La
memoria de los días es un libro de recuerdos. María
Esther Vázquez habla como testigo de la mitad del siglo
xx y evoca rostros, pasiones, vidas y obras de artistas y
escritores como Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo
Bioy Casares, Manuel Mujica Lainez, Eduardo Mallea, Silvina
Bullrich, Sara Gallardo, Héctor A. Murena, Alberto
Girri y Eduardo Gudiño Kieffer, entre otros. "Cuento
-dice la autora- momentos de los que se fueron, cómo
los vi, lo que hacían y decían. Recuerdo con
agradecimiento y afecto; en especial, recuerdo con alegría.
Y lo hago antes de que las imágenes, abandonadas a
su ceniza, se diluyan en el polvo." Estas páginas
llenas de sagacidad, ironía y encanto ofrecen una fascinante
galería de retratos desde una óptica personal
y entrañable, al tiempo que constituyen un valioso
documento sobre un mundo a la vez cercano y lejano, único,
acaso irrepetible.
LIBROS
RECOMENDADOS
Capítulo
4
LOS
INVITADOS DE MASSERA
Se
despertó, como todos los días, minutos antes de que
los golpes en la puerta de su camarote le indicara el comienzo de
la jornada.
Tomó la frazada que se había corrido y se cubrió
hasta el mentón. Pensó que había cambiado la
temperatura, mientras en un ovillo acomodaba su cuerpo. Trató
de escuchar los sonidos que todas las mañanas le sonaban
familiares, pero ese día parecían diferentes. Abrió
entonces los ojos y percibió una claridad extraña:
rápido se tiró de la cucheta manoteando las persianas
del ojo de buey. Divisó a lo lejos una línea formada
por una línea sinuosa que supuso eran árboles. El
agua del río se estaba tiñiendo con el color del amanecer.
Algo subió entonces desde su estómago y con gran esfuerzo
se pudo contener. Le vinieron a la mente aquellas historias de desaparecidos
en el medio del río de La Plata, con una piedra atada a los
tobillos. Miró las dos cuchetas del camarote y en ese momento
sintió toda la soledad del mundo. Tomó el jarro de
metal del lavatorio y comenzó a golpear suavemente las paredes.
Lejos se multiplicaron las respuestas. Eso lo tranuilizó
un poco: No esstaba solo.
"Yo
regresaba de cenar con mi señora. Era el 26 de marzo. Cuando
iba a entrar a mi casa, un chalecito en Mar del Plata, veo los coches...Al
entrar le pido que acueste al nene y a los pocos minutos siento
uno golpes en la puerta, como si quisieran voltearla. Abro y entran
a los empujones: eran de la policía y el ejército.
Me esposan y, a los gritos, preguntan donde están las armas,revolviendo
toda la casa, tirando muebles y vaciando los cajones. Cuando van
hacia la habitación de mi hijo me zafo y me pongo frente
a ellos, delante de la puerta, pidiéndoles que no entren:
"Yo no soy un delincuente - les digo - mi hijo no me va a ver
esposado...". Interviene un mayor del ejército y frena
al taquero ordenando: "No entre, Romero no tiene armas".
Entonces le señalo un revolvito diciéndole que es
lo único que tengo. Era un calibre 32. El tipo se lo puso
en la cintura y me dijo:"Romero, usted va a salir pronto. Yo
este revolver no se lo voy a denunciar, cuando salga véngamelo
a buscar...".
"Me metieron en un coche, me tuvieron dos días y después
me pusieron en un Guaraní, encapuchado y esposado. Que yo
sé que ea un Guaraní porque los conocía y,
además, porque escuchaba la conversación de los pilotos
que hablaban de lo fenómeno que era el aparato. Aterrizamos
y de golpe sentí un silencio total, pero poco a poco siento
al lado mío una respiración, y entonces preguno:"¿Quien
está acá...quien sos?."Dardo Cabo",. "Dardito...",,
le digo, porque yo lo conocía desde que nació, y entonces
me pregunta: "Y vos quien sos". "Lesio", porque
yo lo conocía desde que nació, y entonces me pregunta:"¿Donde
te cargaron?" "A mi me cargaron en Sierra Chica, y seguro
que a vos te cargaron en Mar del Plata, porque yo escuchaba que
iban a Mar del Plata a cambiar a alguien", me dice. Bueno,
varias horas estuvimos así. Hasta que siento que me levantan
y me llevan y me tiran... y me ponen algo encima que parece que
fuera una lona. Me pisan varias veces y escucho una sirena permanentemente,
mientras se desplaza aquello donde estoy, que me imagino es un camión.
No
sé adonde me llevaron, pero al final me sientan en una silla,
y una voz, que aunque viva mil años la voy a reconocer donde
la escuche, comienza a preguntarme: "¿Donde está
Lorenzo Miguel? ¿Donde está Lorenzo Miguel? ¿Donde
esta Lorenzo Miguel?" ... Y yo no sabía, porque la últitma
vez que lo ví a Miguel fue el viernes 19 y después
viajé a Entre Rios. Pero me siguen interrogando, "peronista
pelotudo, vas a decir donde está tu jefe..." Pero para
entonces ya eran varios... y aquella voz que le digo remata: "Peronista
hijo de punta...". "Peronista sí, pero hijo de
puta no"., les contesto. ¡ Para que...! Me pegaron de
todos los costados y fuí a parar a la mierda". (Testimonio
de Lesio Romero).
Lorenzo
Miguel se retiró la madrugada del 24 de la reunión,
donde se estaba informando, con Miguel Unamuno y luego de que la
misma se levantara en Casa de Gobierno. En tanto, en el Ministerio
de Trabajo, se encontraban los dirigentes Carlos Gallo, Roberto
García, Jorge Triaca, Rogelio Roldán, Amadeo Genta,
Alberto Campos, Maximiliano Castillo, Juan Minichilo, Paulino Niembro
y Osvaldo Papaleo, entre otros. Comentaron después que se
retiraron del Ministerio cantando la Marcha Peronista. Es de suponer
que los tanques en la calle les habrá aconsejado un tono
de media voz.
Habiendo hecho tres cuadras, Lorenzo Miguel cambió de vehículo
y se dirigió a un departamento. Algunos sostienen que esto
estaba planeado por Miguel desde un principio. Anoticiado del golpe,
esperaba esconderse para luego evaluar el curso de los acontecimientos
y actuar en consecuencia. También el hombre de negocio, vinculado
con el peronismo, Carlos Spadone cuenta que puso un departamento
suyo a disposición de Miguel. El dirigente había sido
buscado intensamente por los golpistas poco antes del desenlace.
El dirigente Armando Cavallieri había intermediado paa llevarle
un mensaje de los Comandantes. El vicario castrensa hizo lo propio.
Miguel, conocedor del paño, rechazó el encuentro con
los militares y aceptó el propuesto por monseñor Tortolo.
De lo que trataron nadie fue testigo. Después, ya detenido
y en el barco, recibe el saludo del representante de la Iglesia
dándole la mano y sosteniendo:
- Yo
soy Lorenzo Miguel .
Extraño saludo para quiens sabían que pocos días
antes se habían encontrado y seguramente analizaron la situación
cuyas consecuencias se estaban viviendo.
"Me llevan a una celda ya todo cagado y meado encima. Siempre
encapuchado. Al otro día me sacan, me trasladan a otra habitación
y allí me acuestan. Me sacan los zapatos y las medias. Sentí
que me ponía algo metálico, frio, en el dedo gordo
de cada pie. Entonces comienzan de nuevo a preguntar y preguntar.
Yo siempre contestaba lo mismo. Me hablan también de una
solicitada que yo había publicado unos días antes.
