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Capítulo 1
CRONICA
DEL 24 DE MARZO
Como
en un cuento de Borges, en la madrugada de ese día Isabel
Perón fue al encuentro de su destino.
Poco antes preguntó al grupo de personas
que la rodeaba:
-
¿ Y a donde voy a ir?
- Adonde van los presidentes argentinos a descansar...a la residencia
de Olivos. - le contestó Deolindo Felipe Bittel.
Esa
había sido una de las pocas oportunidades en que se la vió
asumir los temores que en los dramáticos momentos vividos
hasta ese 24 de marzo de 1976, debían estar mellando su espíritu.
Respondió con aquella pregunta a la invitación de
retirarse a descansar que sus colaboradores le formularan, luego
de las largas reuniones de las últimas cuarenta y ocho horas.
María
Estela Martínez Cartas Viuda de Perón había
nacido en La Rioja - una ciudad al borde de Los
Andes fundada en 1591 -el 4 de febrero de 1931. Perteneció
a un hogar de clase media formado por María Josefa
Cartas y Carmelo Martínez, funcionario del Banco
Hipotecario. Sus estudios principales los realizó en Buenos
Aires y en el Conservatorio del Teatro Cervantes canalizó
su vocación por la danza, mientras tomaba lecciones de piano
y francés. Aunque mucho se ha escrito sobre ella, son muy
pocos los elementos que en forma fehaciente puedan completar una
biografía. En lo formal se destaca su decisión de
integrar una compañía de teatro, a los veintitrés
años, y con ella inicia una gira por países latinoamericanos.
Algunos contratiempos propios de la vida transhumante de este tipo
de agrupaciones, la retienen más de lo previsto en el exterior.
Por esos tiempos, Juan Domingo Perón gastaba
sus días de exilio en Panamá, después del Golpe
de Estado que lo derrocara en septiembre de 1955. Testimonios de
viejos peronistas señalan que Isabel, seudónimo que
adoptara para su carrera artística, se ofreció al
general argentino como secretaria. En ese entonces Perón
encaraba su campaña epistolar, por medio de la que se comunicaba
con el movimiento popular que en la Argentina mantenía el
fuego sagrado del justicialismo. Aparentemente, esto dio origen
a una doble solución: la tranquilidad de Isabel, que pudo
acomodarse a un domicilio eludiendo las urgencias económicas
que implicaba su hospedaje en un hotel y las necesidades de una
ayudante de parte del General. Nace así un vínculo
estrecho entre dos personas, cuya trayectoria posterior influiría
sobre la vida de varias generaciones de argentinos.
A partir
de entonces, Isabel resignó sus aspiraciones artísticas
para acompañar al exiliado en un largo periplo que comprende
Caracas, Santo Domingo y Madrid, empujados por la cambiante fortuna
de los vaivenes políticos del sub-continente.
Finalmente,
en 1961 contraen enlace en Madrid, legalizando la relación
que los unía.
Aquí
se registra un dato interesante: Perón elige para la ceremonia
- muy privada - la misma fecha en la que contrajera enlace con su
primera mujer, su recordada "Potota" (Ver los tres casamientos
de Perón en "Tres
bodas y un funeral"). Isabel se transformó
en la tercer esposa del líder argentino.
A fines
de 1964 Perón intenta un retorno a su patria, acompañado
por Isabelita y una gran cantidad de integrantes de su cohorte de
colaboradores, pero su avión es detenido en Brasil. El gobierno
argentino, a cargo en ese momento del radical Umberto Illia había
pedido un favor especial a las autoridades cariocas y éstas
fletaron al ex presidente con sus acompañantes, en el mismo
avión, de nuevo a Madrid.(Ver cartas de Perón sobre
este episodio)
Aparentemente
entonces nace una nueva estrategia del ex presidente argentino:transformar
a su esposa en una suerte de delegada y emisaria para contactarse
con sus seguidores. Así, en 1965 la envía a la Argentina
para establecer contactos en vista de las divisiones del peronismo
que algunos caudillos propugnaban. De este viaje de Isabelita
- exitoso en sus resultados según las instrucciones de Perón
- nace una relación inquietante: José Lopez
Rega inicia su aproximación al entorno del ex-presidente,
logrando constituirse con el tiempo, en uno de los hombres mas influyente
y sobre el que pesa la leyenda de ser el factotum de la creación
de las fuerzas paramilitares de las AAA. Sobre
el particular, aunque falta documentación probatoria, se
asegura que no habría sido nada más que un peón
de intereses internacionales - en lucha contra el comunismo - y
brazo ejecutor de un cerco que tuvo como rehén al mismo Juan
Domingo Perón durante gran parte de su vida.
En
1971 Isabel Perón repite el mismo trayecto
Madrid-Buenos Aires y el 17 de noviembre del año
siguiente participa del regreso de Perón
al país, después de más de diecisiete años
de exilio.
El 12 de octubre de 1973, integrando la fórmula presidencial
con su esposo, asume como vicepresidente. El 28 de junio de 1974,
pocas horas antes de la muerte de Juan Domingo Perón,
asume interinamente el cargo de Presidente de la República
Argentina. El desenlace fatal de la enfermedad del General
la confirma definitivamente en el cargo.
Pero
¿Quién
es realmente esta mujer? ¿Qué cualidades
tenía para ejercer el cargo electivo mas importante del país?
¿Cuales circunstancias la impulsaron?
Aquí,
algunos testimonios de dirigentes políticos del peronismo,
aportan elementos que pueden ayudar a responder estos interrogantes.
Testimonio
de Deolindo Felipe Bittel. En 1976 era Gobernador de la
Provincia del Chaco y pocos días antes del golpe asumió
el cargo de Vicepresidente 1º a cargo de la Presidencia del
Partido Justicialista. Posteriormente, en 1983 - en la recuperación
de la democracia - integró la fórmula peronista (PJ)
Luder-Bittel, que perdió las elecciones
en las que triunfó el radical Raúl Alfonsín.
Desde esa fecha, hasta su fallecimiento en 1997, se desempeñó
como senador por su provincia, intendente de la ciudad de Resistencia
y, los últimos años, nuevamente senador:"Yo
a la señora Isabel la conocí en Santo Domingo, cuando
en el año 1959 viajamos con el doctor López
Bustos. Cuando fuímos, en el país existía
la idea de que se trataba de una bailarina, una especie de Blanquita
Amaro, que zapateaba... esa era la imagen que los diarios transmitían.
