Valfierno
cuenta un espectacular caso real de delito internacional, protagonizado
por un argentino en 1911. El delito, por cierto, fue en sí
mismo una obra de arte del ingenio más sofisticado y
tuvo como punto de partida el robo de La Gioconda, el cuadro
más famoso del Museo del Louvre.
Martín Caparrós despliega el caso en una novela
de aventuras y en el retrato de un hombre extraordinario. El
protagonista, hijo de una sirvienta, se construye con sucesivas
máscaras, se mezcla con la sociedad a la que no pertenece,
en la Argentina de la Belle Époque y luego en París,
y se transforma en "Valfierno". Su vida marginal,
su desesperada búsqueda a tientas de una identidad, su
florecimiento como estafador y falso marqués se cristalizan
en el escandaloso golpe maestro.
Valfierno no sólo es la narración magistral de
una increíble historia sino que también es una
reflexión sobre la identidad, sobre el valor de la falsificación
y de la verdad.
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Capítulo
2
A
FUEGO LENTO
Fue un golpe
prolijo y sin sorpresas, ejecutado a la hora señalada. No
más allá de lo aconsejado por el diputado cordobés,
aficionado a la astrología y miembro del Grupo de Trabajo,
que asesoraba a los comandantes en temas esotéricos. También
fue vocero de los golpistas.
En realidad, en 1976 no se derrocó un Presidente porque fuera
un obstáculo. El 24 de marzo se tiró abajo el sistema
democrático que representaba, con el funcionamiento del Congreso
y de la nueva dirigencia del partido justicialista, una infranqueable
barrera para las necesidades de aquellos hombres de las Fuerzas
Armadas, que veían en el avance del populismo por un lado
y la guerrilla de izquierda por otro, una amenaza cierta.
No había en el horizonte quien pudiera manejar el Poder Ejecutivo
dándole al accionar del gobierno la coherencia y la fuerza
para llevar adelante las decisiones.
Obligados a resignar la posición de José López
Rega por la presión de distintos sectores intermedios, no
hubo un reemplazante para poner en orden las tareas de gobierno.
"La
verdad - confiesa una fuente militar - luego de la salida de López
rega, el caos dominó en torno a Isabel".
Así fue como la Presidenta se sumió en un período
de introspección que la mantuvo prácticamente aislada
de su gabinete ministerial. Esta fue la etapa donde pudieron afianzar
su influencia como consejeros los hombres que respondían
a Julio González, como D´Attoli, Cornejo, Galán,
Lastiri, Vázquez - su médico personal - y Demarco.
Todos ellos estuvieron vinculados a José López Rega.
Esta mini corte tuvo la tarea de reemplazarlo al ex ministro de
Bienestar Social, al punto que modificaron incluso las costumbres
de Isabel en Olivos. Cuando todavía estaba López Rega,
sólo él acompañaaba a Isabel en el chalet principal.
A los dos solo lo acompañaban como sirvientes un matrimonio
que también hacían las veces de peluqueros. En los
traslados en automovil, era López Rega quien acompañaba
a la señora y en su ausencia, el lugar lo ocupaba el doctor
Pedro Eladio Vázquez. En realidad, cuando el dirigente Casildo
Herrea califica de "entorno" a la mini corte que seguía
a Isabel, solo toma una expresión inventada por monseñor
Pio Laghi, que de esta manea se refería a los discípulos
de López Rega. El dirigente del grmeio metalúrgico
Lorenzo Miguel, logra introducir una cuña en es grupo cuando
la salud de la Presidenta se deteriora visiblemente: reemplaza a
Pedro Eladio vázquez por aldo Calviño, un cirujano
que cumplía funciones en la obra social de la Unión
Obrera Metalúrgica. Al trabajo de éste se debió
la notable mejoría que experimentara Isabel en los meses
previos al golpe. Hay quienes aseguran que el fracaso de Isabel
se debió únicamente a la imposibilidad de conseguir
colaboradores para llevar adelante las decisiones de su gobierno.
