La historia de todos
Isabel y los barquitos de Massera
 
NOVEDADES
LA MEMORIA DE LOS DIAS de MARIA E. VAZQUEZ
La memoria de los días es un libro de recuerdos. María Esther Vázquez habla como testigo de la mitad del siglo xx y evoca rostros, pasiones, vidas y obras de artistas y escritores como Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Manuel Mujica Lainez, Eduardo Mallea, Silvina Bullrich, Sara Gallardo, Héctor A. Murena, Alberto Girri y Eduardo Gudiño Kieffer, entre otros. "Cuento -dice la autora- momentos de los que se fueron, cómo los vi, lo que hacían y decían. Recuerdo con agradecimiento y afecto; en especial, recuerdo con alegría. Y lo hago antes de que las imágenes, abandonadas a su ceniza, se diluyan en el polvo." Estas páginas llenas de sagacidad, ironía y encanto ofrecen una fascinante galería de retratos desde una óptica personal y entrañable, al tiempo que constituyen un valioso documento sobre un mundo a la vez cercano y lejano, único, acaso irrepetible.
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Capítulo 4

LOS INVITADOS DE MASSERA

Se despertó, como todos los días, minutos antes de que los golpes en la puerta de su camarote le indicara el comienzo de la jornada.
Tomó la frazada que se había corrido y se cubrió hasta el mentón. Pensó que había cambiado la temperatura, mientras en un ovillo acomodaba su cuerpo. Trató de escuchar los sonidos que todas las mañanas le sonaban familiares, pero ese día parecían diferentes. Abrió entonces los ojos y percibió una claridad extraña: rápido se tiró de la cucheta manoteando las persianas del ojo de buey. Divisó a lo lejos una línea formada por una línea sinuosa que supuso eran árboles. El agua del río se estaba tiñiendo con el color del amanecer. Algo subió entonces desde su estómago y con gran esfuerzo se pudo contener. Le vinieron a la mente aquellas historias de desaparecidos en el medio del río de La Plata, con una piedra atada a los tobillos. Miró las dos cuchetas del camarote y en ese momento sintió toda la soledad del mundo. Tomó el jarro de metal del lavatorio y comenzó a golpear suavemente las paredes. Lejos se multiplicaron las respuestas. Eso lo tranuilizó un poco: No esstaba solo.

"Yo regresaba de cenar con mi señora. Era el 26 de marzo. Cuando iba a entrar a mi casa, un chalecito en Mar del Plata, veo los coches...Al entrar le pido que acueste al nene y a los pocos minutos siento uno golpes en la puerta, como si quisieran voltearla. Abro y entran a los empujones: eran de la policía y el ejército. Me esposan y, a los gritos, preguntan donde están las armas,revolviendo toda la casa, tirando muebles y vaciando los cajones. Cuando van hacia la habitación de mi hijo me zafo y me pongo frente a ellos, delante de la puerta, pidiéndoles que no entren: "Yo no soy un delincuente - les digo - mi hijo no me va a ver esposado...". Interviene un mayor del ejército y frena al taquero ordenando: "No entre, Romero no tiene armas". Entonces le señalo un revolvito diciéndole que es lo único que tengo. Era un calibre 32. El tipo se lo puso en la cintura y me dijo:"Romero, usted va a salir pronto. Yo este revolver no se lo voy a denunciar, cuando salga véngamelo a buscar...".
"Me metieron en un coche, me tuvieron dos días y después me pusieron en un Guaraní, encapuchado y esposado. Que yo sé que ea un Guaraní porque los conocía y, además, porque escuchaba la conversación de los pilotos que hablaban de lo fenómeno que era el aparato. Aterrizamos y de golpe sentí un silencio total, pero poco a poco siento al lado mío una respiración, y entonces preguno:"¿Quien está acá...quien sos?."Dardo Cabo",. "Dardito...",, le digo, porque yo lo conocía desde que nació, y entonces me pregunta: "Y vos quien sos". "Lesio", porque yo lo conocía desde que nació, y entonces me pregunta:"¿Donde te cargaron?" "A mi me cargaron en Sierra Chica, y seguro que a vos te cargaron en Mar del Plata, porque yo escuchaba que iban a Mar del Plata a cambiar a alguien", me dice. Bueno, varias horas estuvimos así. Hasta que siento que me levantan y me llevan y me tiran... y me ponen algo encima que parece que fuera una lona. Me pisan varias veces y escucho una sirena permanentemente, mientras se desplaza aquello donde estoy, que me imagino es un camión. No sé adonde me llevaron, pero al final me sientan en una silla, y una voz, que aunque viva mil años la voy a reconocer donde la escuche, comienza a preguntarme: "¿Donde está Lorenzo Miguel? ¿Donde está Lorenzo Miguel? ¿Donde esta Lorenzo Miguel?" ... Y yo no sabía, porque la últitma vez que lo ví a Miguel fue el viernes 19 y después viajé a Entre Rios. Pero me siguen interrogando, "peronista pelotudo, vas a decir donde está tu jefe..." Pero para entonces ya eran varios... y aquella voz que le digo remata: "Peronista hijo de punta...". "Peronista sí, pero hijo de puta no"., les contesto. ¡ Para que...! Me pegaron de todos los costados y fuí a parar a la mierda". (Testimonio de Lesio Romero).

Lorenzo Miguel se retiró la madrugada del 24 de la reunión, donde se estaba informando, con Miguel Unamuno y luego de que la misma se levantara en Casa de Gobierno. En tanto, en el Ministerio de Trabajo, se encontraban los dirigentes Carlos Gallo, Roberto García, Jorge Triaca, Rogelio Roldán, Amadeo Genta, Alberto Campos, Maximiliano Castillo, Juan Minichilo, Paulino Niembro y Osvaldo Papaleo, entre otros. Comentaron después que se retiraron del Ministerio cantando la Marcha Peronista. Es de suponer que los tanques en la calle les habrá aconsejado un tono de media voz.
Habiendo hecho tres cuadras, Lorenzo Miguel cambió de vehículo y se dirigió a un departamento. Algunos sostienen que esto estaba planeado por Miguel desde un principio. Anoticiado del golpe, esperaba esconderse para luego evaluar el curso de los acontecimientos y actuar en consecuencia. También el hombre de negocio, vinculado con el peronismo, Carlos Spadone cuenta que puso un departamento suyo a disposición de Miguel. El dirigente había sido buscado intensamente por los golpistas poco antes del desenlace. El dirigente Armando Cavallieri había intermediado paa llevarle un mensaje de los Comandantes. El vicario castrensa hizo lo propio. Miguel, conocedor del paño, rechazó el encuentro con los militares y aceptó el propuesto por monseñor Tortolo. De lo que trataron nadie fue testigo. Después, ya detenido y en el barco, recibe el saludo del representante de la Iglesia dándole la mano y sosteniendo:

- Yo soy Lorenzo Miguel .
Extraño saludo para quiens sabían que pocos días antes se habían encontrado y seguramente analizaron la situación cuyas consecuencias se estaban viviendo.