Cuando llegamos, el General nos mandó a buscar con su edecán,
que era un coronel del Ejército dominicano. En ese momento
ella sale del chalet y Perón nos la presenta. Yo esperaba
encontrarme con una mujer exuberante y en cambio tenía allí
alguien bajita, delgadita... Y yo que soy, no sé, un extrovertido,
que no tengo reservas, en un tono extrañado y sorprendido
le pregunto:
-
¿Usted es Isabel?
- Si - me contesta - Y... ¿Cómo me encuentra?¿Mejor
o peor de lo que usted se imaginaba?
La
mujer que tenía ante mí era normal. Confieso que yo
tenía una idea totalmente distinta... no se si era exclusivamente
mia...pero allí comprendí que ésa era la imagen
que se pretendió trasladar a la opinión pública".
Testimonio
de Miguel Unamuno. En 1976 era Ministro de Trabajo.
Después de del regreso del peronismo al poder con
Carlos Menem fue nombrado Embajador. Actualmente (año
2000) se desempeña como Director General del Archivo de la
Nación. "Isabel era una mujer muy particular...
tenía una personalidad que yo me animaría a caracterizar...una
personalidad poco permeable.Me imagino que producto de los ataques
que permanentemente se ejercían con ella y contra su investidura.
Además, su condición femenina también operaba
negativamente en el juicio de aquellos años. Pero era una
persona que quizás no tuviese mucha ductilidad política,
pero tenía una gran dignidad en el manejo de la cosa pública...
Quizás el gran cargo que se le podía hacer, era que
no tenía la experiencia que se requería para el desempeño
de la más alta magistratura del país y sobre todo
para el manejo de un movimiento de la vastedad, la singularidad
y la complejidad que es el peronismo. Pero yo tengo un recuedo grato
en líneas generales. Siempre fuimos tratados (por ella) con
excepcional respeto. Muchas de las cosas que se han dicho creo que
son mentiras, absolutas mentiras. No obstante que yo no era un hombre
de su intimidad, siempre me dió la impresión que era
una mujer con sus limitaciones, tal vez con su falta de experiencia
en el manejo político como he señalado, pero con un
sentido de la responsabilidad que le tocaba en su doble condición
de Presidente y heredera de un apellido ilustre. Quizás en
otros tiempos y circunstancias más normales, hubiese hecho
una gestión que culminara con éxito y no como terminó...
pero creo que en definitiva no merece que algunos sectores la juzguen
con la ligereza que lo han hecho..."
Testimonio
de José A. Deheza. En 1976 era Ministro de Defensa.
Actualmente (año 2000) está retirado de toda actividad.
Escribió varios libros en defensa del gobierno de Isabel
Perón. Está casado con una hija del ex presidente
"de facto" y cabeza de la Revolución Libertadora
que derrocó a Perón, general Lonardi."Isabel
era una persona, que como ella misma lo declaró, no estaba
preparada para ser estadista. Pero era una mujer de mucho sentido
común. Era muy despierta, era muy ágil, y tenía
un conocimiento perfecto de cada hombre que actuaba en el peronismo,
porque al lado de Perón los vio desfilar a todos por Puerta
de Hierro o por Santo Domingo o por donde fuera. De manera que uno
le explicaba un problema y ella decía sí o no. Yo
tuve un apoyo muy grande de parte de ella... en la reubicación
de la Justicia, en las leyes antisubversivas y demás y entendía
perfectamente bien cual era la situación. De manera que si
hacemos una comparación con algunos presidentes que hemos
tenido, yo creo que sale gananciosa ella. Era una persona ágil
que tenía un razonamiento claro. Sabía cuál
era el punto neurálgico de cada uno de los problemas."
Testimonio
de Nilda Garré. En 1976 era Diputada Nacional e
integraba el núcleo de jóvenes simpatizantes de los
Montoneros. Durante el gobierno peronista que asumió
en 1989 ejerció su profesión de abogada y fue titular
de una oficina de Registro del Automotor. En el segundo período
menemista fue electa nuevamente diputada nacional. En la actualidad
(año 2000), ejerce el mismo cargo electivo, aunque ahora
en representación de una agrupación de centro izquierda
que integra el radicalismo."Ella es una mujer en la que
yo creo que hay que analizar los temas emocionales. En un político
debería analizarse únicamente temas de poder... en
Isabel, lo temas emocionales. En algunos momentos era una persona
totalmente descontrolada. Era muy soberbia o muy mística,
pero creo que sí tenía conciencia de sus limitaciones."
Testimonio
de Juan Labaké. En 1976 era Diputado Nacional. Durante
el gobierno menemista fue nombrado Embajador. Ejerce actualmente
(año 2000) su profesión de abogado."A mí
me comprenden las generales de la ley para dar una semblanza de
Isabel. Estoy muy comprometido espiritualmente con ella porque he
sido su abogado defensor. Solamente me limitaría a decir
que yo lamento lo que ha tenido que sufrir esta mujer y lamento
que la vida no la hubiera preparado anímicamente, espiritualmente,
políticamente incluso para soportar esa carga tan pesada
que la ha hecho sufrir tanto".
Testimonio
de Pedro D´Attoli. En 1976 era Jefe de la
Secretaría Privada de Isabel Perón y fue
uno de los integrantes más jóvenes de su equipo. Nunca
más actuó en política, aunque siguió
vinculado con los hombres del peronismo; particularmente con el
menemismo. Actualmente (Año 2000) está al frente de
su estudio jurídico ejerciendo su profesión de abogado
penalista."Constituíamos un equipo de abogados jóvenes
a quienes la señora consultaba. En especial las consultas
las recibía Julio González y éste las trasladaba
al equipo. Yo puedo decir que, como viví y compartí
momentos con Isabel en razón de mi cargo, la decisión
final la tomaba ella. Tenía un gran temperamento, un gran
caracter y había asimilado las enseñanzas de Perón.
Quiero que quede claro que no hablo par defenderla, sino que cuento
la verdad de como ví yo a Isabel. Y de esto tengo pleno conocimiento
porque vivíamos continuamente en Casa de Gobierno y Olivos,
compartiendo sus momentos, muy cerca. Eramos el entorno, Pero también
tenía un físico que mostraba una salud muy endeble,
shockeada por todos los problemas que teníamos".
En
la Sala de Situación de la Casa de Gobierno,
en Buenos Aires, la presidente de la Nación Isabel Perón,
dió por terminada la reunión. Eran aproximadamente
las 00:10 de la madrugada del 24 de marzo de 1976. Mientras
Deolindo Felipe Bittel le separaba el sillón, Isabel escuchó
que la senadora por Santa Fe, Yamile Barbora de Nassif, se ofrecía
para acompañarla hasta la explanada de la calle Bernardino
Rivadavia.