Su posición ideológica no era cuestionada por los
golpistas, dado que la influencia de López Rega, unida a
la presión que ejercían ciertas figuras de la Iglesia,
la aproximaba notablemente a los intereses de los integrantes de
la junta militar.
Una anécdota relatada por uno de sus edecanes pinta bastante
bien el caracter que animaba a la ex presidenta:
"En
una oportunidad, estando en Chapadmalal (lugar de descanso de los
presidente argentinos en la zona atlántica), me comunican
que en Tucumán hubo un enfrentamiento de fuerzas leales con
subversivos y me dicen que como resultado muere un teniente, un
sargento y cuatro terroristas. En ese momento la contemplé
tomando sol y se me ocurrió que era una mujer frágil,
por lo que me costó darle el parte militar. Al fin me sobrepuse,
pero cuando le transmití los hechos, contrariamente a lo
que yo pensaba en el sentido de que se iba a consternar, me pidió
precisiones. Después de recibirlas me dijo: "Mire...
si es así, la guerra la vamos a ganar nosotros, porque acá
salimos victoriosos cuatro a dos y como somos más, el triunfo
final es nuestro...", y se quedó tranquilamente descansando
al sol. Si lo vemos en un análisis militar, ella tenía
razón. Esto me hizo comprender que era, más allá
de su condición de mujer, una persona de gran coraje y valor.
Ahora, si estaba preparada para gobernar, yo diría que los
hechos elocuentemente dicen que nó". (Testimonio del
Cap. de Navío (RE) Carlos Aurelio Martínez)
Sin
embargo, este razonamiento de Isabel Perón tiene mucho que
ver con el pensamiento del mismo Emilio Massera. En alguna oportunidad,
en un discurso, éste señaló conceptualmente
lo mismo: "Lucharemos no hasta la muerte - dijo - sino aún
más allá de la muerte. Lucharemos hasta la victoria".
Curiosa similitud que, como una ironía, emparentaba posiciones
encontradas: algunos grupos revolucionarios habían adoptado
como slogan estas mismas palabras, pero tomada de expresiones de
Ernesto "Che" Guevara: "Hasta la victoria, siempre".
Para algunos se trataba de un proceso de simbiosis que, en la práctica,
fusionó a grupos de ideologías distintas.
Volviendo a las palabras de Isabel, éstas fueron siempre
la garantía, respecto a su posición ideológica,
ante los militares; aunque todos coincidían en despreciar
sus aptitudes de dirigente.
Por
otra parte, ni el intento de Luder y Robledo de desplazar a Isabel
después de un viaje a la localidad de Asochinga, en la provincia
de Córdoba, que le habìa recomendado para descansar;
ni la implementación del juicio de inhabilidad - al cual
se dice adhiere finalmente Luder - eran garantías reales
del manejo de la crisis y se comprometía la independencia
de acción para manejar el aparato de represión y la
puerta en marcha de un programa económico en sintonía
con las necesidades planteadas por quienes apoyaban del exterior.
Para una evaluación de del tema hay que analizar la deuda
extena recibida por el gobierno golpista después del 24 de
marzo y lo que esto significó, posteriormente, con una hipoteca
ilevantable que comprometió la independencia argentina.