"Me llevan a una celda ya todo cagado y meado encima. Siempre encapuchado. Al otro día me sacan, me trasladan a otra habitación y allí me acuestan. Me sacan los zapatos y las medias. Sentí que me ponía algo metálico, frio, en el dedo gordo de cada pie. Entonces comienzan de nuevo a preguntar y preguntar. Yo siempre contestaba lo mismo. Me hablan también de una solicitada que yo había publicado unos días antes. Quise explicarles que lo que decía esa solicitada era lo que yo pensaba en ese momento. Yo le digo con franqueza, incluso con el temor que cualquier ser humano sentiría en ese momento, yo les decía la verdad. En un momento dado, el tipo de lavoz inconfudible me levanta de los pelos y me grita en la cara: "Mirá hijo de mil putas, vas a decir donde está Lorenzo o de acá no salís con vida...". Les conteste: "No sé donde está Lorenzo...¿quieren que les mienta?". Y luego de esto...BUMMM, la descarga eléctrica. La sensación es que a usted lo tiran al techo, pega y baja... horrible. Ve, aún hoy...casi no lo puedo contar.Así me tuvieron tres días"(Testimonio de Lorenzo Miguel).

Mientra narra estas peripecias de su cautiverio, Lesio Romero casi no puede contenerse. Tiembla y se le humedecen los ojos.Continúa con el relato mediante una gran fuerza de voluntad

"Así me tuvieron tres días. Luego supe que fueron tres días porque ahí perdés la noción del tiempo. Perdí todo contacto con la realidad. Solamente recuerdo que en un momento, la voz inconfudible dijo: "Mirá, o este es un gran hijo de puta o realmente es un pelotudo".. ...Y me dejaron de dar.(Testimonio de Lesio Romero).

Según cuenta Romero, después de eso lo introdujeron en un auto Torino (Sé que era un Torino porque en la parte de atrás tenía la cañonera inconfudible) y lo transportaron a un lugar en el que se escuchaba gran movimiento y ruidos de motores de auto y zumbido de aviones. Dedujo que se encontraba en las proximidades del Bario de Palermo, muy próximo al aeroparque. Todavía encapuchado, siente cerca suyo una presencia humana e inmediatamente una exclamación:"Che... que olor a mierda que tenés...". Dice que cree que era un soldadito de alguna guardia y aprovechó para pedirle agua. "No - la negativa fue terminante - a vos te picanearon, te va a hacer mal...pero por ahí me cagan a mí. Esta respuesta y la presunción de Lesio Romero permite suponer que muchos de los soldados que realizaron el servicio militar en la época de la dictadura, fueron testigos obligados de muchas cosas. Nadie se animó nunca a declarar.

Lesio Romero, en su relato, continúa explicando que entró entonces un grupo y alcanzó a escuchar:"A este llévenselo con esta documentación. Entrenguenlo al capitán de navío Pesado".

"Me meten de nuevo en el Torino y yo, mire, con los ojos cerrados, adiviné el recorrido: me sacan la capucha y leo: BAHIA AGUIRRE. Me sueltan y caigo al suelo como un pelele. Tenía todos los músculos dormidos. Me levantan dos tipos de la Policía Federal a quiens le veo la cara y uno de ellos me dice: "Mirá, yo soy compañero, fui custodio de Otero, pero te advierto que acá está toda la pesada de Montoneros, ERP,...". La cosa es que me llevan en andas, se abren un montón de puertas, yo sin capucha, y me tiran en un salón inmenso. Las puertas estaban enrejadas, como cárcel. De frente a la pared, con las piernas abiertas y sosteniéndose con los brazos levantados se encontraba un grupo de chicos y chicas. Estaban custodiados por dos grandotes con ametralladoras; uno de ellos se me acercó y me pegó una patada: "Y vos, de que orga sos" , me preguntó. Mientras tanto, yo, en ese momento le pedía a Dios que me lleve, se lo juro.Me volvió a preguntar y vuelta a patearme. Como a la tercera patada me avivo y le digo:"Soy dirigente gremial". Ahí consultaron, me levantaron porque yo no podía ni moverme, me sientan fuera del salón. Viene un tipo y me dice:"Con usted hubo un error, tiene que ir al otro barco. Vamos a esperar que sea de noche y lo trasladamos. ¿Necesita algo?" "Si, le digo,bañarme".Me dieron ropa limpia y dejé la mia que estaba dura de mierda. A la noche me trasladaron al "ARA Ciudad de la Plata" (Testimonio de Lesio Romero).


Se abrió la puerta del camarote. Todavía tenía en la mano el jarro de metal con el que se había tratado de comunicar con los otros presos. Sentía en los pies desnudos la frialdad del piso. Frente a él se encontraba un guardia con un fusil ametralladora.

-Prepare sus cosas - le dijo.

Sintió una sensación de alivio que le cubría el cuerpo. Sin embargo no estaba tranquilo.

Mientras tanto, en el sector que se encontraba frente a su celda, cruzando el angosto pasillo, los prisioneros de los camarotes celdas que hasta la noche anterior había divisado el apostadero, contemplaban ahora por el ojo de buey un amanecer que se reflejaba en las aguas del Río dela Plata. Muy cerca estaba otro buque. Ansiosos estaban allí Diego Ibañez, Osvaldo Papaleo, Jorge Taiana, Manuel Scotto Rosende, Carlos Saúl Menem, Pedro Eladio Vázquez, Julio González, Marcos Codrón, Lorenzo Miguel, Rafael Cichelo, Juan Carlos Chol, Julio Yessi, Eduardo Farías, Luis Caballero, José Stupenengo, Duilio Brunello y José Deheza.

-¿Qué ocurre?- le preguntó al guardia.
-Hoy cambian de barco - fue la respuesta.

Rápidamente sacó la pequeña valija y comenzó a ordenar sus cosas. Escuchó los ruídos de los camarotes celdas vecinos. En ese sector se encontraban Carlos Gallo, Jorgge Vázquez, Rogelio Papagno, Raúl Lastiri, Leandro Salato, Adalberto Wimer, Jorge Triaca, Abel Cuchetti, Norma López Rega, Antonio Cafiero, Miguel Angel Davicco, Pedro D´Áttoli, Javier Cornejo, Juan Labaké, José Gomez Albornoz, Lesio Romero, Rafael Luissi, Beatriz Galán y Miguel Unamuno.
Todos ellos, con pequeñas diferencias, llevaban dos meses de cautiverio en el ARA Ciudad de la Plata.