-
Gracias Yamile - contestó ella - no voy a usar el automóvil,
voy a viajar en helicóptero hasta Olivos... de manera que
ahora subo al helipuerto...-
A partir
de ese momento los protagonistas de aquellas reuniones claves para
la historia argentina comenzaron a retirarse, atendiendo cada uno
de ellos diversos asuntos.
- No
hay golpe - dijo Deolindo Felipe Bittel
a los periodistas al salir de la Casa de Gobierno rumbo al restaurante
El Toboso, donde cenaría con amigos. Roberto Ares, Ministro
de Interior, volvió a su casa para meterse rápidamente
en la cama. Miguel Unamuno, Ministro de Trabajo, y Lorenzo Miguel,
Secretario de la Unión Obrera Metalúrgica y de las
62 Organizaciones Sindicales Peronistas, se dirigieron al Ministerio
de Trabajo donde pensaban informar a los dirigentes gremiales que
esperaban novedades.
José
Deheza, Ministro de Defensa, inició una reunión en
un salón contiguo al despacho presidencial con los diputados
Juan Labaké y Rodolfo Arce, para comentarles detalles de
su entrevista con los Comandantes militares.
Algunos
diputados mantenían una nerviosa vigilia en el Palacio Legislativo.
En
un domicilio de un barrio de la ciudad, Villa Urquiza, un grupo
de jóvenes festejaba un cumpleaños. Pertenecían
todos a una agrupación nacionalista. Estaban allí,
entre otros, Roberto Galimberti, Carlos "Chacho"
Alvarez y Alberto Iribarne. Discutían la expulsión
de Carlos Grosso, otro militante, con el que se manifestaban en
desacuerdo. En una confitería de la calle Córdoba,
en el centro de la ciudad, un joven parroquiano, Ernesto Tenembaum,
se alarmó cuando una columna de tanques pasó con gran
estrépito en dirección al área de la Casa de
Gobierno.
¿Cuál
era la situación hasta ese momento en los distintos grupos
de poder? ¿Cómo se llegaba a las puertas de una nueva
frustración democrática en la Argentina?
En
lo económico, el fracaso del Pacto Social que impulsara el
Ministro de Economía José Ber Gelbard como consecuencia
de las presiones generads por variables externas - como la crisis
mundial del petróleo de los años 70 - abrió
las puertas a una serie de experiencias inconexas encabezadas como
ministros de economía, alternativamente, por Alfredo Gomez
Morales, Celestino Rodrigo, Pedro Bonnani, Antonio Cafieroy Emilio
Mondelli.Las dos centrales que participaron en la firma del Pacto,
esto es, la Confederación General Económica (CGE)y
la Confederación General del Trabajo, abiertamente se manifestaban
ahora en contra de las medidas tomadas por el gobierno de Isabel
Perón. Julio Broner, manejando la CGE, había movilizado
a los empresarios pequeños. La CGT de Casildo Herreras cuestionaba
insistentemente la integración del gabinete de la Presidente,
presionando por participar en la toma de decisiones. se potenciaba
al máximo las diferencias que siempre se manifestaron entre
Isabel Perón y la dirigencia sindical. Solamente Lorenzo
Miguel al frente de las 62 Organizaciones, se esforzaba
por contener los embates de la central obrera. Fiel a su origen
peronista, aunque se había puesto a la cabeza del movimiento
que expulsó a José López Rega,
en la disyuntiva el dirigente metalúrgico optó por
apoyar a la mujer de su jefe político y amigo, el fallecido
Juan Domingo Perón.
-
Mirá Miguel - le confesó cierta vez a Unamuno - de
la traición no se vuelve... y yo no quiero quedar incurso
en el delito de traición.
Un
sector del gobierno quería romper la trenza cegetista interviniendo
la central obrera.
- El
decreto ya estaba preparado - dice José Deheza.
Cuando
se tuvo conocimiento que Casildo Herreras abandonaría
el país, muchos tomaron conciencia de la inminencia del golpe.
- Se
intentó detenerlo - recuerda Miguel Unamuno - pero yo me
opuse y lo conversé con el Ministro Ares. Le planteé
que me parecía un absurdo total porque el hecho en sí
mismo iba a constituir un dato del golpe y esa orden de captura,
si se libró cayó en el vacío.
Lo
cierto es que después, desde Montevideo, Casildo Herreras,
Secretario General de la CGT, inauguraba un sorprendente tiempo
político con una expresión muy gráfica para
una evaluación humana:
- Yo
me borré - declaró desde la capital Uruguaya.
Según
el Diario Clarín del 24 de marzo de 1976 , que informó
sobre el particular, tampoco pudieron ser hallados otros dirigentes.
Herreras estaba afuera acompañado de Abelardo Arce, Francisco
Carranza, José Carranza, Pedro Eugenio Alvarez y otros.
El
Congreso también soportaba la escisión que protagonizaban
los "verticalistas" por un lado y los "anti-verticalistas"
en la vereda de enfrente. En esta última corriente se anotaron
los integrantes del autodenominado Grupo
de Trabajo de la Cámara de Diputados, integrada
por Carlos Palacio Deheza, Luis Sobrino Aranda, Nilda Garré,
Eduardo Farías, Dante Migliozzi, Carlos Imbaud, Jesús
Porto, Enrique Osella Muñoz, Julio Bárbaro, Raúl
Bacjman, Julio Mera Figueroa, Juan Racchini, Luis Rubeo y otros.
Con esta escisión, el oficialismo pierde la mayorìa
propia en Diputados pasando de ciento veinticinco a noventa y siete
sobre un total de doscientos cuarenta y tres integrantes. En el
Senado, sobre un total de sesenta y nueve, cuarenta y cuatro respondían
al FREJULI (Diario Clarín, 11 de diciembre de 1975).
En
un testimonio brindado por Nilda Garré para
estas crónicas, podemos acceder al pensamiento de algunos
miembros de aquel Congreso:
-"Yo
recuerdo una discusión final de esos días con Rubeo
y Racchini donde ellos me dicen que este va a ser un golpe donde
se va a respetar...claro, ya todo el mundo hablaba del golpe..."-
(ver nota "La
historia según sus protagonistas - Las razones de Luis Rubeo").
-¿Entonces,
había peronistas que tomaban posiciones a favor del golpe?
