Historia

Allá por 1877, el calendario se tiñó de mil colores cuando aparecieron con sus trajes de terciopelo, sus espadines dorados y sus bandas de raso, bailando al ritmo de sus instrumentos. Al compás del trasegar de los carros aparecían las primeras comparsas. Unión de La Boca y La Verdi fueron las primeras entre las "filarmónicas callejeras" que plagaban de valses y tarantelas el riachuelo y satirizaban la realidad y las costumbres argentinas. Los del carnaval eran días esperados, en los que se sacudían los noviazgos formales y la rutina del puerto. Músicos de entrecasa -y no tanto- ensayaban por meses en la vorágine de esos días. Poetas de conventillo estrenaban cuartetas intencionadas y rimas empalagosas. Algunos trascenderían, luego en el tango, como Juan de Dios Filiberto, Juan Maglio y Anselmo Aieta.

Según la tradición, en cada murga desfilaban los niños adelante, luego las mujeres, atrás los hombres   y al final los bombos, para terminar cantando sobre ritmos populares. En el escenario desarrollan tres actos: presentación, critica y retirada. Históricamente la murga era para hombres: recién en los 60 las curvas femeninas salieron de la platea para sumarse al baile. Luego, las comparsas que homenajeaban al Rey Momo parecieron morir, la prohibición de los corsos durante la ultima dictadura militar las hirió de muerte, mediante un decreto que además daba de baja el feriado. Pero, con la vuelta de la democracia, las murgas resurgieron con redoblantes y patadas al cielo. Ensayan en plazas y calles, desfilan en clubes y barrios y le dan un poco de alegría a nuestro pueblo, que la necesita tanto.

Aguante las murgas y el carnaval, y sigamos luchando por recuperar los feriados.