"El Ciudad de la Plata era un barco en el que estábamos todo el día encerrados". (Testimonio de José Stupenengo).


"No teníamos comodidades. Estábamos encerrados en el camarote. Para ir al baño debíamos golpear la puerta, venían y nos abrían y nos acompañaban; hacíamos nuestras necesiades y volvíamos al camarote. El camarote ese era un cubículo de dos metros de largo y aproximadamente uno veinte de ancho. Había dos cuchetas, una sobre otra, que tenían de ancho cincuenta o sesenta centímetros y quedaban entonces unos escasos sesenta centímetros para caminar. Ahí teníamos además un pequeño placard y un lavatorio donde apenas se podía lavar los dientes y la cara. El baño era sólo para necesidades fisiológicas y para bañarnos una vez por día cuando nos daban tres minutos, como en el servicio militar".(Testimonio de Juan Labaké).


"El régimen era duro. Nos despertaban a la mañana... nos golpeaban la puerta del camarote. Teníamos que areglarlo todo, asearlo como pudiéramos. Lavarnos. Pasábamos al baño de a uno. Había solo dos: uno de hombre y otro par mujeres. Como las mujeres creo sólo eran dos, se formaba una larga cola en el nuestro. Cuando terminaba esta parte de la rutina, íbamos a tomar un mate cocido con un pan y allí permanecíamos unos quince minutos. En ese tiempo teníamos oportunidad de conversar entre nosotros. De ahí volvíamos al camarote y alternatívamente limpíabamos el pasillo. Nosotros estábamos en un primer piso todo enrejado. En el primer subsuelo o en la bodega, había un montón de detenidos encapuchados. Los veíamos ir al baño siempre con capucha; seguramente eran subversivos o catalogados como subversivos. No sabíamos el régimen que tenían, pero debía ser mas duro que el nuestro. Las horas no terminaban nunca porque no teníamos con quien hablar. A las doce en punto nos daban veinte minutos para almorzar. Algunos camarotes tenían dos y otros un solo detenido. Yo un tiempo estuve con Luis Caballero, después se enfermó y estuve solo. Al lado de mi camarote estaba el de Julio Yessi que compartía con el ex diputado Farias. Después del almuerzo nos devolvían al camarote hasta las cuatro de la tarde. A esa hora nos sacaban de nuevo a tomar un matecocido con pan y la cena se servía a las siete de la tarde. Los primeros días la vigilancia fué muy estricta, no nos dejaban hacer nada. Al personal naval debíamos tratar de "señor" porque no conocíamos los grados ni sabíamos quienes eran."(Testimonio de José Stupenengo).


La mañana era fría y el sol se mostraba de a ratos en un cielo algo nublado. Junto al ARA Ciudad de La Plata se situó otro barco y en todo el perímetro que podía abarcar la vista, solo podía verse agua. Los treinta y seis prisioneros formaban una larga fila. Esperó que le avisaran para incorporarse también él a los detenidos que iban a cambiar de prisión. Detrás de la puerta del camarote y filtrándose por las paredes, escuchaba un murmullo de voces. Podía distinguir a cada uno de ellos sin mucho esfuerzo, aunque ninguno nunca lo había visto a él. Recibía las cuatro comidas diarias en su lugar y era llevado encapuchado al baño, en el horario que los ocupantes de los oros camarotes celdas no pudieran verlo. Los primeros días creyó que se volvería loco. Nada le aterrorizaba más que la soledad. Poco a poco fue estableciendo una suerte de comunicación cone el resto, pero nunca se dió a conocer. Fue adivinando el movimiento de todos, al punto de reconocerlos por la voz o la forma de caminar al ir al baño. Con él solo tenìa una pequeña valija de cartón con un pantalón, dos camisas, un calzoncillo y un par de zapatos. Vestía la ropa que le dieron el primer día que llegó al barco: un buzo, un pantalón de fajina de la marina y zapatillas blancas. Sabía que el resto tenía otros elementos.

- ¿ Quien sos ? -
No podía responder a esa pregunta.
- ¿ Donde te levantaron ?-
No contesta.
- ¿ Cuando te trajeron ? -
Silencio.
Estas preguntas se repetían casi todos los días, en un murmullo, después de un golpe suave a la puerta de su camarote. Al mediodía, a la tarde, a la noche. Siempre que pasaban al comedor alguien, confundiendo la voz con la pisada de sus compañeros, le interrogaba.

"Había un camarote ocupado y no sabíamos por quien. Creíamos que se trataba de un compañero del Comando de Organización de La Pampa. (Testimonio de Carlos Gallo).

A medida que pasaron los días fueron desapareciendo las preguntas. Pudo además de vislumbrar algunas cosas por una pequeña fisura del ojo de buey tabicado. Así, adivinaba la mañana por la claridad del amanecer. Luego, el ruído de pasos le anunciaba la visita al comedor para el desayuno. Entonces, también él recibía su taza de mate y la galleta que le acompañaba. Sabía de la proximidad de la hora del almuerzo porque, exactamente, cinco minutos antescorría el agua en el lavatoriodel camarote vecino. Se enteró después que allí estaba Pedro Arrighi; pero lo trasladaron porque enfermó. Con el tiempo, las otras comidas las fue presintiendo por la rutina que le marcaba su organismo. Alguien le pasaba cigarillos. Supo identificar los domingos porque ese día la comida venía acompañada por un vaso de vino.

"Yo pensé que se trataba de Julio Guillán, pero mucho tiempo después me enteré que Guillán estuvo detenido en otro lado."(Testimonio de Lesio Romero).

A veces, a la tardecita, escuchaba un rumor de voces que le hacía recordar su infancia. Entonces dejaba el barco, la prisión y las miserias de su condición de detenido. Sentado en el camastro, con la espalda apoyada en la pared, cerraba los ojos y juntaba las manos. Y se veía en la parroquia junto a su madre rezando el rosario...
- "Dios te salve María..."
...aspirando olores de plaza de pueblo...
-"...llena eres de gracia..."
de pan casero y leche derramada,-
-"... bendita tu eres..."
de pasto mojado y de canela.
Se dejaba ir flotando hacia la luz infinita de un sol imaginario para ver desde arriba un barco chiquito...chiquito. Supo que el rumor de esas voces venía de los primeros camarotes celdas.


"Carlos Saúl Menem rezaba el rosario todos los días, acompañado por Jorge Vázquez. No todos estaban de acuerdo con esa actitud, a la que calificaban de oportunista"(Testimonio coincidente de los entrevistados).