-
-
¿Y qué le parece...? Racchini y Rubeo... le doy dos
nombres... Yo me acuerdo de una frase muy cínica que me tira
Racchini cuando yo le pregunté por qué podían
asegurar que en este golpe se iba a respetar. "Porque somos
socios, por eso te lo puedo garantizar, somos socios, no te engañes..."
Ah, si es así, les contesté, si son socios de esto,
no tenemos más que hablar..."
El
verticalismo y el an-tiverticalismo se enfrentaban también
en el seno del Partido Justicialista. el 6 de marzo, en el Teatro
Cervantes se llevó a cabo el Congreso partidario. Allí,
con el verticalismo a su favor, son elegidas las nuevas autoridades.
Isabel Perón resulta presidenta del Consejo; Deolindo Felipe
Bittel, vicepresidente 1º; y Lázaro Roca, secretario
general. El apoyo prinicpal provenía de Eloy Camus, Carlos
Menem, Nicasio Sanchez Toranzo, Lorenzo Miguel, Herminio Iglesias,
Nestor Carrasco, Lesio Romero, Rogelio Papagno y otros. En la posición
enfrentada se registraban Federico Robledo, Genaro Báez,
Enrique Osella Muñoz y Julio Romero (Diario Clarín,
7 de marzo de 1976) En el discurso, la señora de Perón
advirtió que se iba a transformar en "la mujer del látigo",
lo que dió pie a chascarrillos diversos en los "comics"
de los diarios.
Se
pretendía con este gambito del cambio de autoridades partidarias,
reestablecer los puentes rotos con los demás partidos políticos.
Es así que, en forma inmediata, Bittel se entrevista con
Ricardo Balbín, presidente de la Unión Cívica
Radical, principal partido de la oposición.
-
"La señora de Perón me encomienda la tarea de
hablar con don Ricardo Balbín. Ya se había resuelto
que él utilizara la radio y la televisión; fué
el mensaje donde dijo que no tenía la solución pero
que esta existía-
-
¿Cuándo y en qué lugar fué eso?
-
Fué la semana anterior al golpe, en el departamento del dirigente
Luis León, en la calle Libertador y Oro. Lo primero que Balbín
me dijo fue: "temo que sea demasiado tarde". Porque de
entrada hablamos sobre qué se podía hacer para evitar
el golpe del que hablaban ya hasta los mudos. Una de las cosas que
convinimos entonces fue formar una Comisión Bicameral que
acordara la sanción de las leyes necesarias, que reclamaban
los militares"
( Testimonio de Deolindo Felipe Bittel ).
Ricardo
Balbín habló al país el 16 de marzo pero su
discurso no refleja una firme oposición al golpe. Por el
contrario, reconoce que él no tiene la solución. (
Diario
Clarín, 17 de marzo de 1976) Esto, proviniendo
de un político representante de un partido que se caracterizó
siempre por una prédica permanente en favor de la democracia,
sonaba casi como un tiro de gracia.
Las
leyes que los militares reclamaban se referían a la lucha
antisubversiva (Ver proyectos de leyes antisubversivas del gobierno
de Isabel Perón) y concretamente tenían relación
con el conflicto de poderes entre el Judicial y el Ejecutivo en
lo atinente a la opción de salir del país de detenidos
acusados de subversivos, como lo establece el art. 23 de la Constitución
en vigencia entonces. En este sentido el Poder Ejecutivo sostenia
la misma posición que el Ejército. En cuanto a la
Comisión Bicameral que habían acordado Bittel y Balbín,
nunca se constituyó. Aquí cabe recordar la frase de
Perón que sostenía que para que algo transitara hacia
una via muerta, debía propugnarse la creación de una
Comisión. Ironía del viejo caudillo que se refería
a la lentitud de estas instituciones en el Congreso.
El
golpe era anunciado ya por los medios de difusión. El Diario
La Razón, como en una cuenta regresiva, diariamente titulaba
haciendo referencia al mismo. Otros diarios empleaban títulos
"catástrofe" en todas sus ediciones. El General
Reynaldo Bignone contó alguna vez que, en elmes de febrero,
es decir, pocos días antes del golpe, le preguntaban a su
esposa en los lugares a los que concurría de compras, si
es cierto que él sería Ministro de Bienestar Social.
Efectivamente: el día 23 de ese mes, en el Comando General
se le había confiado la misión de estudiar la situación
de esa cartera.
Alberto
Deheza cuenta que el 19 de marzo, habiéndole ofrecido el
cargo de subsecretario de Defensa al coronel Daniel Alberto Correa,
éste le rechaza alegando que ya no tenía sentido,
dado que el golpe se produciría a la semana siguiente.
Y un dato casi hilarante: en esos días llega a Buenos Aires
un equipo de la televisión española con instrucciones,
dicen, de filmar en colores el golpe militar argentino.
Deolindo
Felipe Bittel cuenta:
-
"El viernes 19, un coronel amigo que trabajaba en Inteligencia
(se trataba del entonces coronel Armando Hornos), me hizo saber
que el lunes 22, a la hora cero, se inciaba la cuenta regresiva
para el golpe. Previo llamado telefónico, me corrí
hasta la Casa de Gobierno y me entrevisté con el doctor Julio
González, secretario de la Presidencia. Le comunico la novedad
y él me habla de geopolítica, de los cubanos en Angola,
de que a Estados Unidos no le interesa. A los pocos minutos llega
Alberto Deheza, Ministro de Defensa, y coincide plenamente con González.
Para ellos el golpe es imposible. Julio González se preocupó
en conocer el grado y la fuerza del informante, datos que no le
proporcioné por la seguridad de mi amigo".
De
todas maneras, ignorar la realidad por desconocimiento o como estrategia,
fue moneda corriente. El mismo dirigente que disponía de
información cocinada en los hornos del Ejército, hacía
declaraciones ese fin de semana en la ciudad de Resistencia (Chaco)
y los diarios titularon: BITTEL NO CREE EN LA QUIEBRA DEL
ACTUAL PROCESO (Diario Clarín, 21 de marzo de 1976).
Fué convencido por los argumentos de Julio González
o no le dió crédito al informante.