Quise explicarles que lo que decía esa solicitada era lo
que yo pensaba en ese momento. Yo le digo con franqueza, incluso
con el temor que cualquier ser humano sentiría en ese momento,
yo les decía la verdad. En un momento dado, el tipo de lavoz
inconfudible me levanta de los pelos y me grita en la cara: "Mirá
hijo de mil putas, vas a decir donde está Lorenzo o de acá
no salís con vida...". Les conteste: "No sé
donde está Lorenzo...¿quieren que les mienta?".
Y luego de esto...BUMMM, la descarga eléctrica. La sensación
es que a usted lo tiran al techo, pega y baja... horrible. Ve, aún
hoy...casi no lo puedo contar.Así me tuvieron tres días"(Testimonio
de Lorenzo Miguel).
Mientra
narra estas peripecias de su cautiverio, Lesio Romero casi no puede
contenerse. Tiembla y se le humedecen los ojos.Continúa con
el relato mediante una gran fuerza de voluntad
"Así
me tuvieron tres días. Luego supe que fueron tres días
porque ahí perdés la noción del tiempo. Perdí
todo contacto con la realidad. Solamente recuerdo que en un momento,
la voz inconfudible dijo: "Mirá, o este es un gran hijo
de puta o realmente es un pelotudo".. ...Y me dejaron de dar.(Testimonio
de Lesio Romero).
Según
cuenta Romero, después de eso lo introdujeron en un auto
Torino (Sé que era un Torino porque en la parte de atrás
tenía la cañonera inconfudible) y lo transportaron
a un lugar en el que se escuchaba gran movimiento y ruidos de motores
de auto y zumbido de aviones. Dedujo que se encontraba en las proximidades
del Bario de Palermo, muy próximo al aeroparque. Todavía
encapuchado, siente cerca suyo una presencia humana e inmediatamente
una exclamación:"Che... que olor a mierda que tenés...".
Dice que cree que era un soldadito de alguna guardia y aprovechó
para pedirle agua. "No - la negativa fue terminante - a vos
te picanearon, te va a hacer mal...pero por ahí me cagan
a mí. Esta respuesta y la presunción de Lesio Romero
permite suponer que muchos de los soldados que realizaron el servicio
militar en la época de la dictadura, fueron testigos obligados
de muchas cosas. Nadie se animó nunca a declarar.
Lesio
Romero, en su relato, continúa explicando que entró
entonces un grupo y alcanzó a escuchar:"A este llévenselo
con esta documentación. Entrenguenlo al capitán de
navío Pesado".
"Me
meten de nuevo en el Torino y yo, mire, con los ojos cerrados, adiviné
el recorrido: me sacan la capucha y leo: BAHIA AGUIRRE. Me sueltan
y caigo al suelo como un pelele. Tenía todos los músculos
dormidos. Me levantan dos tipos de la Policía Federal a quiens
le veo la cara y uno de ellos me dice: "Mirá, yo soy
compañero, fui custodio de Otero, pero te advierto que acá
está toda la pesada de Montoneros, ERP,...". La cosa
es que me llevan en andas, se abren un montón de puertas,
yo sin capucha, y me tiran en un salón inmenso. Las puertas
estaban enrejadas, como cárcel. De frente a la pared, con
las piernas abiertas y sosteniéndose con los brazos levantados
se encontraba un grupo de chicos y chicas. Estaban custodiados por
dos grandotes con ametralladoras; uno de ellos se me acercó
y me pegó una patada: "Y vos, de que orga sos"
, me preguntó. Mientras tanto, yo, en ese momento le pedía
a Dios que me lleve, se lo juro.Me volvió a preguntar y vuelta
a patearme. Como a la tercera patada me avivo y le digo:"Soy
dirigente gremial". Ahí consultaron, me levantaron porque
yo no podía ni moverme, me sientan fuera del salón.
Viene un tipo y me dice:"Con usted hubo un error, tiene que
ir al otro barco. Vamos a esperar que sea de noche y lo trasladamos.
¿Necesita algo?" "Si, le digo,bañarme".Me
dieron ropa limpia y dejé la mia que estaba dura de mierda.
A la noche me trasladaron al "ARA Ciudad de la Plata"
(Testimonio de Lesio Romero).
Se abrió la puerta del camarote. Todavía tenía
en la mano el jarro de metal con el que se había tratado
de comunicar con los otros presos. Sentía en los pies desnudos
la frialdad del piso. Frente a él se encontraba un guardia
con un fusil ametralladora.
-Prepare
sus cosas - le dijo.
Sintió
una sensación de alivio que le cubría el cuerpo. Sin
embargo no estaba tranquilo.
Mientras
tanto, en el sector que se encontraba frente a su celda, cruzando
el angosto pasillo, los prisioneros de los camarotes celdas que
hasta la noche anterior había divisado el apostadero, contemplaban
ahora por el ojo de buey un amanecer que se reflejaba en las aguas
del Río dela Plata. Muy cerca estaba otro buque. Ansiosos
estaban allí Diego Ibañez, Osvaldo Papaleo, Jorge
Taiana, Manuel Scotto Rosende, Carlos Saúl Menem, Pedro Eladio
Vázquez, Julio González, Marcos Codrón, Lorenzo
Miguel, Rafael Cichelo, Juan Carlos Chol, Julio Yessi, Eduardo Farías,
Luis Caballero, José Stupenengo, Duilio Brunello y José
Deheza.
-¿Qué
ocurre?- le preguntó al guardia.
-Hoy cambian de barco - fue la respuesta.
Rápidamente
sacó la pequeña valija y comenzó a ordenar
sus cosas. Escuchó los ruídos de los camarotes celdas
vecinos. En ese sector se encontraban Carlos Gallo, Jorgge Vázquez,
Rogelio Papagno, Raúl Lastiri, Leandro Salato, Adalberto
Wimer, Jorge Triaca, Abel Cuchetti, Norma López Rega, Antonio
Cafiero, Miguel Angel Davicco, Pedro D´Áttoli, Javier
Cornejo, Juan Labaké, José Gomez Albornoz, Lesio Romero,
Rafael Luissi, Beatriz Galán y Miguel Unamuno.
Todos ellos, con pequeñas diferencias, llevaban dos meses
de cautiverio en el ARA Ciudad de la Plata.
"El Ciudad de la Plata era un barco en el que estábamos
todo el día encerrados". (Testimonio de José
Stupenengo).
"No teníamos comodidades. Estábamos encerrados
en el camarote. Para ir al baño debíamos golpear la
puerta, venían y nos abrían y nos acompañaban;
hacíamos nuestras necesiades y volvíamos al camarote.
El camarote ese era un cubículo de dos metros de largo y
aproximadamente uno veinte de ancho. Había dos cuchetas,
una sobre otra, que tenían de ancho cincuenta o sesenta centímetros
y quedaban entonces unos escasos sesenta centímetros para
caminar. Ahí teníamos además un pequeño
placard y un lavatorio donde apenas se podía lavar los dientes
y la cara. El baño era sólo para necesidades fisiológicas
y para bañarnos una vez por día cuando nos daban tres
minutos, como en el servicio militar".(Testimonio de Juan Labaké).
"El régimen era duro. Nos despertaban a la mañana...
nos golpeaban la puerta del camarote. Teníamos que areglarlo
todo, asearlo como pudiéramos. Lavarnos. Pasábamos
al baño de a uno. Había solo dos: uno de hombre y
otro par mujeres. Como las mujeres creo sólo eran dos, se
formaba una larga cola en el nuestro. Cuando terminaba esta parte
de la rutina, íbamos a tomar un mate cocido con un pan y
allí permanecíamos unos quince minutos. En ese tiempo
teníamos oportunidad de conversar entre nosotros. De ahí
volvíamos al camarote y alternatívamente limpíabamos
el pasillo. Nosotros estábamos en un primer piso todo enrejado.