La
renuncia de Isabel Perón hubiera sido conducente para los
intereses golpistas, sólo si se hubiera aprobado la ley de
acefalía, que el propio Ejecutivo enviara al Congreso. Este
proyecto fue rechazado y en su lugar se votó otro, el 8 de
julio de 1975, que no preveía el relevo de la Presidenta
por un reemplazante no electo por el pueblo, como especificaba el
original. Ese mismo día, también en el Senado, se
eligió presidente provisional del mismo a Italo Luder. Posteriormente,
el 26 de febrero de 1976, también es rechazado el juicio
político a la Presidenta con la adhesión inesperada
de los miembros del Grupo de Trabajo. Quedaba cerrada así,
de hecho, la posibilidad constitucional que hubiera complicado los
planes militares. El 8 de julio el denominado Grupo de Trabajo aún
no existía. Fue organizado el 10 de diciembre. El interrogante
es: ¿Qué hubiera pasado si prosperaba el proyecto
de ley de acefalía del Ejecutivo antes del 8 de julio ? Teniendo
en cuenta la presencia entonces de José López Rega,
era clara la intención de la sucesión de Isabel por
un hombre vinculado al Ministro de Bienestar Social o por el mismo
Rega. Aprobado después un proyecto distinto e instrumetnado
el orden de sucesión, la salida de Isabel ya no tenía
sentido, pero ¿por qué el Grupo de Trabajo se pliega,
pese a la posición de enfrentamiento que tenía con
Isabel, al rechazo del juicio político ? Tres días
antes, vale decir el 23 de febrero, militares de alta graduación
reciben instrucción de comenzar el estudio de las distintas
carteras ministeriales. Evidentemente el golpe superaba ya el terreno
de la acción sicológica para actuar directamente en
el corazón de las instituciones de la democracia.
Así, se comprende la respuesta de Videla a Deheza el día
23 de marzo cuando le advierte que ya no hay tiempo para cambios
institucionales, tal como ellos mismos lo reclamaban. Los interrogantes
eran: ¿Quién reemplazaba a Isabel? ¿Se podría
disolver el Congreso, habida cuenta que éste ya era inmanejable
aún para el mismo partido justicialista? Por otra parte,
¿cuál sería la reacción de los otros
partidos y cómo manejar tal situación?.
Los últimos tres meses del gobierno constitucional se vieron
signados a partir del promocionado plazo de noventa días
de Videla, por una intensa campaña de acción sicológica
generada en los laboratorios de inteligencia y magnificadas por
el accionar de los partidos, sin excepciones. A esto se sumaba la
prédica golpista de los veintiocho diputados del Grupo de
Trabajo, entre cuyos integrantes figuraban los voceros del sector
militar.
De esta manera se origina una desembozada carrera de acercamiento
a los cuarteles con pretensiones y autopostulaciones. Ricardo De
Luca, por caso, un diputado obrero, hacía alarde de su futuro
nombramiento como Ministro de Trabajo. Otros, comenzaban ya a asociarse
desembozadamente con el golpe. Con posterioridad al 24 de marzo,
muchos fueron dejados de lado y alguno habló de la ingratitud
de los militares. Tampoco los partidos políticos aportaron
mayormente una volutand opositora, gastando en todo los casos una
retórica vacía y con reiterativa moralina. Como excepción
se levantaron algunas voces: Carlos Saúl Menem - entonces
gobernador de La Rioja, hizo publicar una solicitada con su pensamiento
sobre el momento y - en la otra punta del espectro político
de entonces - el dirigente Alvaro Alsogaray exortó a "no
apresurarse con el golpe". La Iglesia, en cambio, se negó
a efectuar una convocatoria multisectorial para tratar la crisis,
alegando Monseñor Tortolo que ella "no está para
eso."
Horas
antes del golpe, las 62 Organizaciones ponían en blanco y
negro la situación. La Mesa Nacional emitió un comunicado
sosteniendo que "el país asiste absorto a una de las
más curiosas campañas de promoción golpista
(...). Realista y premonitorio, este documento alumbra, sin embargo,
cuando ya los dados estaban en el aire.
En un almuerzo que comparte con otro dirigente, Lorenzo Miguel reconoce
que la inminencia del golpe es tal, que sólo falta ajustar
el minuto. Años después él y sus allegados,
se ocuparon en hacer saber que el dirigente metalúrgico "había
rechazado un puente de plata", que los golpistas le ofrecieron
para abandonar el país. Tal vez ocurrió así.
Otros dirigentes no desaprovecharon el convite.