El
sábado 20, en el Diario Clarín apareció un
suelto en la página 6. Con el sugestivo título de
CALABRO SE DESPIDIO DE LA PRENSA, el matutino daba cuenta que el
entonces poderoso gobernador de la principal provincia Argentina,
Buenos Aires, concurrió a despedirse de los periodistas de
la Casa de Gobierno, a quienes auguró "mucho éxito
en el futuro". Nadie explicó sin embargo los motivos
del "inesperado saludo" y, como dándole otra vuelta
de tuerca a lo que ya tenía todos los visos de una charada,
un asesor suyo explicó que el mandatario provincial no estaba
pensando en renunciar. En realidad, el señor Victorio Calabró
sabía - y desde hacía mucho tiempo - la ocasión
en la que los militares desencadenarían el golpe. Es más:
aparentemente la información de Calabró iba muhco
más allá. Un testigo calificado aseguró haber
visto en la Casa de Gobierno de La Plata un "listado de personas
para ser desaparecidas" provistas por el Servicio de Inteligencia
de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, exhibida a
un grupo de diputados por el mismo gobernador.
Isabel
Perón se acomodó en la butaca del helicóptero
mientras escuchó el zumbido característicos de los
rotores del aparato. Miró a través de su ventanilla
y pudo distinguir en la semipenumbra la masa oscura de edificio
del Ministerio de Economía, mas allá de la terraza
de la Casa de Gobierno. Vió algunas ventanas iluminadas enmarcando
siluetas negras, que se las imaginó acodadas en los balcones
de mármol del Palacio.
Cerró
los ojos y apoyó la cabeza en el respaldo mullido de su asiento.
Sintió una leve presión en un brazo.
-
¿Se encuentra bien? - escuchó que le preguntaba su
secretario, el doctor Julio González.
-
Muy cansada...- le respondió sin abrir los ojos.
En
ese momento sintió que el helicóptero se elevaba.
No supo por qué pensaba en el tramo de escaleras que, después
del ascensor, la condujeron al helipuerto. Al levantar una pierna
tras otra, buscando los peldaños, toda la fatiga de las últimas
horas le cayó encima. Siempre le molestaron las incomodidades
de la Casa Rosada. Quien la visitaba por primera vez quedaba impresionado
con la precariedad de sus instalaciones, que constrataban con la
magestad de su fachada exterior.
Algún
dia - se dijo - alguien debería darle funcionalidad y decoro
a ese lugar (Ver Refecciones en Casa de Gobierno).
Mientras
Isabel Perón trataba de relajarse, la nave cobraba altura
y con un gracioso giro buscó su ruta. A la Presidente la
acompañaban su secretario, el doctor Julio González,
su edecán militar y Rafael Luissi, Jefe de su custodia. Los
pilotos eran militares.
Cuando
José Alberto Deheza se incorporó a la reunión
de esa noche del 23 de marzo, el reloj señalaba las 22:20.
Rodeaban a la Presidente los ministros Emilio Mondelli, de Economía;
Emilio Saffore de Justicia; Sebastián Arrighi de Educación;
Domingo Demarco, de Bienestar Social; Miguel Unamuno, de Trabajo;
los gobernadores Carlos Juarez de Santiago del Estero y Deolindo
Felipe Bittel del Chaco, un par de intendentes del conurbano bonaerense
y algunos gremialistas. De entre estos últimos se destacaban
Lorenzo Miguel y Carlos Smith. También se encontraban el
presidente provisional del Senado, Dr. Italo Luder y algunos diputados.
Eran
estos asistentes los mismos que habían concurrido a la reunión
citada por Isabel la noche anterior y donde, por sugerencia de Luder,
se resolvió que Deheza entrevistara a los Comandantes, para
exigir de ellos una definición en relación al golpe.
Sólo faltaba Ares - Ministro de Interior - que se incorporaría
más tarde.
-
Yo había manifestado en la reunión aquella que deberíamos
citarlos - recuerda Deheza - pero primó la opinión
impulsada por Luder que fuera yo quien conversara con ellos. En
ese momento se temía el rechazo de los tres Comandantes,
con lo que estaría conformado el golpe.
Deheza
saludó a la Presidente y ésta lo invitó a tener
una reunión en privado para que el Ministro de Defensa le
informara, antes de transmitir las novedades al gabinete.
En
un despacho contiguo a la sala de reunión, Isabel recibió
un informe detallado de la gestión de su Ministro de Defensa
ante los militares.
-
Informé a la señora de Perón en forma objetiva,
sin comentarios de ninguna clase, pues no quería que una
apreciación subjetiva pudiera distorsionar la posición
adoptada por las Fuerzas Armadas - dijo Deheza en su testimonio
para este trabajo.
Como
conclusión se genera este diálogo:
-
Vea Señora, nosotros dependemos de la voluntad de ellos,
porque no disponemos de fuerza para evitar el golpe de Estado -
dice el Ministro.
- ¿Y quién de los tres Comandantes es el más
accesible? - pregunta Isabel.
- Videla.
- Citemos ahora a esta reunión al General Videla.
- Me temo que se niegue a venir - contesta Deheza - y en ese caso
ya estaríamos en presencia del golpe.
Como
se aprecia, otra vez el temor paraliza las decisiones en un juego
muy parecido a la actitud del avestruz: ocultar la cabeza en la
arena para no ver la realidad.
-
Entonces - concluye Isabel - yo creo que esta noche el golpe nos
dá el Almirante Massera.
¿Esta
observación no indica que Isabel manejaba la misma información
que Bittel? Sino ¿por qué la mención explícita
a esta noche? Y abundando en esta línea, hay que tener en
cuenta las instrucciones que recibe Deheza de la Presidente, según
este testimonio:
-
En la reunión de gabinete usted explique en forma vaga, sin
dar detalles.
Dice
Deheza que interpretó que con esa orden Isabel quería
evitar la alarma. Deheza reflexiona:
-
Era muy razonable, porque no sabíamos qué reacción
habría, sobre todo de los gremialistas, que se oponían
al gobierno y que estaban allí presente, como los representantes
de Luz y Fuerza.
Si
Isabel estaba convencida que el golpe sería esa noche, ¿por
qué ocultó información a sus aliados? Si temía
una reacción sindical ¿no estaba protegiendo los planes
golpistas?
Eran
las 10:50 de la mañana del día 23 de marzo de 1976,
cuando los tres Comandantes ascendían desde el garage del
edificio del Ministerio de Defensa, en Paseo Colón 255, rumbo
al despacho del Ministro.
Momentos
antes, José Alberto Deheza se paseaba en él llevando
en una mano las instrucciones que el General Jorge Rafael Videla
había hecho llegar a los distintos comandantes, en los cuarteles
del Ejército en el interior del país, para el dia
"D". Obviamente, esto se refería la estrategia
para la toma del poder.