En el primer subsuelo o en la bodega, había un montón
de detenidos encapuchados. Los veíamos ir al baño
siempre con capucha; seguramente eran subversivos o catalogados
como subversivos. No sabíamos el régimen que tenían,
pero debía ser mas duro que el nuestro. Las horas no terminaban
nunca porque no teníamos con quien hablar. A las doce en
punto nos daban veinte minutos para almorzar. Algunos camarotes
tenían dos y otros un solo detenido. Yo un tiempo estuve
con Luis Caballero, después se enfermó y estuve solo.
Al lado de mi camarote estaba el de Julio Yessi que compartía
con el ex diputado Farias. Después del almuerzo nos devolvían
al camarote hasta las cuatro de la tarde. A esa hora nos sacaban
de nuevo a tomar un matecocido con pan y la cena se servía
a las siete de la tarde. Los primeros días la vigilancia
fué muy estricta, no nos dejaban hacer nada. Al personal
naval debíamos tratar de "señor" porque
no conocíamos los grados ni sabíamos quienes eran."(Testimonio
de José Stupenengo).
La mañana era fría y el sol se mostraba de a ratos
en un cielo algo nublado. Junto al ARA Ciudad de La Plata se situó
otro barco y en todo el perímetro que podía abarcar
la vista, solo podía verse agua. Los treinta y seis prisioneros
formaban una larga fila. Esperó que le avisaran para incorporarse
también él a los detenidos que iban a cambiar de prisión.
Detrás de la puerta del camarote y filtrándose por
las paredes, escuchaba un murmullo de voces. Podía distinguir
a cada uno de ellos sin mucho esfuerzo, aunque ninguno nunca lo
había visto a él. Recibía las cuatro comidas
diarias en su lugar y era llevado encapuchado al baño, en
el horario que los ocupantes de los oros camarotes celdas no pudieran
verlo. Los primeros días creyó que se volvería
loco. Nada le aterrorizaba más que la soledad. Poco a poco
fue estableciendo una suerte de comunicación cone el resto,
pero nunca se dió a conocer. Fue adivinando el movimiento
de todos, al punto de reconocerlos por la voz o la forma de caminar
al ir al baño. Con él solo tenìa una pequeña
valija de cartón con un pantalón, dos camisas, un
calzoncillo y un par de zapatos. Vestía la ropa que le dieron
el primer día que llegó al barco: un buzo, un pantalón
de fajina de la marina y zapatillas blancas. Sabía que el
resto tenía otros elementos.
- ¿
Quien sos ? -
No podía responder a esa pregunta.
- ¿ Donde te levantaron ?-
No contesta.
- ¿ Cuando te trajeron ? -
Silencio.
Estas preguntas se repetían casi todos los días, en
un murmullo, después de un golpe suave a la puerta de su
camarote. Al mediodía, a la tarde, a la noche. Siempre que
pasaban al comedor alguien, confundiendo la voz con la pisada de
sus compañeros, le interrogaba.
"Había
un camarote ocupado y no sabíamos por quien. Creíamos
que se trataba de un compañero del Comando de Organización
de La Pampa. (Testimonio de Carlos Gallo).
A medida
que pasaron los días fueron desapareciendo las preguntas.
Pudo además de vislumbrar algunas cosas por una pequeña
fisura del ojo de buey tabicado. Así, adivinaba la mañana
por la claridad del amanecer. Luego, el ruído de pasos le
anunciaba la visita al comedor para el desayuno. Entonces, también
él recibía su taza de mate y la galleta que le acompañaba.
Sabía de la proximidad de la hora del almuerzo porque, exactamente,
cinco minutos antescorría el agua en el lavatoriodel camarote
vecino. Se enteró después que allí estaba Pedro
Arrighi; pero lo trasladaron porque enfermó. Con el tiempo,
las otras comidas las fue presintiendo por la rutina que le marcaba
su organismo. Alguien le pasaba cigarillos. Supo identificar los
domingos porque ese día la comida venía acompañada
por un vaso de vino.
"Yo
pensé que se trataba de Julio Guillán, pero mucho
tiempo después me enteré que Guillán estuvo
detenido en otro lado."(Testimonio de Lesio Romero).
A veces,
a la tardecita, escuchaba un rumor de voces que le hacía
recordar su infancia. Entonces dejaba el barco, la prisión
y las miserias de su condición de detenido. Sentado en el
camastro, con la espalda apoyada en la pared, cerraba los ojos y
juntaba las manos. Y se veía en la parroquia junto a su madre
rezando el rosario...
- "Dios te salve María..."
...aspirando olores de plaza de pueblo...
-"...llena eres de gracia..."
de pan casero y leche derramada,-
-"... bendita tu eres..."
de pasto mojado y de canela.
Se dejaba ir flotando hacia la luz infinita de un sol imaginario
para ver desde arriba un barco chiquito...chiquito. Supo que el
rumor de esas voces venía de los primeros camarotes celdas.
"Carlos Saúl Menem rezaba el rosario todos los días,
acompañado por Jorge Vázquez. No todos estaban de
acuerdo con esa actitud, a la que calificaban de oportunista"(Testimonio
coincidente de los entrevistados).
"Nos llevaron al puerto con gran ostentación de armas.
Conmigo estaban Manuel Scotto Rosende, Beatríz Galán
y Pedro D´Áttoli. Desde dos carrier´s nos iluminaban
con potentes faros mientras nos apuntaban con ametralladoras pesadas.
Nosotros éramos solamente cuatro civiles. Fue tal mi furia
que protesté señalando que era un abuso, y otras cosas
más. Solicité hablar con el jefe del operativo y se
presenta un oficial de la Marina que me hace el saludo militar y
me pide disculpa. "Si yo sabía que usted iba a ser detenido,
yo no me hacía cargo de este operativo", me dijo. Porque
este señor había sido ayudante mío hasta el
día anterior y yo lo había despedido y le había
obsequiado un portafolio. Cuando entramos al barco me quisieron
hacer firmar un papel y lo rechacé. Denuncié que en
mi despacho del Ministerio de Defensa había quedado mi portafolio
con la llave y la combinación de la caja fuerte, que contenía
quinientos mil dólares. Por suerte, este hombre que fue mi
ayudante, se hizo cargo de la situación. Realizó un
arqueo y no faltó un centavo.(Testimonio de José A.
Deheza).
Deheza
fue el Ministro que se reunió por última vez con los
comandantes, por orden de Isabel Perón. En su informe, la
noche del día 23, señaló que no habría
golpe de estado. No se comprende entonces el por qué de la
despedida de su ayudante el mismo día que estuvo con los
jefes militares, y su regalo de un portafolio.
La Armada Argentina destacó en el atracadero del puerto de
Buenos Aires, dos buques prisión para contener en ellos a
los prisioneros que tomaban directamente los integrantes de esa
fuerza, y aquellos que Ejército y Aeronáutica les
enviaban.Cada uno cumplía funciones bien diferenciadas. El
primero, denominado Bahía Aguirre, era un buque que se utilizó
para trasladar invitados especiales al sur, en promoción
de la actividad militar en el mar.
"Cuando ví el Bahía Aguirre, pensé en
las ironías del destino. Hacía pocos meses atrás
había participado como diputado de la Nación en un
viaje al sur, porganizado por la Marina"(Testimonio de Carlos
Gallo).