En
definitiva, ni los partidos llamaron a resistir el golpe, ni la
CGT movilizó a los trabajadores, ni los sindicatos sabotearon
luego al nuevo gobierno. Sólo Luz y Fuerza, algunos meses
después, hizo una demostración de repudio. En los
primeros días de 1977 el Secretario General del gremio, Oscar
Smith, integró la lista de desaparecidos. La pasividad con
que fue recibido el golpe está bien reflejada en este relato,
hecho por un miembro del "entorno" de Isabel:
"Desde
la Casa de Gobierno, cuando teníamos ese atisbo de golpe
de estado, con los diputados Contesti y Montenegro entre otros,
comenzamos a convocar a Plaza de Mayo en especial a los gremios
y sindicatos. Cuando fuimos detenidos llegamos a la triste comprobación
de nuestro fracaso en el intento, porque sólo un grupo de
mujeres fue a apoyarnos con sus gritos. Convocamos al pueblo a Plaza
de Mayo y respondieron sólo las mujeres. No sé si
fué por operaciones de inteligencia o contrainteligencia
o por miedo, pero no hubo apoyo al gobierno con la excusa de un
supuesto desgaste". (Testimonio de Pedro D´Attoli)
Isabel
Perón estuvo mientras tanto en Villa La Angostura, un paradisíaco
paraje del sur argentino, custodiada por gendarmes. Fue trasladad
luego a la base de Azul, donde el entonces almirante Emilio Massera
se preocupó por asegurarle los mejores detalles de confort
y comodidad; y luego pasó a habitar la quinta de San Vicente,
propiedad de su fallecido esposo Juan Perón.
Estuvo detenida por más de cuatro años. En Madrid,
lugar que eligió para vivir y adonde fue llevada a las pocas
horas derecuperar su libertad, continuó sus relaciones con
los hombres uniformados. Los políticos tuvieron poca suerte,
aún los de su partido: Isabel consideraba cumplida su misión.
En Buenos Aires, esa madrugada del
24 fueron pocos los sorprendidos. El gabinete en pleno pensó
que a las palabras se las lleva el viento. Algunos no comprendían
cómo un General de la Nación, educado para la rectitud
y el honor, pudo haber engañado al Ministro de Defensa José
Alberto Deheza. Otros todavía se interrogaban el por qué
de la negativa del gobierno para elegir lo que se acababa de confirmar.
"Sabíamos
del golpe, pero no podíamos admitirlo por razones de estrategia,
fuera de un círculo que integrábamos la Presidenta,
el Dr. Julio González y yo", argumentó años
después el que fuera mininstro de Defensa Alberto Deheza.
El
que estaba mucho más allá era el Ministro de Interior
Roberto Ares, quien luego de transmitir el mensaje del Jefe de Policía
General Albano Harguindeguy que decía que "aquí
no pasa nada", se retiró para refugiarse en la frescura
de su dormitorio. Allí, somnoliento, escuchó por teléfono
la noticia del golpe. Nunca se sabrá que grado de inquietud
le produjo.
Así, a fuego lento, fue cocinado el tercer gobierno peronista.
En el puerto de Buenos Aires, en tanto, estaba preparada una escuadra
perteneciente a la Armada Argentina que se aprestaba a recibir en
sus buques a un grupo de seleccionadas personas. El operativo militar
que encuadró la emergencia, recibió el nombre de "ARA
PARANA". En total fueron cuarenta y tres aquellos que, en la
madrugada del 24 de marzo, iniciaron un viaje de particulares características.
Como una ironía de la historia o una consecuencia maquiavélica,
años después, una gran parte de ellos volvería
al gobierno o integraría la primera línea del poder,
incluyendo la Presidencia de la Nación Argentina.
FIN
DEL CAPITULO
OTROS TITULOS
El
autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en comunicación,
de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación
histórica, habiendo publicado hasta la fecha mas de
200 monografías con diversos temas de esta disciplina
y economía, en diferentes medios de varios países.
La primera edición de Pasajeros
de la Historia se publicó en Buenos
Aires en 1993.
Actualmente el autor se desempeña como consultor de
empresas en comunicaciones, al frente de su estudio, en toda
el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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