Tal
vez el hecho más relevante en la carrera política
de Bittel, haya sido haber sabido manejar el peronismo durante los
años de la dictadura militar y reclamar, en plena época
de muertos y desaparecidos, por los derechos humanos, atreviéndose
a firmar en 1979 - en su carácter de vicepresidente primero
a cargo de la presidencia del PJ - el único documento que
un partido político emitió abogando por los detenidos
en forma clandestina e ilegal.
Alguna vez confió: “Debí actuar como un general
después de una derrota, enterrando a los muertos, curando
a los heridos y reagrupando a la tropa”.
Y más de uno recuerda las reuniones
clandestinas del Hotel Atlantic, en el barrio del Once de Buenos
Aires, en cuyo bar se pasaba de mesa en mesa para recibir las novedades
y repartir instrucciones.
Descendiente
de belgas Felipe Deolindo Bittel nació en Villa Angela (Chaco)
el 26 de mayo de 1922, y siendo chico se dedicó a tareas
de campo.
Desde
temprana edad debió asumir tareas de mayores, cuando muere
su padre. “Yo lo ví cuando cayó en el surco
– supo contar alguna vez – y supuse que estaba jugando
conmigo porque no se levantaba. Cuando me acerqué comprobé
que no se movía: estaba muerto”. El tenía nueve
años.
Cursó
la escuela primaria en el mismo pueblo que naciera y la secundaria
en Esperanza (Prov. de Santa Fé).
Se
recibió en la Universidad Nacional de Litoral a los 23 años
y volvió para ejercer su profesión en Villa Angela.
Un amigo confidencia que le gustaba cantar y, en días de
estudiante, algunos pesos supo ganarse entonando tangos en los suburbios
santafesinos.
Inicia su carrera política como candidato peronista a la
intendencia de su ciudad natal en 1946, pero las elecciones fueron
anuladas.
Allí
comienzan más de cincuenta años de actividad partidaria
que le hace ocupar, por el peronismo, la vicegobernación
del Chaco y es elegido tres veces gobernador, aunque una elección
se anula y las dos oportunidades restantes no concluyó su
mandato por haber ocurrido un golpe de estado. De esta manera Bittel
tuvo en su carrera política la particularidad de que nunca,
excepto en el lapso en que se desempeñó como intendente
de la ciudad de Resistencia, terminó el período para
el que fue elegido, viendo siempre malograda su carrera por circunstancias
ajenas a su voluntad.
Como vicegobernador, en 1955, debió hacerse cargo de la gobernación
y entregar ésta a los militares durante la autodenominada
Revolución Libertadora. En 1962, nuevamente con el cargo
de gobernador ganado, el entonces presidente Arturo Frondizi anula
las elecciones y en l966 y l976 sendos episodios truncan su desempeño
al frente del gobierno del Chaco.
En 1983, en la primera elección después de la dictadura
militar, integró la fórmula presidencial peronista
con Italo Luder. La victoria le fue esquiva porque los votos se
inclinaron por Raúl Alfonsín. Durante la democracia
ocupó dos veces la banca de senador por su provincia. Curiosamente,
en ambas oportunidades no cumplió la totalidad de su mandato:
en l987 renunció para hacerse cargo de la intendencia de
la ciudad de Resistencia, a pedido de su partido. El 22 de septiembre
de 1997 debe dejar de nuevo su cargo de senador. Esta vez la muerte
le canceló el período.
Bittel,
como hombre público, es recordado por haber luchado en forma
permanente por la democracia, pero fundamentalmente, por la honradez
con que manejó los negocios públicos que le fueron
confiados; virtud reconocida no solo por sus amigos sino también
por sus ocasionales rivales.
Pese
a haber ocupado altos cargos y estar ya instalado en la historia,
vivió con modestia y humildad. En el barrio de Palermo, en
Buenos Aires, lo recuerdan en sus últimos años cuando
entraba y salía de su pequeño departamento de la calle
Coronel Díaz. Fue un período muy duro para él
porque un accidente automovilístico le había dejado
una secuela de dolor y un brazo inmovilizado. Aún así,
nunca perdió el buen humor: “Lo único que lamento
es que no puedo aplaudir”, decía con una media sonrisa
cuando le preguntaban por su salud.
El
23 de septiembre de 1997 la plaza 25 de mayo de Resistencia –
en el Chaco - lucía primorosa, con las flores de lapacho
poniendo un toque de cielo entre el verde de las plantas. Fue un
día de sol. Un cortejo de miles de personas llevó
el féretro de Bittel hasta la casa de Gobierno y luego lo
acompañó al cementerio. La ceremonia se cerró
como él mismo lo había solicitado: con los compases
del tango “La Cumparsita”.
----------------------------------------------------------------------------- Aviso a interesados en biografía de
Deolindo Felipe Bittel: En todos los capítulos del
libro "Pasajeros de la Historia"
que está en línea se encuentran referencias y testimonios
del escribano D.F. Bittel, quien fue una inestimable
fuente de aporte de datos sobre los sucesos que se narran. Particularmente
sobre el tema de Derechos Humanos recomendamos ver
la página
respectiva al documento y el relato de la redacción de
éste en el Capítulo IV. El mismo - en cuya firma lo
acompañó solo el dirigente Herminio Iglesias
- fue preparado con la intervención del doctor Vicente
Saadi, la escribana Nilda Garré
y el doctor Jorge Vázquez, con la asistencia
de Mario Cámpora. La crónica de sus
funerales puede leerse en el Diario Clarín de Buenos
Aires, edición
del 24 de septiembre de 1997. El mismo diario publicó
en la edición del 23
de septiembre de 1997 una reseña de su vida política.
OTROS
TITULOS
El
autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en
comunicación, de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación histórica,
habiendo publicado hasta la fecha mas de 200 monografías
con diversos temas de esta disciplina y economía, en
diferentes medios de varios países.
La primera edición de Pasajeros de la Historia
se publicó en Buenos Aires en 1993.
Actualmente el autor se desempeña como consultor de
empresas en comunicaciones, al frente de su estudio,
en toda el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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