"Nos llevaron al puerto con gran ostentación de armas. Conmigo estaban Manuel Scotto Rosende, Beatríz Galán y Pedro D´Áttoli. Desde dos carrier´s nos iluminaban con potentes faros mientras nos apuntaban con ametralladoras pesadas. Nosotros éramos solamente cuatro civiles. Fue tal mi furia que protesté señalando que era un abuso, y otras cosas más. Solicité hablar con el jefe del operativo y se presenta un oficial de la Marina que me hace el saludo militar y me pide disculpa. "Si yo sabía que usted iba a ser detenido, yo no me hacía cargo de este operativo", me dijo. Porque este señor había sido ayudante mío hasta el día anterior y yo lo había despedido y le había obsequiado un portafolio. Cuando entramos al barco me quisieron hacer firmar un papel y lo rechacé. Denuncié que en mi despacho del Ministerio de Defensa había quedado mi portafolio con la llave y la combinación de la caja fuerte, que contenía quinientos mil dólares. Por suerte, este hombre que fue mi ayudante, se hizo cargo de la situación. Realizó un arqueo y no faltó un centavo.(Testimonio de José A. Deheza).

Deheza fue el Ministro que se reunió por última vez con los comandantes, por orden de Isabel Perón. En su informe, la noche del día 23, señaló que no habría golpe de estado. No se comprende entonces el por qué de la despedida de su ayudante el mismo día que estuvo con los jefes militares, y su regalo de un portafolio.


La Armada Argentina destacó en el atracadero del puerto de Buenos Aires, dos buques prisión para contener en ellos a los prisioneros que tomaban directamente los integrantes de esa fuerza, y aquellos que Ejército y Aeronáutica les enviaban.Cada uno cumplía funciones bien diferenciadas. El primero, denominado Bahía Aguirre, era un buque que se utilizó para trasladar invitados especiales al sur, en promoción de la actividad militar en el mar.


"Cuando ví el Bahía Aguirre, pensé en las ironías del destino. Hacía pocos meses atrás había participado como diputado de la Nación en un viaje al sur, porganizado por la Marina"(Testimonio de Carlos Gallo).


Los barcos había sido prolijamente acondicionados para su nuevo destino. Este operativo, sin dudas, no se realiza de un día para otro: requiere un tiempo de estudio y realización de los trabajos que denota el tiempo con el que fue planificado el golpe, por lo menos por parte de la Armada Argentina.


"Lo que me impresionó fueron los barrotes y cerrojos que pude ver en el Bahía Aguirre. Recuerdo que me llamó la atención la solidez de los candados. Los contemplé fascinado y ví una leyenda en ellos que me quedó grabada: "Made in Brazil". (Testimonio de José A. Deheza).

En un comienzo, todos los prisioneros eran llevados a este buque y luego se les asignaba otro destino.

"Escuché como cerraban la puerta del camarote con gran estrépito de cerrojos, como si hubieran cazado a un animal de extrema peligrosidad. Era humillante y me sentía herido en mi condición humana"(Testimonio de Juan Labaké).

Sin embargo, allí quedarían solo aquellos prisioneros sospechados de vinculación con los grupos guerrilleros. Cuando certificaban la condición del detenido, si no reunía las características que los represores consideraban propia de guerrilleros, era trasladado a otro lugar. En el caso concreto del Operativo ARA Paraná, ese otro lugar era el buque ARA Ciudad de La Plata, que estaba amarrado a pocos metros del Bahía Aguirre.

"Me sentaron en la pasarela del barco y me trajeron un sandwich de pollo así de grande en pan felipe, con tomate y lechuga y Coca Cola, que yo tomé desesperado. Hasta hoy lo recuerdo porque con sólo ver una botella de coca empiezo a eructar. Cuando llegó la noche me trasladaron al Ciudad de La Plata sin esposas, en un automovil. En ese barco el trato fue distinto... vino blanco, vino tinto, hasta régimen para no engordar hacíamos algunos. Y esto tiene una explicación: fue un plan de Massera, que enganchó a varios... un montón salieron para jugar para Massera... un montón!!!"(Testimonio de Lesio Romero).

¿Quienes fueron los que salieron y trabajaron luego políticamente para Emilio Massera? De entre los detenidos, dieciseis años después, varios integraron un gobierno encabezado por Carlos Saúl Menem que estuvo en el poder por diez años.Emilio Massera, comandante de la Marina Argentina, y uno de los integrantes del triunvirato militar que acababa de derrocar a la Presidenta constitucional de la República, Isabel Perón, movía sus piezas para construir un polo político que le acercara a sus manos el gobierno del país.
El Negro o Almirante Cero, como se lo conocía en el submundo de los interrogatorios, estaba fuertemente motivado por ambiciones personales. Todos sabían que su meta era la Presidencia de la República.
- ¡Qué lástima que se equivocó - decía Perón cuando hablaba de las ambiciones de Massera - éste en vez de tomar el tren para Campo de Mayo (sede de la Escuela de Oficiales del Ejército Argentino), enfiló para Río Santiago (lugar de Liceo Naval).-
Obviamente, el general se refería a que nunca un marino había podido alcanzar la más alta magistratura del país. En realidad esto era relativamente cierto, puesto que el contraalmirante Alberto Teisaire logró reemplazar a Perón en ciertas oportunidades: claro que entonces éste era vicepresidente del lider del justicialismo.
Sin embargo, Perón mismo había disparado el mecanismo que impulsó el tramo final de la carrera de Massera:

- Lo voy a poner al frente de la Marina porque los muchachos me lo piden - les dijo un día Perón en la residencia de la calle Gaspar Campos, en Vicente López, a Lesio Romero, Lorenzo Miguel y Ramón Elorza. "Los muchachos" que se lo pedían eran dirigentes gremiales. Algunos de ellos se contaban entre los interlocutores de ese momento. La mayoría fueron sus huéspedes durante el cautiverio, después del golpe militar. La decisión de Perón implicó el sacrificio de la carrera de un número importante de oficiales, mas antiguos que Massera. Dicen que Lorenzo Miguel después se lamentó de haber aconsejado de tal forma a Perón. En su fuero íntimo, sin embargo, no dejaría de recordar la veladas familiares en las que Massera bailaba animadamente con su esposa Elena en su casa.

Antonio Cafiero vió como Lesio Romero salía del camarote y rápidamente se corría hacia la puerta de su celda. Norma Kenedy también se sorprendió con aquella actitud realizada a espaldas del guardia.

"Lorenzo aparece a los pocos días. Yo estaba en la anteúltima celda y al lado tenía una vacía. Hacía varios días que me encontraba detenido y me había hecho canchero con los movimientos rutinarios. Fue entonces que sentí unos quejidos feos que venían de allí, del camarote que había estado vacío, y entonces me arriesgo y pido permiso para ir al baño. A la vuelta, en un descuido del guardia, me meto en el camarote de al lado.Allí estaba Lorenzo Miguel hecho un piltrafa. Creo que serían mas o menos la dos de la mañana. Me quedé con él hasta que escuché que llamaban para el desayuno. Entonces salí y me coloqué en mi puerta, frente al camarote de Antonio Cafiero. Lorenzo Miguel estaba desfigurado por los golpes".(Testimonio de Lesio Romero).