Los barcos había sido prolijamente acondicionados para su
nuevo destino. Este operativo, sin dudas, no se realiza de un día
para otro: requiere un tiempo de estudio y realización de
los trabajos que denota el tiempo con el que fue planificado el
golpe, por lo menos por parte de la Armada Argentina.
"Lo que me impresionó fueron los barrotes y cerrojos
que pude ver en el Bahía Aguirre. Recuerdo que me llamó
la atención la solidez de los candados. Los contemplé
fascinado y ví una leyenda en ellos que me quedó grabada:
"Made in Brazil". (Testimonio de José A. Deheza).
En
un comienzo, todos los prisioneros eran llevados a este buque y
luego se les asignaba otro destino.
"Escuché
como cerraban la puerta del camarote con gran estrépito de
cerrojos, como si hubieran cazado a un animal de extrema peligrosidad.
Era humillante y me sentía herido en mi condición
humana"(Testimonio de Juan Labaké).
Sin
embargo, allí quedarían solo aquellos prisioneros
sospechados de vinculación con los grupos guerrilleros. Cuando
certificaban la condición del detenido, si no reunía
las características que los represores consideraban propia
de guerrilleros, era trasladado a otro lugar. En el caso concreto
del Operativo ARA Paraná, ese otro lugar era el buque ARA
Ciudad de La Plata, que estaba amarrado a pocos metros del Bahía
Aguirre.
"Me
sentaron en la pasarela del barco y me trajeron un sandwich de pollo
así de grande en pan felipe, con tomate y lechuga y Coca
Cola, que yo tomé desesperado. Hasta hoy lo recuerdo porque
con sólo ver una botella de coca empiezo a eructar. Cuando
llegó la noche me trasladaron al Ciudad de La Plata sin esposas,
en un automovil. En ese barco el trato fue distinto... vino blanco,
vino tinto, hasta régimen para no engordar hacíamos
algunos. Y esto tiene una explicación: fue un plan de Massera,
que enganchó a varios... un montón salieron para jugar
para Massera... un montón!!!"(Testimonio de Lesio Romero).
¿Quienes
fueron los que salieron y trabajaron luego políticamente
para Emilio Massera? De entre los detenidos, dieciseis años
después, varios integraron un gobierno encabezado por Carlos
Saúl Menem que estuvo en el poder por diez años.Emilio
Massera, comandante de la Marina Argentina, y uno de los integrantes
del triunvirato militar que acababa de derrocar a la Presidenta
constitucional de la República, Isabel Perón, movía
sus piezas para construir un polo político que le acercara
a sus manos el gobierno del país.
El Negro o Almirante Cero, como se lo conocía en el submundo
de los interrogatorios, estaba fuertemente motivado por ambiciones
personales. Todos sabían que su meta era la Presidencia de
la República.
- ¡Qué lástima que se equivocó - decía
Perón cuando hablaba de las ambiciones de Massera - éste
en vez de tomar el tren para Campo de Mayo (sede de la Escuela de
Oficiales del Ejército Argentino), enfiló para Río
Santiago (lugar de Liceo Naval).-
Obviamente, el general se refería a que nunca un marino había
podido alcanzar la más alta magistratura del país.
En realidad esto era relativamente cierto, puesto que el contraalmirante
Alberto Teisaire logró reemplazar a Perón en ciertas
oportunidades: claro que entonces éste era vicepresidente
del lider del justicialismo.
Sin embargo, Perón mismo había disparado el mecanismo
que impulsó el tramo final de la carrera de Massera:
- Lo
voy a poner al frente de la Marina porque los muchachos me lo piden
- les dijo un día Perón en la residencia de la calle
Gaspar Campos, en Vicente López, a Lesio Romero, Lorenzo
Miguel y Ramón Elorza. "Los muchachos" que se lo
pedían eran dirigentes gremiales. Algunos de ellos se contaban
entre los interlocutores de ese momento. La mayoría fueron
sus huéspedes durante el cautiverio, después del golpe
militar. La decisión de Perón implicó el sacrificio
de la carrera de un número importante de oficiales, mas antiguos
que Massera. Dicen que Lorenzo Miguel después se lamentó
de haber aconsejado de tal forma a Perón. En su fuero íntimo,
sin embargo, no dejaría de recordar la veladas familiares
en las que Massera bailaba animadamente con su esposa Elena en su
casa.
Antonio
Cafiero vió como Lesio Romero salía del camarote y
rápidamente se corría hacia la puerta de su celda.
Norma Kenedy también se sorprendió con aquella actitud
realizada a espaldas del guardia.
"Lorenzo
aparece a los pocos días. Yo estaba en la anteúltima
celda y al lado tenía una vacía. Hacía varios
días que me encontraba detenido y me había hecho canchero
con los movimientos rutinarios. Fue entonces que sentí unos
quejidos feos que venían de allí, del camarote que
había estado vacío, y entonces me arriesgo y pido
permiso para ir al baño. A la vuelta, en un descuido del
guardia, me meto en el camarote de al lado.Allí estaba Lorenzo
Miguel hecho un piltrafa. Creo que serían mas o menos la
dos de la mañana. Me quedé con él hasta que
escuché que llamaban para el desayuno. Entonces salí
y me coloqué en mi puerta, frente al camarote de Antonio
Cafiero. Lorenzo Miguel estaba desfigurado por los golpes".(Testimonio
de Lesio Romero).
Poco
a poco el ARA Ciudad de la Plata fue completando su pasaje.
"Estaba
en el Aeroparque con un grupo de amigos, esperando que se reanuden
los vuelos de cabotaje, cuando se presenta un señor y me
pregunta "¿Usted no es Bittel?" "Si",
le digo. "Ahh..,dice, entonces me va a tener que acompañar",
y me muestra una credencial. ¡Así me detuvieron!"
(Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).
Deolindo
Felipe Bittel era, hasta el 24 de marzo, vicepresidente 1º
del Partido Justicialista, y gobernador de la Provincia de Chaco.
"Me
llevan al atracadero naval y me meten en un barco que no sé
como se llamaba. Veo en ese momento a una señora que estaba
haciendo declaraciones. Se trataba de Norma López Rega. Conmigo
realizan el mismo procedimiento, me llevan a un camarote, ceo que
era el 109. Más o menos a las 13 me buscan y me llevan al
comedor. Eso fue como a los tres días. Me encuentro con un
grupo en donde estaban todos: Lastirri, Deheza, labaké...Me
sorprendió porque me preguntan si quiero tomar vino tinto
o blanco. Tinto, les contesté. A la noche se repitió
lo mismo. Tuve la oportunidad de conversar con Deheza y Labaké.
Después, mas o menos a las diez y media de la noche, vienen
de nuevo a buscarme y me dicen: "Traiga sus cosas". Agarro
la valijita y me llevan al Aeroparque, me embarcan en un avión
y en Resistencia quedo detenido en mi domicilio. De la valijita
faltaba una pistolita calibre 22, que me había regalado un
amigo. Pero creo que esto se lo quedó el tipo que me detuvo
en el Aeroparque...".(Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).
El avión Guaraní comenzó su aproximación
al Aeropuerto Internacional de Resistencia, mientras la tripulación
mantenía contacto con la torre de control. Alternativamente
se escuchaba las frases del piloto y las respuestas del aparato,
con las interferencias características. Era una hermosa mañana.
Pensó en el calor que estaría haciendo y no se sorprendió
cuando escuchó: 24 grados.
- ¿Cuánto?
- preguntó inclinándose hacia adelante.
Nadie le contestó
- Está bien... - se dijo para sí mismo y volvió
a sus pensamientos.
Se reclinó en la butaca y miró por la ventanilla.
