Tal vez
mucho tiempo después que el olvido haya borrado los nombres
de nuestros historiadores, en los centros universitarios del
mundo se seguirán discutiendo las obras de Borges. Y lo interesante
de ellas es precisamente que, en gran parte, se nutren de hechos
reales.
Nadie, ningún escritor de ficción argentino, contribuyó como
él a la difusión de nuestro pasado. Por supuesto, sin rigor
y sin objetividad, pero logrando que personajes y costumbres
criollas despertaran el interés de connnacionales y extranjeros.
Por esa innata preocupación de aquellos que pertenecen a una
clase social definida como la del patriciado, los Borges fomentaron en el pequeño
Georgie el conocimiento - y en algunos casos también el olvido
- de sus ancestros. Así fue enhebrando a su propio pasado la
vida de legendarios guerreros de la independencia, agregándole
el condimento de la noble sangre inglesa, respecto de la cual
confiesa que le dijo su abuela Fanny Haslam: "Yo le pregunté
si tenía sangre escocesa. Ella me contestó: Gracias a Dios (¡thank
goodness!), no tengo ni una gota de sangre escocesa, irlandesa
o galesa".
Por ese lado don Georgie podía quedarse tranquilo: era químicamente
puro. Con el tiempo aceptó sin embargo que le gustaría tener
sangre judía: una posibilidad que sus antepasados, los Suarez,
provinieran de los "marranos" portugueses Soares.
Se imaginó partícipe de grandes batallas, poniéndose en la piel
de sus antepasado Manuel Isidoro Suarez, en la batalla de Junín,
del coronel Francisco Borges integrando el ejército de 9.000
hombres - que al mando de Bartolomé Mitre fue derrotado por
800 milicianos de los pagos de Lobos en el entrevero de La Verde,
el 26 de noviembre de 1874 - o mucho antes, cabalgando las aguas
marrones en barquitos que vinieron a fundar Buenos Aires.
No pudo pasar por alto la muerte de Francisco de Laprida - otro
patriarca que contabilizó entre sus ancestros - con el grave
y terrible "Poema Conjetural", pero tampoco se resistió a relatar
cómo Facundo Quiroga entraba al reino de la muerte, escoltado
por seis degollados en Barranca Yaco. Especuló también con la
puñalada asesina de "Juan Manuel".
Nunca mencionó, sin embargo, al "otro Borges"
- para utilizar una irresistible paráfrasis - que murió fusilado
el 1 de enero de 1817 acusado de traicionar al general Manuel
Belgrano. Aunque héroe de Vilcapugio y Ayohuma, este coronel
Juan
Francisco Borges no alcanzaba la estatura de mito
para insertarlo en el parnaso borgiano.
Con ese mismo olvido de nombres machacó contra el "monstruo"
que redujo su carrera burocrática a la estatura de los gallineros:
Juan Domingo Perón no fue más contemplativo y aportó sus propias
historias para fustigar a "intelectuales elitistas".
Sin embargo todo sirve y Borges adscribió entusiastamente a
Frederich Nietzsche que dijo: "El historiador no tiene que ocuparse
de los acontecimientos tales como han ocurrido en la realidad,
sino simplemente tales cómo él los supone ocurridos".
Desde esta premisa, Borges, mas que de poeta asumió un rol de
historiador, aunque - como a Madonna - el marketing globalizado
debe agradecerle que le proveyera de íconos vendibles
(Buenos Aires, 23 de agosto de 1999. Publicado por diarios de
Argentina distribuído por INFOSIC Agencia de Noticias).
El
autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en
comunicación, de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación histórica,
habiendo publicado hasta la fecha mas de 200 monografías
con diversos temas de esta disciplina y economía, en diferentes
medios de varios países.
La primera edición de Pasajeros de la Historia
se publicó en Buenos Aires en 1993.
Actualmente el autor se desempeña como consultor de empresas
en comunicaciones, al frente de su estudio, en toda el
área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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