Poco a poco el ARA Ciudad de la Plata fue completando su pasaje.

"Estaba en el Aeroparque con un grupo de amigos, esperando que se reanuden los vuelos de cabotaje, cuando se presenta un señor y me pregunta "¿Usted no es Bittel?" "Si", le digo. "Ahh..,dice, entonces me va a tener que acompañar", y me muestra una credencial. ¡Así me detuvieron!" (Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).

Deolindo Felipe Bittel era, hasta el 24 de marzo, vicepresidente 1º del Partido Justicialista, y gobernador de la Provincia de Chaco.

"Me llevan al atracadero naval y me meten en un barco que no sé como se llamaba. Veo en ese momento a una señora que estaba haciendo declaraciones. Se trataba de Norma López Rega. Conmigo realizan el mismo procedimiento, me llevan a un camarote, ceo que era el 109. Más o menos a las 13 me buscan y me llevan al comedor. Eso fue como a los tres días. Me encuentro con un grupo en donde estaban todos: Lastirri, Deheza, labaké...Me sorprendió porque me preguntan si quiero tomar vino tinto o blanco. Tinto, les contesté. A la noche se repitió lo mismo. Tuve la oportunidad de conversar con Deheza y Labaké. Después, mas o menos a las diez y media de la noche, vienen de nuevo a buscarme y me dicen: "Traiga sus cosas". Agarro la valijita y me llevan al Aeroparque, me embarcan en un avión y en Resistencia quedo detenido en mi domicilio. De la valijita faltaba una pistolita calibre 22, que me había regalado un amigo. Pero creo que esto se lo quedó el tipo que me detuvo en el Aeroparque...".(Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).


El avión Guaraní comenzó su aproximación al Aeropuerto Internacional de Resistencia, mientras la tripulación mantenía contacto con la torre de control. Alternativamente se escuchaba las frases del piloto y las respuestas del aparato, con las interferencias características. Era una hermosa mañana. Pensó en el calor que estaría haciendo y no se sorprendió cuando escuchó: 24 grados.

- ¿Cuánto? - preguntó inclinándose hacia adelante.
Nadie le contestó
- Está bien... - se dijo para sí mismo y volvió a sus pensamientos.
Se reclinó en la butaca y miró por la ventanilla. Pensó en todas las oportunidades en que debió cumplir con un trámite parecido. También el 16 de septiembre de 1955 el golpe lo había tomado en Buenos Aires. era vicegobernador entonces. Al volver al Chaco tuvo que hacerse cargo, porque habían renunciado desde el gobenador,hasta el jefe de policía. Entregó el gobierno el 21 de septiembre y fue preso siete meses.
El golpe de Onganía lo sorprendió como gobernador. Nuevamente debió resignar el cargo ante un militar. Sonríe ante un recuerdo travieso: el japonés Yoshio Tereda, dueño del Bar La Estrella, punto de reunión de políticos, bohemios y desocupados, le había dicho entonces:

- Ahora peronistas van a tomar ginebra de nuevo... se acabó la buena vida... se acabó el whisky - Bittel y sus funcionarios y amigos lo escucharon entre risueños y melancólicos, al volver de la Casa de Gobierno.
La tercera es la vencida - piensa - mirando el edificio nuevo del aeropuerto, mientras aterriza el Guaraní. Es el viernes 26 de marzo. Sentía curiosidad por saber que pasaría con él en las próximas horas. El gobierno de su provincia ya había sido entregado a los militares, horas después del golpe.

"Cuando llegué me condujeron a la Casa de Gobierno donde tuve una larga charla con un coronel de apellido Zucconi, que fue quien se hizo cargo de la intervención. Luego retiré mis cosas personales de mi despacho y me transportaron a mi casa, en calidad de detenido en domicilio"(Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).

Vivía a pocas cuadras de la gobernación, frente al Fogón de los Arrieros, en el centro de Resistencia. Los primeros días fue apostada una guardia permanente compuesta por soldados, en la puerta de su casa. Después fue reemplazada por una guardia mas discreta. Comenzó a recibir visitas de compañeros que querían saludarlo y se dedicó a escribir a otros, transmitiéndoles sus impresiones de aquello que se estaba viviendo. Intentó comunicarse con Isabel Perón sin resultados. En oportunidad de una visita de Harguindeguy, entonces Ministro de Interior del regimen de facto, le solicitó autorización para viajar y visitarla en la residencia El Mesidor, en Neuquén. No obtuvo respuesta. Mientras estuvo detenido debió atender la defensa de un par de juicios que el gobierno le inició, por el manejo de fondos de una cuenta de la provincia.

- Venimos a ver que piensa hacer -
La pregunta provenía de uno de los integrantes de un grupo formado por cuatro hombres que lo visitaba. A dos de ellos lo identificó de inmediato: uno se llamaba Marcial López y el otro José Luis Lingeri, del sindicato de Obras Sanitarias. Luego se dió cuenta que también a los otros dos los había visto en reuniones gremiales.
- Soy el vicepresidente del partido - les dijo - y pienso asumir mi responsabilidad. Sólo me falta dinero, porque vivo de una jubilación modesta. -
- Por eso no se haga problema - le dijo Lingeri entregándole un portafolio negro - ahí hay diez millones, elija el hotel que quiera y haga lo que tiene que hacer... -

"Fuí, me compré un pasaje en avión, llegué a Buenos Aires y me instalé primero en el Savoy, y después les dije que me buscaran una cosa más modesta. Ahí se movió el gremio del vidrio de Carabobo e Independencia. Yo con Alfonso Millán y con los muchachos que estaban con él, tengo una deuda de gratitud porque...es decir, yo creo que ellos no me sirvieron a mí...ellos sirvieron al movimiento y me ayudaron a mó porque era la cabeza, tenía la responsabilidad de la conducción. Así fue como me instalé en el Hotel Atlantic, que queda en Castelli 45..." (Testimonio de Deolindo Felipe Bittel)."


Mientras tanto el día 25 a la madrugada, en el barrio de Flores, detienen a Miguel Unamuno.

"El día 25 conocí al nuevo intendente de la Ciudad de Buenos Aires, un general Crespi. Me pidió que siguiera en el cargo de Jefe de Prensa y Difusión de la Municipalidad, pero yo presenté mi renuncia y no me la aceptan. A los pocos días, caminando por la calle, un comando a las órdenes de un tal prefecto Lobos me detiene, me encapucha y al poco tiempo me encuentro arriba de un barco" (Testimonio de José Stupenengo).