Pensó en todas las oportunidades en que debió cumplir
con un trámite parecido. También el 16 de septiembre
de 1955 el golpe lo había tomado en Buenos Aires. era vicegobernador
entonces. Al volver al Chaco tuvo que hacerse cargo, porque habían
renunciado desde el gobenador,hasta el jefe de policía. Entregó
el gobierno el 21 de septiembre y fue preso siete meses.
El golpe de Onganía lo sorprendió como gobernador.
Nuevamente debió resignar el cargo ante un militar. Sonríe
ante un recuerdo travieso: el japonés Yoshio Tereda, dueño
del Bar La Estrella, punto de reunión de políticos,
bohemios y desocupados, le había dicho entonces:
- Ahora
peronistas van a tomar ginebra de nuevo... se acabó la buena
vida... se acabó el whisky - Bittel y sus funcionarios y
amigos lo escucharon entre risueños y melancólicos,
al volver de la Casa de Gobierno.
La tercera es la vencida - piensa - mirando el edificio nuevo del
aeropuerto, mientras aterriza el Guaraní. Es el viernes 26
de marzo. Sentía curiosidad por saber que pasaría
con él en las próximas horas. El gobierno de su provincia
ya había sido entregado a los militares, horas después
del golpe.
"Cuando
llegué me condujeron a la Casa de Gobierno donde tuve una
larga charla con un coronel de apellido Zucconi, que fue quien se
hizo cargo de la intervención. Luego retiré mis cosas
personales de mi despacho y me transportaron a mi casa, en calidad
de detenido en domicilio"(Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).
Vivía
a pocas cuadras de la gobernación, frente al Fogón
de los Arrieros, en el centro de Resistencia. Los primeros días
fue apostada una guardia permanente compuesta por soldados, en la
puerta de su casa. Después fue reemplazada por una guardia
mas discreta. Comenzó a recibir visitas de compañeros
que querían saludarlo y se dedicó a escribir a otros,
transmitiéndoles sus impresiones de aquello que se estaba
viviendo. Intentó comunicarse con Isabel Perón sin
resultados. En oportunidad de una visita de Harguindeguy, entonces
Ministro de Interior del regimen de facto, le solicitó autorización
para viajar y visitarla en la residencia El Mesidor, en Neuquén.
No obtuvo respuesta. Mientras estuvo detenido debió atender
la defensa de un par de juicios que el gobierno le inició,
por el manejo de fondos de una cuenta de la provincia.
- Venimos
a ver que piensa hacer -
La pregunta provenía de uno de los integrantes de un grupo
formado por cuatro hombres que lo visitaba. A dos de ellos lo identificó
de inmediato: uno se llamaba Marcial López y el otro José
Luis Lingeri, del sindicato de Obras Sanitarias. Luego se dió
cuenta que también a los otros dos los había visto
en reuniones gremiales.
- Soy el vicepresidente del partido - les dijo - y pienso asumir
mi responsabilidad. Sólo me falta dinero, porque vivo de
una jubilación modesta. -
- Por eso no se haga problema - le dijo Lingeri entregándole
un portafolio negro - ahí hay diez millones, elija el hotel
que quiera y haga lo que tiene que hacer... -
"Fuí,
me compré un pasaje en avión, llegué a Buenos
Aires y me instalé primero en el Savoy, y después
les dije que me buscaran una cosa más modesta. Ahí
se movió el gremio del vidrio de Carabobo e Independencia.
Yo con Alfonso Millán y con los muchachos que estaban con
él, tengo una deuda de gratitud porque...es decir, yo creo
que ellos no me sirvieron a mí...ellos sirvieron al movimiento
y me ayudaron a mó porque era la cabeza, tenía la
responsabilidad de la conducción. Así fue como me
instalé en el Hotel Atlantic, que queda en Castelli 45..."
(Testimonio de Deolindo Felipe Bittel)."
Mientras tanto el día 25 a la madrugada, en el barrio de
Flores, detienen a Miguel Unamuno.
"El
día 25 conocí al nuevo intendente de la Ciudad de
Buenos Aires, un general Crespi. Me pidió que siguiera en
el cargo de Jefe de Prensa y Difusión de la Municipalidad,
pero yo presenté mi renuncia y no me la aceptan. A los pocos
días, caminando por la calle, un comando a las órdenes
de un tal prefecto Lobos me detiene, me encapucha y al poco tiempo
me encuentro arriba de un barco" (Testimonio de José
Stupenengo).
Stupenengo,
ex Secretario de Prensa y Difusión de la Presidencia de la
Nación, se suma así a la población del Ciudad
de La Plata.
"Yo
me fuí del Ministerio de Trabajo a la casa de un amigo. Dejé
mi coche en una playa de estacionamiento, ceré con llave
y pagué por quince días y le dí la llave a
mi hermano. Supe que esa madrugada me buscaron en mi casa, en la
casa de mi madre...fueron a distintos lugares para detenerme. La
experiencia de estas cosas me indicaban que debía esperar
que se calmara un poco todo. Cuando pasaron tres o cuatro días
me presenté al Congreso y entregué la llave de la
banca y la chapa de legislador y ahí nomás me detuvieron.
Me llevaron a Coordinación Federal, donde pasé todo
el día y a las cinco y media de la mañana, un día
de lluvia, me llevan al barco". (Testimonio de Carlos Gallo).
En
realidad el testimonio de Gallo es curioso porque, de ser los hechos
tal como él los relata, peca de una ingenuidad rayana en
lo temeario. Al mismo tiempo, devolver la chapa de legislador a
autoridades "de facto", no hace sino convalidar el golpe.
De todas maneras, más de una actitud de esta naturaleza marcaron
los diferentes criterios con que era apreciada la situación
por la dirigencia política. Al quinto día del golpe,
aterriza en el Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires un avión
Guaraní transportando detenido al gobernador de La Rioja,
Carlos Saúl Menem.
"A
las dos de la madrugada del 24, el doctor Agüero Iturbe, ministro
de Gobierno de mi provincia, me avisa que los militares se habían
hecho cargo del gobierno y que estaban en la residencia para detenerme.
Allí estaba el teniente coronel Malagamba, con más
de un centenar de hombres. Le pedí que me dejara despedir
de mis hijos y se negó. Estuve detenido cuatro días
en dependencias del Ejército de La Rioja"(Del Libro
"Menem, Argentina hacia el año 2000" de Gustavo
Beliz).
Este
testimonio de Menem, no aclara donde se encontraba él cuando
el doctor Iturbe le avisa que los militares se habían hecho
cargo del gobierno de su provincia. En realidad, Carlos Saúl
Menem tuvo siempre una reacción esquiva para testimoniar
sobre este período de su vida política. De todas maneras,
así, metódicamente, con el rigor de una operación
militar concebida y planificada durante largo tiempo, los dirigentes
y funcionarios, conjuntamente con representantes populares, fueron
capturados uno a uno, después del 24 de marzo de 1976. Con
más o menos despliegue de fuerza; con las características
que cada responsable de aquellas detensiones le otorgaba a la tarea
a su cargo; con la impronta de la simpatía o antipatía
que cada jefe militar sentía por el peronismo, uno a uno
estos eventos fueron cumplidos de similar forma. La Fuerza Aérea,
sin embargo, tuvo el extraño privilegio de tener a su cargo
dos operativos que, por la personalidad de los detenidos, marcaron
actitudes de resentimiento y venganza política o personales.
En una de ellas, luego de un análisis de la lista de pasajeros,
es detenido en Ezeiza cuando intenta huir, el diputado Eduardo Farías.