Se
detuvo frente al ventanal y contempló el tránsito
de la avenida de doble mano que se dirigía a los límites
norte y sur de la ciudad de Buenos Aires. Hacia el horizonte distinguió
las aguas del Río de la Plata y casi frente a él,
el edificio del Comando en Jefe del Ejército rodeado de césped
sobre el que se inclinaban los soldados encargados del mantenimiento
del parque.
A la
izquierda, en una plazoleta estaba la estatua a Cristobal Colón,
junto frente a la Casa de Gobierno. A esta última, Deheza
no la podía ver porque estaba, a ciento cincuenta metros,
en la misma linea de edificación que el Ministerio de Defensa.
El
ministro debía cumplir ese día con instrucciones recibidas
durante la reunión de gabinete, ampliada con dirigentes justicialistas,
llevada a cabo el 22 - el día anterior - en la Casa de Gobierno.
Las instruciones eran bien claras: debía requerir a los militares
que se pronunciasen respecto a si habría o no golpe de estado.
-
El gobierno era consciente - testimonia Deheza - que había
perdido toda autoridad ane la inminencia del golpe que se pregonaba.
Aquí
corresponde reflexionar sobre el grado de ingenuidad conque esas
gestiones se llevaban a cabo. Sólo pensar en el desairado
papel de un ministro, que va a preguntar a sus subordinados si se
van a sublevar o no, munido de una orden que ya circulaba por los
cuarteles con las instrucciones para el momento del golpe - firmada
por uno de los comandantes - era de suyo una acabada manifestación
de impotencia. Desde hacía noventa días los militares
producían hechos que, uno tras otro, denunciaban una clara
voluntad golpista.
El
24 de diciembre de 1975, en un
infrecuente mensaje de un militar al país, el general Jorge
Rafael Videla declamaba. "El Ejército Argentino,
con el justo derecho que le confiere la cuota de sangre generosamente
derramada por sus hijos héroes y mártires, reclama
con angustia, pero tambièn con firmeza una inmediata toma
de conciencia para definir posiciones. La inmoralidad y la corrupción
debe ser adecuadamente sancionadas. La especulación política,
económica e ideológica deben dejar de ser medios utilizados
por grupos de aventureros para lograr sus fines. Asi, no cejaremos
hasta el triunfo final y absoluto que será, a despecho de
insjutificadas impaciencias o intolerables resignaciones, el triunfo
del país".
Los
medios de difusión, simultáneamente, adjudicabana
a Videla el establecimiento de un plazo de 90 días para el
gobierno.
En
los primeros días de enero, los Comandantes hicieron llegar
a la Presidente un listado de sugerencias. Como remate, el último
párrafo define: "Si pese a los esfuerzos puestos
en la implementación de estas medidas, no se logran los resultados
deseados, se considera que la Presidente de la Nación, debe
facilitar a las Instituciones de la República, la apertura
de una nueva instancia polìtica, que pueda evitar males mayores".
Este documento tiene una importancia capital en el devenir
de los hechos y ciertas especulaciones lo sindican como de responsabilidad
de fuentes extranjeras - Logia P2-Henry Kissingger - la redacción
del mismo y la posterior tutela del golpe.
-
Los Comandantes esperan señor Ministro...- le anunció
su secretario al doctor Deheza. El Ministro consultó su reloj:
eran exactamente las 11 horas dela mañana.
-
Hágalos pasar - respondió.
Entraron
entonces el general Jorge Rafael Videla, el almirante
Emilio Massera y el brigadier Rafael Agosti.
Saludaron al Ministro e inmeditamente tomaron ubicación alrededor
de la mesa de trabajo.
Inició
las conversaciones Deheza enumerando las medidas tomadas recientemente
por el gobierno, de acuerdo al pliego de sugerencias que los Comandantes
le llevaron a la Presidente.
Entre
ellas se señalaban como destacadas, la asunción de
nuevas autoridades en le partido justicialista, encabezadas ahora
por Bittel; la homogenización del gabinete con la incorporación
del Ministro de Economía Emilio Mondelli y Miguel Unamuno
en la cartera de Trabajo; instruciones precisas al jefe de Inteligencia
del Estado - general Otto Paladino - para que sean investigados
los actos de corrupción, etc. Deheza escuchó desalentado
las palabras de Videla.
-
Consideramos sin sentido la apertura de una instancia política
distinta.
- Pero esto se dejó planteado en el último párrafo
- atinó a decir Deheza, aludiendo al documento entregado
a Isabel.
- Ya no hay margen para una salida institucional - insistió
Videla, para agregar:
- Doctor, el país se encuentra en una grave crisis que lo
tiene paralizado. Usted nos pide que disipemos la posibilidad de
un golpe, pero debemos admitir, para llegar a una solución,
que aquí juegan múltiples factores.
En
estos términos transcurrieron dos horas de reunión
y tres más, después de las siete de la tarde.
Deheza
llegó a proponer el adelantamiento de las elecciones y la
designación consensuada con las Fuerzas Armadas de un "candidato".
Alertó también sobre los peligros de un golpe para
la salud de la República y finalmente preguntó:
-
Señores ¿ustedes tienen previsto, sí o nó,
el golpe para la próximas horas, como lo anuncian los diarios
? - Deheza no aclaró al contar esto, si al recordar después
esta pregunta tan ingenua, no sintió el calor del rubor en
su rostro.
-
¡¡¡Esa es la pregunta del millón!!!- escuchó
que se burlaba Massera con una sonora carcajada.
- Doctor - quiso mitigar Videla el mal trago por el que acababa
de pasar el Ministro - quisiera que usted exponga sus argumentos
mañana a las doce en el comando, ante los Jefes de Cuerpo.-
Eran
las 22 y 10 cuando los Comandantes se retiraron del despacho del
Ministerio de Defensa.
Mientras
Deheza tansitaba los ciento cincuenta metros que
separaban su Ministerio de la Casa de Gobierno, pensaba en aquella
revelación que le hicieran los Comandantes:
-
En julio del año pasado, le ofrecimos a la señora
Presidenta toda la colaboración de las Fuerzas Armadas para
respaldar su gobierno, bajo ciertas condiciones...
- ¿Con quien hablaron? - preguntó Deheza.
- Con el señor Anibal Demarco - dijo Massera - pero nunca
nadie nos contestó nada...
- ¿Es cierto Ministro Demarco - pregunto esa noche Deheza
junto a la Presidenta.
- Sí, es cierto..- escuchó que contestaba Demarco.
-¿Y por qué no le transmitió esto a la Señora
? - insistió.
- Consideré que era una propuesta descabellada - sostuvo
el Ministro de Bienestar Social ante el asombro general.
