimenea indica que su dueño, quién quiera
que sea, se encuentra en casa.
Sin dudarlo, se acerca a la vivienda y golpea a la puerta y un anciano, con
una barba que parece llegar hasta el piso, sale a recibirlo. El anciano lo
mira y le pregunta "¿Qué deseas?".
"He estado perdido por casi tres semanas. No he podido comer ni dormir bien
desde entonces. Le agradecería eternamente si me ofreciera alimento y una
cama, solo por esta noche", respondió el hombre.
El anciano chino piensa por un instante y luego responde "Le ofreceré comida
y lo dejaré dormir en mi casa, pero con una condición: no se acerque a mi
nieta".
El hombre terriblemente exhausto y hambriento aceptó "Le prometo que no le
causaré problemas. Mañana al amanecer seguiré mi camino".
"Muy bien, pero si llego a descubrir que no cumplió su promesa me veré
obligado a realizarle las tres peores torturas chinas, que el hombre jamás
conoció", le advirtió el anciano.
"No se preocupe, tiene mi palabra", dijo el hombre mientras entraba a la
antigua vivienda. Además, pensaba en ¿que clase de mujer podría vivir en la
selva durante toda su vida?.
Esa noche, después de haber tomado un baño, el hombre bajo a cenar. Fue ahí
cuando la vió. La nieta del anciano era una mujer increíblemente hermosa,
como una perla. Hacía tres semanas que se había perdido y varios meses que
debido a la expedición no estaba con una mujer. Y la muchacha en toda su
vida solo había visto a su abuelo y ocasionalmente algún monje. No pudieron
quitarse la mirada de encima durante toda la cena.
Después de cenar y cuando todos se encontraban ya en sus respectivos
dormitorios, el hombre salió de su habitación y se dirigió a la de la
muchacha. Pasó casi toda la noche con ella, tratando de hacer el menor ruido
posible. El hombre regresó a su habitación pensando "Vale la pena sufrir
cualquier tortura china después de esta experiencia".
A la mañana siguiente, un terrible peso en la mitad de su pecho lo despertó.
Al abrir los ojos descubrió una inmensa roca sobre él. En la roca había una
inscripción que decía "1ra. tortura china: una piedra de 70 kilos sobre tu
pecho".
"Qué tortura más inocente", pensó el hombre. Se levantó camino hasta la
ventana y arrojó la roca. Del lado de atrás de la roca, otro cartel avisaba
"2da. tortura china: roca atada al testículo derecho".
La roca ya se encontraba cayendo y el hilo se estiraba. Desesperado, decide
saltar tras la roca "de esta altura tal vez solo me quiebre una pierna pero
no perderé mi testículo". Ya en el aire, observa que afuera, en la ventana,
se encontraba un tercer anuncio "3ra. tortura china: testículo izquierdo
atado a una pata de la cama".