Stupenengo, ex Secretario de Prensa y Difusión de la Presidencia de la Nación, se suma así a la población del Ciudad de La Plata.

"Yo me fuí del Ministerio de Trabajo a la casa de un amigo. Dejé mi coche en una playa de estacionamiento, ceré con llave y pagué por quince días y le dí la llave a mi hermano. Supe que esa madrugada me buscaron en mi casa, en la casa de mi madre...fueron a distintos lugares para detenerme. La experiencia de estas cosas me indicaban que debía esperar que se calmara un poco todo. Cuando pasaron tres o cuatro días me presenté al Congreso y entregué la llave de la banca y la chapa de legislador y ahí nomás me detuvieron. Me llevaron a Coordinación Federal, donde pasé todo el día y a las cinco y media de la mañana, un día de lluvia, me llevan al barco". (Testimonio de Carlos Gallo).

En realidad el testimonio de Gallo es curioso porque, de ser los hechos tal como él los relata, peca de una ingenuidad rayana en lo temeario. Al mismo tiempo, devolver la chapa de legislador a autoridades "de facto", no hace sino convalidar el golpe. De todas maneras, más de una actitud de esta naturaleza marcaron los diferentes criterios con que era apreciada la situación por la dirigencia política. Al quinto día del golpe, aterriza en el Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires un avión Guaraní transportando detenido al gobernador de La Rioja, Carlos Saúl Menem.

"A las dos de la madrugada del 24, el doctor Agüero Iturbe, ministro de Gobierno de mi provincia, me avisa que los militares se habían hecho cargo del gobierno y que estaban en la residencia para detenerme. Allí estaba el teniente coronel Malagamba, con más de un centenar de hombres. Le pedí que me dejara despedir de mis hijos y se negó. Estuve detenido cuatro días en dependencias del Ejército de La Rioja"(Del Libro "Menem, Argentina hacia el año 2000" de Gustavo Beliz).

Este testimonio de Menem, no aclara donde se encontraba él cuando el doctor Iturbe le avisa que los militares se habían hecho cargo del gobierno de su provincia. En realidad, Carlos Saúl Menem tuvo siempre una reacción esquiva para testimoniar sobre este período de su vida política. De todas maneras, así, metódicamente, con el rigor de una operación militar concebida y planificada durante largo tiempo, los dirigentes y funcionarios, conjuntamente con representantes populares, fueron capturados uno a uno, después del 24 de marzo de 1976. Con más o menos despliegue de fuerza; con las características que cada responsable de aquellas detensiones le otorgaba a la tarea a su cargo; con la impronta de la simpatía o antipatía que cada jefe militar sentía por el peronismo, uno a uno estos eventos fueron cumplidos de similar forma. La Fuerza Aérea, sin embargo, tuvo el extraño privilegio de tener a su cargo dos operativos que, por la personalidad de los detenidos, marcaron actitudes de resentimiento y venganza política o personales.
En una de ellas, luego de un análisis de la lista de pasajeros, es detenido en Ezeiza cuando intenta huir, el diputado Eduardo Farías. Integraba el autodenominado Grupo de Trabajo de la Cámara de Diputados. Este sector se había proclamado como un bloque disidente, que no respondía ni al partido Justicialista ni a directivas del gobierno. En él, Farías se destacaba con otros dos: Sobrino Aranda y Palacio Deheza. Esta troica era intérprete permanente del pensamiento militar. Cuando se presenta el momento del golpe, todos buscaron salir del país. Obviamente, contaban con los contactos necesarios para trabajar en el exterior. Sin embargo, algo falló con respecto a Farías. Para su desgracia, la estación aérea era comandada por un oficial que se había sentido molesto por reiterados desplantes del diputado, haciendo valer sus fueros y privilegios. Enterado que integraba el pasaje, hizo detener el avión que ya carretaba, bajó al frustrado viajero a punta de pistola y lo sometió a un trato denigrante que incluyó un simulacro de fusilamiento. Según testimonian quienes lo vieron cuando llegó al barco, las condiciones de higiene que mostraba eran deplorables.
El otro suceso lo tuvo Carlos Saúl Menem como protagonista. El gobernador de La Rioja también fue agredido por el Jefe del Aeroparque, comodoro Ataliva Fernández. El aviador militar recibió a Menem en la estación aéra con los insultos más agraviantes. Mientras, el preso era custodiado por un contingente de soldados fuertemente armado que lo acompañó desde su provincia. En esas circunstancias, un capitán catamarqueño que integraba el pelotón, advirtió al gobernador que no respondiera. Esta actitud pasiva le previno un desagradable desenlace al incidente.

- ¿Y de dónde es usted?

Parado con las piernas abiertas, una mano en el bolsillo y la otra castigándose suavemente con su gorra con las insignias de la aeronáutica, el oficial lo miraba con los ojos entrecerrados. El advirtió inmediatamente en la sonrisa canchera, la intención sobradora de la pregunta. Eligió con cuidado las palabras y, con tono respetuoso, le contestó:

- Yo soy, señor, de Anillaco -
- Gran señor de mierda habían tenido en Anillaco...-

El insulto le estalló en el rostro, directo, brutal como un salivazo. Sintió la sangre en sus mejillas, un temblor le recorrió el cuerpo y apretó los puños. Logró controlarse mientres el otro lo miraba, disfrutando con su reacción. Había aprovechado la confusión gramatical generada por la tonada provinciana, que al acentuar pronunciádamente las palabras, disimulaba las pausas de las comas. Giró el rostro pálido, enmarcado por las patillas oscuras; miró la ventana y vió el movimiento de aviones del Aeroparque."No sabe lo que dice", contestó despacio. "No sabe que voy a ser Presidente", pensó; y la imagen que generaba esta convicción le trajo a su mente la paz del conocimiento revelado. Ese conocimiento que le daba la certeza de los iluminados. Tan cierto e inmutable como la cantidad de curvas de la Cuesta del Huaco, allá en La Rioja.