Integraba el autodenominado Grupo de Trabajo de la Cámara
de Diputados. Este sector se había proclamado como un bloque
disidente, que no respondía ni al partido Justicialista ni
a directivas del gobierno. En él, Farías se destacaba
con otros dos: Sobrino Aranda y Palacio Deheza. Esta troica era
intérprete permanente del pensamiento militar. Cuando se
presenta el momento del golpe, todos buscaron salir del país.
Obviamente, contaban con los contactos necesarios para trabajar
en el exterior. Sin embargo, algo falló con respecto a Farías.
Para su desgracia, la estación aérea era comandada
por un oficial que se había sentido molesto por reiterados
desplantes del diputado, haciendo valer sus fueros y privilegios.
Enterado que integraba el pasaje, hizo detener el avión que
ya carretaba, bajó al frustrado viajero a punta de pistola
y lo sometió a un trato denigrante que incluyó un
simulacro de fusilamiento. Según testimonian quienes lo vieron
cuando llegó al barco, las condiciones de higiene que mostraba
eran deplorables.
El otro suceso lo tuvo Carlos Saúl Menem como protagonista.
El gobernador de La Rioja también fue agredido por el Jefe
del Aeroparque, comodoro Ataliva Fernández. El aviador militar
recibió a Menem en la estación aéra con los
insultos más agraviantes. Mientras, el preso era custodiado
por un contingente de soldados fuertemente armado que lo acompañó
desde su provincia. En esas circunstancias, un capitán catamarqueño
que integraba el pelotón, advirtió al gobernador que
no respondiera. Esta actitud pasiva le previno un desagradable desenlace
al incidente.
- ¿Y
de dónde es usted?
Parado
con las piernas abiertas, una mano en el bolsillo y la otra castigándose
suavemente con su gorra con las insignias de la aeronáutica,
el oficial lo miraba con los ojos entrecerrados. El advirtió
inmediatamente en la sonrisa canchera, la intención sobradora
de la pregunta. Eligió con cuidado las palabras y, con tono
respetuoso, le contestó:
- Yo
soy, señor, de Anillaco -
- Gran señor de mierda habían tenido en Anillaco...-
El
insulto le estalló en el rostro, directo, brutal como un
salivazo. Sintió la sangre en sus mejillas, un temblor le
recorrió el cuerpo y apretó los puños. Logró
controlarse mientres el otro lo miraba, disfrutando con su reacción.
Había aprovechado la confusión gramatical generada
por la tonada provinciana, que al acentuar pronunciádamente
las palabras, disimulaba las pausas de las comas. Giró el
rostro pálido, enmarcado por las patillas oscuras; miró
la ventana y vió el movimiento de aviones del Aeroparque."No
sabe lo que dice", contestó despacio. "No sabe
que voy a ser Presidente", pensó; y la imagen que generaba
esta convicción le trajo a su mente la paz del conocimiento
revelado. Ese conocimiento que le daba la certeza de los iluminados.
Tan cierto e inmutable como la cantidad de curvas de la Cuesta del
Huaco, allá en La Rioja.
- ¿Como
sabís ? - le preguntaron.
- Ahhh..., y pórque lai contau - respondía.-
- Nuéciertoo..-lo toreaban sus hermanos con la duda en una
frase apretada, pronunciada hacia adentro.
- Si digo que la chancha es negra es pórque lei visto el
pelo -remataba definitivo, inapelable, con la contundencia del dicho
aquel aprendido de los puesteros riojanos, saltando los postes del
corral junto al río seco de arena y piedras, ayudando a encerrar
las mulas y el burro..-
- Topaaa...topaaa -imitaba a los criollos, mientras sentía
en el aire el olor al pasto cortado a guadañazos, corriendo
las vacas y las crías...
- Topaa... vacaaaa...- ...apilando la alfalfa con la horquilla.
Todo eso sabía con la seguridad de aquellas montañas
que siempre estaban y estarían allí, casi en el patio
de su casa grande, un poco más allá de la galería
larga, sostenida con los horcones de troncos de algarrobo, que confundían
sus colores con la hora del día; rojas, marrones y moradas
por la mañana; azul oscuro, como las tormentas, por las tardecitas.
No tenía dudas que sería Presidente, sólo faltaba
descifrar el cómo, el cuándo. Mientras tanto venían
a su mente ecos, gritos y canciones..."por las lomitas peladas,
preso y cautivo me tráido tu amor"...¡preso y
cautivo! ¡cómo no saben que voy a ser Presidente! Y
vagaba por Los Sauces mirando el agua serena del dique y los álamos
rectos de a dos, junto a las casas blancas, abajo, y el río
Huaco corriendo entre piedras lavadas y empujándose en vueltas
y revueltas,para parecer chiquito como una cinta de plata brillando
al sol, mientras él desandaba, allá arriba en el Cerro
del Velazco, las doscientas y pico de curvas de la Cuesta del Huaco,
y volvía allí, a pararse frente al oficial irrespetuoso:
- Soy
Carlos Menem, gobernador de La Rioja, le dijo con firmeza, como
quien declara su grado, luego de ser tomado prisionero.
Pese
al estado público de los preparativos del golpe militar,
hubo protagonistas que volvían al país desde destinos
mas seguros. Antonio Cafiero, representante argentino ante la Santa
Sede después de abandonar el cargo de Ministro de Economía,
fue uno de ellos. Desde Roma habló por teléfono con
Emilio Massera:
- ¿Qué
pasa conmigo ? - le preguntó.
- Volvé tranquilo - fue la respuesta.
Cuando
llegó a Ezeiza lo esperaban. Apenas bajó del avión
fue introducido a un auto y llevado detenido. El 23 de abril se
sobresaltó al leer en Clarín un título que
decía: "Impartieron la orden de captura contra Cafiero".
Era buscado en Mendoza mientras estaba detenido en el barco.
El
doctor Jorge Taiana, ex Ministro de Educación, volvió
también a Buenos Aires en los últimos días
del año 1975 y pese a recibir advertencias de amigos, resolvió
quedarse en el país porque, entre otros motivos, un hijo
suyo se encontraba detenido en la cárcel de Caseros. Había
salido del país el 26 de septiembre de 1974, amenazado por
la AAA.
Raúl
Lastiri, diputado y ex Presidente interino de la Nación,
volvió también de Montevideo adonde había viajado.
En este caso Lastiri confesó a quienes compartían
con él la prisión en el buque, que su regreso fue
arreglado por su amistad con Massera. Obviamente, muchos - si no
todos - podían considerarse bajo protección de la
Armada en esa prisión.
También
volvió al país, pocas horas antes del golpe, el empresario
Jorge Antonio. Este hombre de negocios tuvo acceso al círculo
más íntimo de Juan Domingo Perón, durante los
gobiernos primeros del jefe del Justicialismo. En torno a su figura
giró siempre un halo de misterio, por su actitud reservada
y sus contactos financieros internacionales. Precisamente, la polìtica
económica peronista impulsó su carrera meteórica
a la cima del poder en Argentina.
"Al
llegar a Devoto, atado con alambres a otros presos, me dieron una
paliza y perdí todos los dientes"(Testimonio de Jorge
Vázquez)
Durante el gobierno del Dr. Héctor Cámpora, Jorge
Vázquez se desempeñó como subsecretario de
Relaciones Exteriores, siendo canciller Juan Carlos Puig. La política
del doctor Cámpora se caracterizó, en lo internacional,
por establecer una línea de acercamiento hacia los regímenes
de izquierda del continente. En el contexto de esa política,
Jorge Vázquez solicita en Lima, el 21 de junio de 1973 durante
una reunión de la OEA, la reincorporación de Cuba
al organismo internacional regional. El Presidente de Cuba, Dorticos,
había asistito el 25 de mayo a la toma de posesión
del nuevo gobierno argentino. La caída de Cámpora
significó en la práctica un avance de la derecha peronista.