Aníbal
Demarco había sido en ese tiempo presidente de Loterías
y Casino y reemplazaba en el Ministerio de Bienestar Social a Carlos
Emery. De esa reunión del 23 de marzo Deolindo Felipe Bittel
recordó:
-
"Llegó Demarco y tirando el diario La Razón hacia
el Ministro del Interior Ares, que justo estaba frente a él,
el dijo: "A ver cuando van a tomar medidas con la prensa sensacionalista..."
El diario decía en título a toda página: "ES
INMINENTE EL FINAL.TODO ESTA DICHO"
- "Me acuerdo - contó Bittel - que eran las veintidos
y cincuenta, porque minutos antes había llegado don Roberto
Ares para contarnos que estuvo cenando con el Jefe de la Policía
Federal, el general Albano Harguindeguy. "¿Qué
le dijo..?", le preguntamos todos. "Que sigamos conversando
- dijo Ares - que aquí no pasa nada".
-
"Antes que llegar Ares - cuenta Deheza - yo concluí
mi informe en la forma que me lo pidió la Presidenta. Puse
especial énfasis en que lo único que traía
de positivo era la continuación de las tratativas al día
siguiente (Deheza había tomado al pie de la letra la invitación
de circunstancia de Videla) por invitación del Jefe del Ejército.
Entonces el doctor Augusto saffores me pregunta: "Señor
Ministro ¿Usted cree en realidad que mañana seguirán
esas trativas ?". "No tengo el comando de una división
de tanques para aseguraralo, le contesté sin otro comentario".-
Mientras
esto ocurría en la reunión presidida por Isabel Perón,
un discreto informante le dice a Deheza que fuerzas de la Marina
estaban rodeando el Ministerio de Educación. Deheza le informa
de la misma manea a Arrighi y el titutlar de ese ministerio se levanta
para llamar por teléfono. Cinco minutos después vuelve
con la respuesta:
- Me comuniqué con mi Ministerio - le dice por lo bajo
a Deheza - y me atendió un oficial de Marina..."
- "Entonces es cierto...- se alarma Deheza.
- No - completa Arrighi - porque dice que sólo se trata de
una medida preventiva ante una amenaza de Montoneros".
Sin
dudas aquellos eran caballeros confiados.
Pocos
minutos después comienzan a abandonar todos la reunión.
Sintetizando: en ella escucharon al Ministro de Defensa que les
dijo que al día siguiente continuaría hablando con
los Comandantes; pior otra parte, el Jefe de Policía - Albano
Harguindeguy - los había tranquilizado por intermedio
de Ares: "Sigan conversando... no pasa nada",
fue el mensaje.
-
No hay golpe - declaró Bittel a los periodistas
al salir de la Casa de Gobierno, y todas las radios reprodujeron
sus declaraciones a partir de ese momento.
Un
fotógrafo tomaba fotos desde la vereda del Banco de la Nación
- frente a la Casa de Gobierno de Buenos Aires - y en ese momento
vió el helicóptero. Hizo foco en él y gatilló
varias veces utilizando un teleobjetivo. La ruta que el aparato
tomaba no coincidía con la ruta a Olivos.
Rafael
Luissi, jefe de la custodia personal de Isabel Perón advirtió
con preocupación que el helicóptero tomaba un rumbo
que no era habitual para el traslado de la Presidenta a la residencia
de Olivos.
Trató de serenarse y contempló con detenimiento, desde
su ventanilla, el paisaje que la penumbra de la medianoche pintaba
abajo, entre las sombras y los pequeños círculos de
luz de las lámparas del alumbrado.
El aparato evolucionó sobre la Casa de Gobierno cuando levantó
vuelo, como si el piloto estuviera eligiendo el rumbo.
Luego de un giro, enfiló hacia el Río de la Plata.
Luissi vió como sobrevolaban en ese momento el puerto de
Buenos Aires, internándose en el estuario.
Podía apreciar abajo algunos destellos provocados por el
movimiento del agua.
Ya no tuvo ninguna duda. Se levantó inmediatamente de su
asiento.
-
Señora - dijo a la Presidenta - algo pasa...el rumbo que
hemos tomado... no vamos hacia Olivos.
Isabel miró a su edecán militar y le ordenó:
- Averigüe qué pasa.-
El edecán se dirigió inmeditamente hacia los asientos
de los pilotos.
Isabel
había manifestado ante sus ministros en alguna oportunidad,
que consideraba el vuelo en helicóptero hasta Olivos, como
más seguro que su traslado en automóvil.
Si bien los pocos kilómetros que separaban la Casa de Gobierno
de la residencial presidencial de Olivos, podían ser transitados
en pocos minutos por la avenida que hacia el norte las unía
directamente, Isabel simpre temía que pudiera producirse
alguna emboscada en el camino.
Frente a la misma Casa de Gobierno, la avenida Paseo Colón
se transformaba en Leandro N. Alem, constituyendo una ancha via
de varios carriles que, a través de su prolongación,
figueroa Alcorta y luego Libertador, despejaba el tránsito
de la ciudad de Buenos Aires hacia la zona norte. Pasando la avenida
General Paz - que divide la Capital Federal con la Provincia - tas
pocos kilómetros se encuentra Olivos. Del nombre de la localidad,
asume también su identificación la residencia presidencial
que, rodeada de parques y jardines y limitada por muros con garitas
de custodia, se levanta con un estructura de tipo colonial.
Normalmente cumple las funciones de residencia permanente de los
Presidentes argentinos, aunque éstos también tienen
sus aposentos privados en la Casa de Gobierno de la ciudad de Buenos
Aires. En sus desplazamiento a ese lugar, Isabel Perón disponía
de una fuerte custodia de motociclistas. Desde su automóvil
podía podía contemplar los magníficos departamentos
que se alineaban ordenadamente, en majestuosas residencias de varios
pisos, a lo largo de la avenida. El ingreso a los bosque de Palermo,
antes de dejar la Capital Federal, le provocaba siempre a Isabel
un leve sobresalto.
Es ésta una de las zonas mas bellas de la capital argentina,
donde centenarios árboles bordean el camino y grandes espejos
de agua le otorgan al paisaje una frescura incomparable.
Allí, el habitante porteño podía descansar
de sus fatigas semanales, desarrollando actividades aeróbicas.
De noche, sin embargo, este paraíso podría transformarse
en una trampa, a favor de las sombras de los árboles y arbustos.
Isabel vivía la obsesión de un ataque terrorista o
el desenlace de una aventura militar.
Por eso prefería desplazarse en el helicóptero.