- ¿Como sabís ? - le preguntaron.
- Ahhh..., y pórque lai contau - respondía.-
- Nuéciertoo..-lo toreaban sus hermanos con la duda en una frase apretada, pronunciada hacia adentro.
- Si digo que la chancha es negra es pórque lei visto el pelo -remataba definitivo, inapelable, con la contundencia del dicho aquel aprendido de los puesteros riojanos, saltando los postes del corral junto al río seco de arena y piedras, ayudando a encerrar las mulas y el burro..-
- Topaaa...topaaa -imitaba a los criollos, mientras sentía en el aire el olor al pasto cortado a guadañazos, corriendo las vacas y las crías...
- Topaa... vacaaaa...- ...apilando la alfalfa con la horquilla.
Todo eso sabía con la seguridad de aquellas montañas que siempre estaban y estarían allí, casi en el patio de su casa grande, un poco más allá de la galería larga, sostenida con los horcones de troncos de algarrobo, que confundían sus colores con la hora del día; rojas, marrones y moradas por la mañana; azul oscuro, como las tormentas, por las tardecitas. No tenía dudas que sería Presidente, sólo faltaba descifrar el cómo, el cuándo. Mientras tanto venían a su mente ecos, gritos y canciones..."por las lomitas peladas, preso y cautivo me tráido tu amor"...¡preso y cautivo! ¡cómo no saben que voy a ser Presidente! Y vagaba por Los Sauces mirando el agua serena del dique y los álamos rectos de a dos, junto a las casas blancas, abajo, y el río Huaco corriendo entre piedras lavadas y empujándose en vueltas y revueltas,para parecer chiquito como una cinta de plata brillando al sol, mientras él desandaba, allá arriba en el Cerro del Velazco, las doscientas y pico de curvas de la Cuesta del Huaco, y volvía allí, a pararse frente al oficial irrespetuoso:

- Soy Carlos Menem, gobernador de La Rioja, le dijo con firmeza, como quien declara su grado, luego de ser tomado prisionero.

Pese al estado público de los preparativos del golpe militar, hubo protagonistas que volvían al país desde destinos mas seguros. Antonio Cafiero, representante argentino ante la Santa Sede después de abandonar el cargo de Ministro de Economía, fue uno de ellos. Desde Roma habló por teléfono con Emilio Massera:

- ¿Qué pasa conmigo ? - le preguntó.
- Volvé tranquilo - fue la respuesta.

Cuando llegó a Ezeiza lo esperaban. Apenas bajó del avión fue introducido a un auto y llevado detenido. El 23 de abril se sobresaltó al leer en Clarín un título que decía: "Impartieron la orden de captura contra Cafiero". Era buscado en Mendoza mientras estaba detenido en el barco.

El doctor Jorge Taiana, ex Ministro de Educación, volvió también a Buenos Aires en los últimos días del año 1975 y pese a recibir advertencias de amigos, resolvió quedarse en el país porque, entre otros motivos, un hijo suyo se encontraba detenido en la cárcel de Caseros. Había salido del país el 26 de septiembre de 1974, amenazado por la AAA.

Raúl Lastiri, diputado y ex Presidente interino de la Nación, volvió también de Montevideo adonde había viajado. En este caso Lastiri confesó a quienes compartían con él la prisión en el buque, que su regreso fue arreglado por su amistad con Massera. Obviamente, muchos - si no todos - podían considerarse bajo protección de la Armada en esa prisión.

También volvió al país, pocas horas antes del golpe, el empresario Jorge Antonio. Este hombre de negocios tuvo acceso al círculo más íntimo de Juan Domingo Perón, durante los gobiernos primeros del jefe del Justicialismo. En torno a su figura giró siempre un halo de misterio, por su actitud reservada y sus contactos financieros internacionales. Precisamente, la polìtica económica peronista impulsó su carrera meteórica a la cima del poder en Argentina.

"Al llegar a Devoto, atado con alambres a otros presos, me dieron una paliza y perdí todos los dientes"(Testimonio de Jorge Vázquez)
Durante el gobierno del Dr. Héctor Cámpora, Jorge Vázquez se desempeñó como subsecretario de Relaciones Exteriores, siendo canciller Juan Carlos Puig. La política del doctor Cámpora se caracterizó, en lo internacional, por establecer una línea de acercamiento hacia los regímenes de izquierda del continente. En el contexto de esa política, Jorge Vázquez solicita en Lima, el 21 de junio de 1973 durante una reunión de la OEA, la reincorporación de Cuba al organismo internacional regional. El Presidente de Cuba, Dorticos, había asistito el 25 de mayo a la toma de posesión del nuevo gobierno argentino. La caída de Cámpora significó en la práctica un avance de la derecha peronista. Lastiri lo reemplaza y cambia a Puig por Alberto Vignes en la cancillería, en tanto Vázquez se retira a trabajar en la actividad privada.

El día del golpe me buscan con cuatro camiones militares, me hicieron un simulacro de fusilamiento ante mis hijos y me llevaron trece días a Coordinación Federal (Una dependencia de la Policía Federal). Allí me encontraron tabicado, gracias a que pude hacer llegar un mensaje a mi familia con la intermediación de un sargento amigo. Después que me encontraron pasé a Devoto"(Testimonio de Jorge Vázquez).

"Le faltaban todos los dientes. Por eso le pusimos de sobrenombre Kid Devoto, como a los peleadores de boxeo".(Testimonio de Pedro D´Attoli).

Según Vázquez, en Devoto se encontró con otros compañeros que también estaban detenidos, como Grassi Sussini, Julio Guillán y los profesionales del Hospital Posadas, que - como consecuencia de una serie de reclamos que plantearon - fueron declarados subversivos y apresados. Vázquez fue de los últimos en incorporarse al pasaje del crucero preparado por la Armada. Con Pedro D´Attoli y Javier Cornejo Solá integró el grupo más joven del "33 Orientales".

La primavera de 1979 se empezaba a instalar en Buenos Aires. En los primeros días de septiembre llegaron los miembros de la Comisión Internacional de Derechos Humanos de la OEA, después de prolongadas y trabadas negociaciones con representantes del gobierno militar.

"El que hizo traer a la Comisión fuí yo, porque el Secretario Ejecutivo, el chileno Edmundo Vargas Carreño, es mi compadre, padrino de uno de mis hijos. Los militares no querían que la comisión visitara Córdoba porque hacia llí estaban trasladando desaparecidos. Ahí, en un pabellón de la cárcel de mujeres, en medio de un silencio provocado por las internas, escucharon ruidos detrás de una pared. Allí se encontraba gente que había sido tabicada. (Testimonio de Jorge Vázquez)

La Comisión fue recibida el 7 de septiembre por Videla y la Junta Militar, y posteriormente dialogaron con Lanusse y las autoridades de los partidos Radical, Justicialista e Intransigente. También lo hace con Lorenzo Miguel. Este dirigente le hace notar a la Comisión que el Movimiento Obrero debe lamentar la muerte, a manos del terrorismo, de Augusto Timoteo Vandor y José Rucci.

En esa circunstancia, algunos pensaron que la elaboración y entrega de un documento que presentara la real dimensión de los Derechos Humanos en la Argentina, contribuiría al esclarecimiento mundial de la situación del país, en manos de la dictadura. La idea surgió en el estudio jurídico de Vicente Saadi, dirigente catamarqueño de relevancia nacional. Sería entregado a la Comisión en nombre del Partido Justicialista. Cuentan testigos de ese momento que Deolindo F. Bittel había señalado: "Si no decimos nada ahora, no vamos a poder mirar a los ojos a nuestros hijos...". A su lado, se dice, Vicente Saadi asentía entrecerrando lo ojos, como era su costumbre. La expresión achinada de don Vicente remarcaba su astucia política.