Lastiri lo reemplaza y cambia a Puig por Alberto Vignes en la cancillería,
en tanto Vázquez se retira a trabajar en la actividad privada.
El
día del golpe me buscan con cuatro camiones militares, me
hicieron un simulacro de fusilamiento ante mis hijos y me llevaron
trece días a Coordinación Federal (Una dependencia
de la Policía Federal). Allí me encontraron tabicado,
gracias a que pude hacer llegar un mensaje a mi familia con la intermediación
de un sargento amigo. Después que me encontraron pasé
a Devoto"(Testimonio de Jorge Vázquez).
"Le
faltaban todos los dientes. Por eso le pusimos de sobrenombre Kid
Devoto, como a los peleadores de boxeo".(Testimonio de Pedro
D´Attoli).
Según
Vázquez, en Devoto se encontró con otros compañeros
que también estaban detenidos, como Grassi Sussini, Julio
Guillán y los profesionales del Hospital Posadas, que - como
consecuencia de una serie de reclamos que plantearon - fueron declarados
subversivos y apresados. Vázquez fue de los últimos
en incorporarse al pasaje del crucero preparado por la Armada. Con
Pedro D´Attoli y Javier Cornejo Solá integró
el grupo más joven del "33 Orientales".
La
primavera de 1979 se empezaba a instalar en Buenos Aires. En los
primeros días de septiembre llegaron los miembros de la Comisión
Internacional de Derechos Humanos de la OEA, después de prolongadas
y trabadas negociaciones con representantes del gobierno militar.
"El
que hizo traer a la Comisión fuí yo, porque el Secretario
Ejecutivo, el chileno Edmundo Vargas Carreño, es mi compadre,
padrino de uno de mis hijos. Los militares no querían que
la comisión visitara Córdoba porque hacia llí
estaban trasladando desaparecidos. Ahí, en un pabellón
de la cárcel de mujeres, en medio de un silencio provocado
por las internas, escucharon ruidos detrás de una pared.
Allí se encontraba gente que había sido tabicada.
(Testimonio de Jorge Vázquez)
La
Comisión fue recibida el 7 de septiembre por Videla y la
Junta Militar, y posteriormente dialogaron con Lanusse y las autoridades
de los partidos Radical, Justicialista e Intransigente. También
lo hace con Lorenzo Miguel. Este dirigente le hace notar a la Comisión
que el Movimiento Obrero debe lamentar la muerte, a manos del terrorismo,
de Augusto Timoteo Vandor y José Rucci.
En
esa circunstancia, algunos pensaron que la elaboración y
entrega de un documento que presentara la real dimensión
de los Derechos Humanos en la Argentina, contribuiría al
esclarecimiento mundial de la situación del país,
en manos de la dictadura. La idea surgió en el estudio jurídico
de Vicente Saadi, dirigente catamarqueño de relevancia nacional.
Sería entregado a la Comisión en nombre del Partido
Justicialista. Cuentan testigos de ese momento que Deolindo F. Bittel
había señalado: "Si no decimos nada ahora, no
vamos a poder mirar a los ojos a nuestros hijos...". A su lado,
se dice, Vicente Saadi asentía entrecerrando lo ojos, como
era su costumbre. La expresión achinada de don Vicente remarcaba
su astucia política.
"Antes
que venga la Comisión me vino a ver a mi casa Edgardo Paz
Barnica, que fuera canciller de Honduras. Lo acompañaba un
colombiano. En esa reunión areglamos los detalles. El documento
ya estaba escrito. Lo hice yo con mi mujer en San Isidro. Solo faltaba
pasarlo a máquina, porque fue redactado en birome azul y
roja: la tinta se había acabado. Nadie más tuvo que
ver. Se quiso alivianar el contenido y me negué. El original
quedó en la caja fuerte de la agencia France Press".
(Testimonio de Jorge Vázquez).
Sobre
el particular, hay otra versión.
"Nosotros
ante de la llegada de la Comisión habíamos hecho reuniones
con una mutipartidaria que nunca se proclamó como tal, pero
que nos reuníamos en forma periódica... lo habíamos
hecho por primera vez en la Federación Argentina de Petroleros
del Estado, donde estuvieron Ricardo Balbín, Oscar Alende
y otra gente... . Yo estaba un poco impresionado por la actitud
de la izquierda, que decían iban a realizar virulentas declaraciones
contra el gobierno. Tampo quise quedar descolocado. El primer documento
no nos gustó. No estaba mal redactado pero no era lo suficientemente
fuerte como para ser un impacto... para conmover a la opinión
pública. Ahí es cuando interviene Jorge Vázquez,
Alberto Iribarne, y en definitiva, la última parte de la
redacción, el pulimento final, lo hicimos con Carlos Grosso.
El me sugiría, por ejemplo, mire... aquí dice esto,
es medio fuerte... podemos decir lo mismo con otras palabras. Yo,
después de eso, no dormí en el hotel por unos días.
Me quedé hasta terminar el documento, entregarlo, y luego...me
fuí". (Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).
Por
su parte, otro activo participante de ese momento señala:
"Alrededor
de Bittel había un grupo de ex legisladores; dentro de él
se encontrba Miguel Unamuno, que había sido el último
ministro de Trabajo, y Vicente Saadi... En el 79 mismo o un poquito
mas adelante, se incorpora para trabajar activamente Armando Caro,
que había sido senador. También estaba Oraldo Britos,
por nombrar sólo algunos. Se acerca también Jorge
Vázquez, que es realmente el principal autor deñ documento
que se le entrega a la Comisión Iternacional de Derechos
Humanos de la OEA. El es el que hace el grueso del documento que,
después, a pedido de Bittel, tiene unas correcciones formales
y algún agregado que yo hago, y lo pasamos a máquina,
porque en ese momento todo era muy casero... (Testimonio de Alberto
Iribarne).
Sin
embargo, la versión que reproducimos a continuación
introduce una alternativa nueva sobre este trabajo del cual Jorge
Taiana, preso en Magdalena, dijo: "fue una inyección
de sangre caliente para los presos que languidecían en las
cárceles"
"Recuerdo
que en la reunión en que se trató el tema, Saadi se
inclinó hacia nosotros y dijo que hacía falta un papelito.
Salimos entonces de allí con Jorge Vázquez, pregutándonos
donde íbamos a hacer un papelito. -
- Vamos a casa de Mario Cámpora - dijimos.
Mario vivía en la calle Guido al 1600. Muy eufóricos
le explicamos de qué se trataba y él, escéptico,
dudaba que se fuera a presentar algo a la Comisión. Esto
tenía su justificación, porque estaba pasando por
un momento especial, con su tio exiliado en la embajada de México
y con poca solidadad del partido. De cualquier manera lo convencimos.
Llegamos a las ocho de la noche y comimos. Estábamos Vazquez,
Cámpora, yo y la mujer de Mario. A la una de la mañana
nos pusimos a trabajar. Todos teníamos un compromiso personal
con el tema: Vázquez acababa de salir en libertad, yo tenía
a mi marido exiliado, Cámpora tenía a su tio sin poder
salir de la embajada mexicana... Finalmente Mario agarró
la máquina y comenzó a escribir. Creo que en definitiva
tenía el documento casi hecho "in mente". Lo empezó
a escribir de corrido y casi no nos dejó intervenir. Cuando
sacó el documento lo corregimos. Ahí hubo una frase,
la que habla del "exilio interior" que la agrega Jorge
Vázquez. Me acuerdo porque cuando el documento toma estado
público, fue una frase muy citada. Volvimos a pasar el escrito
y recuerdo que Mario se embaló y abandonó toda reserva
y Vázquez se servía wisky´s uno tras otro y
caminaba... mientras la mujer de Mario nos preparaba café.