El
edecán militar se inclinó hacia la Presidenta:
- Señora - dijo - me informan los, pilotos que encontraron
una falla mecánica sin importancia, pero es necesario una
escala en Aeroparque.-
La Presidenta, sentada con el torso erguido, en una de sus características
poses de alerta, clavó sus ojos directamente en los del militar.
Este mantuvo la mirada y luego, ante el silencio de ella, con una
leve inclinación de cabeza, se retiró a su asiento.
Ahora estaba segura que algo ocurría.
No
sabía por qué. Nunca supo por qué, pero siempre
que algo iba a ocurrir, sentía en su piel extrañas
vibraciones. Así le ocurrió en Panamá el 23
de diciembre de 1955, en el Hotel Washington. Allí, ese día,
conoció a Juan Domingo Perón. Lo mismo sintió
tres años después cuando la turba enardecida salía
a la calle en Caracas, después el derrocamiento de Perez
Gimenez. Recuerda una tarde de enero, corriendo con un grupo de
argentinos hacia la embajada de la República Dominicana,
mientras a su lado pasaban hordas de desarrapados que se dedicaban
al pillaje. Desde el precario refugio de la casona de la embajada,
vió después como entraban en las casas vecinas y se
retiraban en medio de gritos e insultos, arrastrando cuanto hubieran
hallado a su paso. Puedo admirar entonces, otra vez, la presencia
de ánimo de Perón: entretuvo con historias de su vida
al grupo de asilados.
También recueda otro accidentado viaje aéreo, durante
el que experimentó lo mismo que ahora sentía. Fue
cuando iniciaron con el general, desde Ciudad Trujillo, el viaje
a España. Entonces, uno de los motores del viejo avión
de Varig se plantó sobre el océano. ¡Cuánto
tiempo había pasado desde aquellos días de enero de
1960!
El
helicóptero se posó suavemente en el sector militar
del aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires. El Jefe de la Base
Aérea invitó a Isabel a su despacho. Una vez allí,
el mismo oficial le notifica:
-
Señora: en nombre de las Fuerzas Armadas le comunico que
está usted detenida..-
Casi
diecisiete años después, en febrero de 1993, Isabel
Perón rompe en Buenos Aires un prolongado silencio y, entre
otras cosas, dice que a ella "nadie le había
avisado del golpe del 24 de marzo". Es poco creíble:
recuérdese los testimonios de Bittel, los informes del señor
Otto Paladino, las palabras del ministro Alberto Deheza y la crónica
del Diario Clarín del 24 de marzo de 1976.
En
la Casa de Gobierno, José Alberto Deheza conversaba con los
diputados Juan Labaké y Rodolfo Arce, cuando fue notificado
que el helicóptero que transportaba a Isabel Perón,
no había llegado a Olivos. Inmediatamente intentó
una comunicación con el general Videla, pero su ayudante
de campo le dijo que se encontraba en la Central de Operaciones.
Simultáneamente, un grupo de soldados al mando de un oficial
de la marina, irrumpió en la sala anunciando a los gritos,
que quedaban todos detenidos. Entre insultos ordenarn la formación
de dos filas.
-
Aquí los empleados - señaló un oficial con
una mano, mientras en la otra sostenía la metralleta - y
enfrente los funcionarios y políticos.
Mientras
todos tomaban posición, Rodolfo Arce, diputado nacional allí
presente, quedó petrificado en su lugar. Dueño de
un notable sentido del humor, Arce, al escuchar a Deheza pocos momentos
antes, le había dicho:
-
Negocie, doctor...negocie. Es mejor tener el 1 por ciento del todo
que el cien por ciento de nada.-
Las
risas de ese momento habían pasado. Ahora el grueso cuerpo
del diputado estaba solo, en medio de las dos filas formadas por
la orden del militar.
-
¿Y usted que hace? - le preguntó el oficial.
Rápido, Arce le respondió:
-Yo no soy empleado, ni funcionario ni político... soy médico
y vine porque me llamaron de urgencia. Me quiere decir ¿donde
me pongo?-concluyó.
- Váyase- le ordenó el marino.
Voluminoso y pachorriento en forma habitual, salió sin embargo
inusualmente veloz y solo volvió la vista cuando se encontró
respirando el aire libre de Plaza de Mayo.
Al
Diputado Labaké, tras ser identificado, también se
le permitió retirarse. En esos momentos se estaban termiando
de imprimir los diarios. Clarín, un matutino de gran tiraje,
tituló la edición del 24 de marzo:ANUNCIAN
LA DECISION CASTRENSE A LA PRESIDENTE. Consignaba que "según
fuentes fidedignas, los Comandantes Generales había expuesto
a Deheza la decisión irreversible de las Fuerzas Armadas
de hacerse cargo del gobierno". Destaca que Deolindo Felipe
Bittel dijo a los periodistas "todo va bien", al salir
a la 0.30 hs. de la reunión. Por otra parte, Lorenzo Miguel
- según el mismo diario - expresó que "vamos
a seguir conversando mañana, todo anda bien, no hay golpe
ni ultimatum, volveremos a reunirnos mañana". Clarín
completa el informe señalando que un comunicado de la Secretaría
de Prensa daba cuenta de las reuniones del día, destacando
que la Jefe de Estado había "recibido información
sobre la situación institucional".
En
el Ministerio de Trabajo no quedó nadie al tomarse conocimiento
del golpe. Cuarenta y ocho horas después, Miguel Unamuno
fue detenido en su domicilio del barrio de Flores. Deolindo Felipe
Bittel intentó volver a su provincia, pero mientras esperaba
un avión de línea en aeroparque - acompañado
de amigos - fue apresado por personal civil de las fuerzas de seguridad.
Comenzó así, en todo el país, una
cacería humana que había sido planificada varios meses
antes, con la meticulosidad de una operación de guerra.
Algunos años después, Juan Lábake, escribió
un libro sobre estos hechos titulado "Carta a los no peronistas".
Decía en un párrafo: "El 24 de marzo
de 1976, a la hora en que la mayoría de los argentinos dormían,
a nosotros nos derrocaba un golpe militar. No fue un derrocamiento
glorioso ni romántico. Ni siquiera emocionante. No hubo heroísmo
en ninguno de los bandos. Ni resistencia alguna".
La
democracia fue eliminada de la manera mas cruel: con una machetazo
que pretendía destruir un nudo gordiano. Debieron transcurrir
siete años, en una lenta, bíblica, marcha en el desierto.
Luego, nada fue igual para Argentina.
FIN DEL CAPITULO
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