Terminamos a las cinco de la mañana y ahí decidimos
no mencionar para nada la intervención de Mario Cámpora,
porque podía resular irritativo...(Testimonio de Nilda Garré).
El
justicialismo, como Perón lo decía, es como una bolsa
de la que pueden sacarse las sorpresas mas inesperadas. Este incidente
lo confirma: si Bittel tenía temores por la reacción
de la izquierda, el documento fue preparado por representantes de
esta ideología que pertenecían al Partido Justicialista.
Por otro lado, junto a la de Bittel, el escrito fue refrendado por
el dirigente Herminio Iglesias, un representante cabal del sector
de la derecha del mismo justicialismo.
- ¿Sabe
por qué lo hice venir ? Porque si yo hubiera sido un juez
de la Capital, esto no tendría la trascendencia que ha tenido.
Yo quiero ser Presidente de la República, y con esto salto
a la popularidad y constituyo mi primer base polìtica...
Bittel no podía creer lo que escuchaba. El juez Pinto Kramer
le estaba confesando sus razones para citarlo a declarar - por la
presentación del documento a la Comisión de la OEA
- en Rio Gallegos, a mas de tres mil kilómetros de su domicilio,
con el fin principal de promocionarse. El juez llamó a su
mujer y armó una reunión social. Se sobresaltó
un tanto cuando escuchó bombos y tambores: - ¿No me
va a decir que vino con el bombo? , le preguntó a Bittel,
entre temeroso y esperanzado. En realidad, no eran los bombos del
Tula - personaje infaltable del folklore peronista - sino la banda
local que ensayaba en la plaza mayor de Rio Gallegos. Pinto Kramer
le tomó declaración y lo despidió en la puerta
del juzgado. "Lo voy a poner en libertad...", le dijo
como otorgando una concesión inusual. Cuando traspuso la
entrada del juzgado Bittel sintió alivio, con el aire fresco
de la Patagonia. Las repercusiones de la presentación ante
la Comisión fueron extraordinarias y la reacción de
la dictadura no se hizo esperar. Este incidente en Rio Gallegos,
solo fué una más de las tantas vicisitudes que le
aportó la entrega del documento sobre Derechos Humanos al
vicepresidente 1º del justicialismo.
"En una reunión previa con los gremios por este tema,
evidentemente hubo un informante porque a las ocho de la mañana
siguiente me llama Miguel Unamuno y me dice: "no me preguntés
como lo sé pero te anticipo que la yuta (policía)
lo sabe todo". Al otro dia fuí con el documento en el
bolsilo para que firmen y me encuentro con que los apretaron a todos:
"van en cana (presos) y pierden los gremios", le dijeron.
Cuando ví el ambiente les dije: "muchachos... ustedes
bancaron el movimiento durante largo tiempo. Ahora ésta me
la banco yo". Y me fuí porque entendí que debía
asumir la responsabilidad medio solo porque tampoco la gente del
partido me quiso firmar... Ahí en el Hotel Savoy, cuando
teníamos que tener la reunión a las cinco de la tarde
no apareció nadie; el único fue Herminio Iglesias
y un muchacho Juan Carlos Vidal; y con ellos dos y Paulino Niembro
fuí esa noche y entregué el documento. La prensa nos
dió mucho espacio. Al día siguiente fuimos solitos
a comer Miguel Unamuno y yo, y un periodista me dice: "en la
Casa de Gobierno no saben si lo van a tirar de un avión o
le atan una piedra y lo tiran al rio". Entonces me fui por
varios dias. Después vinieron las citaciones. Un juez de
Paraná también me hizo ir para allá. Me encontré
con Herminio Iglesias y Alberto Fonrouge y me dijeron que podían
sacudirme veinticino años por la cabeza. Tengo que ser gil
para poner la cabeza en el cepo - dije yo - si me dan veinticinco
años me voy al Paraguay. Entonces mis abogados fueron a hablar
con el juez y la verdad no sé por qué me citó,
porque me presenté, me hizo un breve interrogatorio y poco
menos me sacó a los empujones porque tenía unas ganas
de verme lo más lejos posible. Cualquiera que es citado por
un juez en época de dictadura tiene que ser un héroe
o un mártir si no tiene miedo. Yo recuerdo que antes de ver
a Pinto Kramer (el juez que lo citó en la Patagonia), un
compañero que trabajaba en Institutos Penales me trajo unas
fotocopias de cuando el juez colaboró con Cámpora
para la liberación de los presos políticos. "Si
te aprieta, mostrale esto", me dijo, pero no hizo falta porque
el hombre se portó bien". (Testimonio de Deolindo Felipe
Bittel).
La visita de la CIDH de la OEA marcó un punto de inflexión
en la lucha por la recuperación de la democracia y, particularmente,
fijó posición en relación al tema y su vinculación
con el gobierno de facto. Los dirigentes obreros, que en su mayoría
se habían negado a adherirse al documento partidario, entregaron
su propio trabajo por medio de la flamante Conducción Unica
de Trabajadores Argentinos a la que había adherido, entr
otros, metalúrgicos, textiles, correo y telégrafo,
mercantiles, Luy y Fuerza, Sanidad, viajantes, Foetra, Soeme, Electricistas
Navales, SUPE (petroleros), Obrs Sanitarias, SMATA (otra rama metalúrgica),
taxistas, camioneros, empleados del Vidrio, del Tabaco, etc. Representaron
a la entidad Juan Horvath, Carlos Cabrera, José Luis Castillo,
Alberto Perrone, Saúl Ubaldini y Manuel Diz Rey. La preocupación
del sector se centró en condenar la subversión y responsabilizar
al programa económico vigente que "agrede a la familia
argentina".
Esta
actitud de dirigientes también justicialistas se comprende
si se conoce la realidad de las organizaciones gremiales argentinas
en ese momento. Los acuerdo de los militares con los sindicatos
partieron de la base de dejarle a ciertos dirigentes la conducción
de su gremio. Con esto el gobierno se aseguraba sino adhesión,
por lo menos indiferencia hacia los problemas que comenzaban a plantearse.
Los dirigentes conseguían, de esa manera, seguir manejando
la caja del sindicato. En algunos casos, este manejo significó
la disponibilidad de dinero para la financiación de tareas
de resistencia. Bajo este parámetro debe comprendere la actitud
de los dirigentes que se acercaron a Bittel en Resistencia, poniendo
a su disposición un portafolio lleno de plata, para que organizara
el partido durante el tiempo de la dictadura.
La
ex Presidente por su parte, señalando sutilmente la condición
de extranjeros de los visitantes - posición que también
hace suya la cúpula militar - se extiende en consideraciones
sobre el justicialismo, emparentando su filosofía con la
doctrina de la iglesia católica.
El documento del Partido Justicialista (ver
completo en nota aparte y enlace con el documento de la OEA)
tuvo una inusitada repercusión en los medios. En distintas
cárceles todavía se encontraban muchos de aquellos
que pasaron por el buque "33 Orientales". En centro clandestinos,
la tortura avasallaba la condición humana.
FIN
DEL CAPITULO
L e avisaremos por mail cuando hayamos instalado material.
OTROS TITULOS
El
autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en comunicación,
de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación
histórica, habiendo publicado hasta la fecha mas de
200 monografías con diversos temas de esta disciplina
y economía, en diferentes medios de varios países.
La primera edición de Pasajeros
de la Historia se publicó en Buenos
Aires en 1993.
Actualmente el autor se desempeña como consultor de
empresas en comunicaciones, al frente de su estudio, en toda
el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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