"Antes que venga la Comisión me vino a ver a mi casa Edgardo Paz Barnica, que fuera canciller de Honduras. Lo acompañaba un colombiano. En esa reunión areglamos los detalles. El documento ya estaba escrito. Lo hice yo con mi mujer en San Isidro. Solo faltaba pasarlo a máquina, porque fue redactado en birome azul y roja: la tinta se había acabado. Nadie más tuvo que ver. Se quiso alivianar el contenido y me negué. El original quedó en la caja fuerte de la agencia France Press". (Testimonio de Jorge Vázquez).

Sobre el particular, hay otra versión.

"Nosotros ante de la llegada de la Comisión habíamos hecho reuniones con una mutipartidaria que nunca se proclamó como tal, pero que nos reuníamos en forma periódica... lo habíamos hecho por primera vez en la Federación Argentina de Petroleros del Estado, donde estuvieron Ricardo Balbín, Oscar Alende y otra gente... . Yo estaba un poco impresionado por la actitud de la izquierda, que decían iban a realizar virulentas declaraciones contra el gobierno. Tampo quise quedar descolocado. El primer documento no nos gustó. No estaba mal redactado pero no era lo suficientemente fuerte como para ser un impacto... para conmover a la opinión pública. Ahí es cuando interviene Jorge Vázquez, Alberto Iribarne, y en definitiva, la última parte de la redacción, el pulimento final, lo hicimos con Carlos Grosso. El me sugiría, por ejemplo, mire... aquí dice esto, es medio fuerte... podemos decir lo mismo con otras palabras. Yo, después de eso, no dormí en el hotel por unos días. Me quedé hasta terminar el documento, entregarlo, y luego...me fuí". (Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).

Por su parte, otro activo participante de ese momento señala:

"Alrededor de Bittel había un grupo de ex legisladores; dentro de él se encontrba Miguel Unamuno, que había sido el último ministro de Trabajo, y Vicente Saadi... En el 79 mismo o un poquito mas adelante, se incorpora para trabajar activamente Armando Caro, que había sido senador. También estaba Oraldo Britos, por nombrar sólo algunos. Se acerca también Jorge Vázquez, que es realmente el principal autor deñ documento que se le entrega a la Comisión Iternacional de Derechos Humanos de la OEA. El es el que hace el grueso del documento que, después, a pedido de Bittel, tiene unas correcciones formales y algún agregado que yo hago, y lo pasamos a máquina, porque en ese momento todo era muy casero... (Testimonio de Alberto Iribarne).

Sin embargo, la versión que reproducimos a continuación introduce una alternativa nueva sobre este trabajo del cual Jorge Taiana, preso en Magdalena, dijo: "fue una inyección de sangre caliente para los presos que languidecían en las cárceles"

"Recuerdo que en la reunión en que se trató el tema, Saadi se inclinó hacia nosotros y dijo que hacía falta un papelito. Salimos entonces de allí con Jorge Vázquez, pregutándonos donde íbamos a hacer un papelito. -
- Vamos a casa de Mario Cámpora - dijimos.
Mario vivía en la calle Guido al 1600. Muy eufóricos le explicamos de qué se trataba y él, escéptico, dudaba que se fuera a presentar algo a la Comisión. Esto tenía su justificación, porque estaba pasando por un momento especial, con su tio exiliado en la embajada de México y con poca solidadad del partido. De cualquier manera lo convencimos. Llegamos a las ocho de la noche y comimos. Estábamos Vazquez, Cámpora, yo y la mujer de Mario. A la una de la mañana nos pusimos a trabajar. Todos teníamos un compromiso personal con el tema: Vázquez acababa de salir en libertad, yo tenía a mi marido exiliado, Cámpora tenía a su tio sin poder salir de la embajada mexicana... Finalmente Mario agarró la máquina y comenzó a escribir. Creo que en definitiva tenía el documento casi hecho "in mente". Lo empezó a escribir de corrido y casi no nos dejó intervenir. Cuando sacó el documento lo corregimos. Ahí hubo una frase, la que habla del "exilio interior" que la agrega Jorge Vázquez. Me acuerdo porque cuando el documento toma estado público, fue una frase muy citada. Volvimos a pasar el escrito y recuerdo que Mario se embaló y abandonó toda reserva y Vázquez se servía wisky´s uno tras otro y caminaba... mientras la mujer de Mario nos preparaba café. Terminamos a las cinco de la mañana y ahí decidimos no mencionar para nada la intervención de Mario Cámpora, porque podía resular irritativo...(Testimonio de Nilda Garré).

El justicialismo, como Perón lo decía, es como una bolsa de la que pueden sacarse las sorpresas mas inesperadas. Este incidente lo confirma: si Bittel tenía temores por la reacción de la izquierda, el documento fue preparado por representantes de esta ideología que pertenecían al Partido Justicialista. Por otro lado, junto a la de Bittel, el escrito fue refrendado por el dirigente Herminio Iglesias, un representante cabal del sector de la derecha del mismo justicialismo.

- ¿Sabe por qué lo hice venir ? Porque si yo hubiera sido un juez de la Capital, esto no tendría la trascendencia que ha tenido. Yo quiero ser Presidente de la República, y con esto salto a la popularidad y constituyo mi primer base polìtica... Bittel no podía creer lo que escuchaba. El juez Pinto Kramer le estaba confesando sus razones para citarlo a declarar - por la presentación del documento a la Comisión de la OEA - en Rio Gallegos, a mas de tres mil kilómetros de su domicilio, con el fin principal de promocionarse. El juez llamó a su mujer y armó una reunión social. Se sobresaltó un tanto cuando escuchó bombos y tambores: - ¿No me va a decir que vino con el bombo? , le preguntó a Bittel, entre temeroso y esperanzado. En realidad, no eran los bombos del Tula - personaje infaltable del folklore peronista - sino la banda local que ensayaba en la plaza mayor de Rio Gallegos. Pinto Kramer le tomó declaración y lo despidió en la puerta del juzgado. "Lo voy a poner en libertad...", le dijo como otorgando una concesión inusual. Cuando traspuso la entrada del juzgado Bittel sintió alivio, con el aire fresco de la Patagonia. Las repercusiones de la presentación ante la Comisión fueron extraordinarias y la reacción de la dictadura no se hizo esperar. Este incidente en Rio Gallegos, solo fué una más de las tantas vicisitudes que le aportó la entrega del documento sobre Derechos Humanos al vicepresidente 1º del justicialismo.

"En una reunión previa con los gremios por este tema, evidentemente hubo un informante porque a las ocho de la mañana siguiente me llama Miguel Unamuno y me dice: "no me preguntés como lo sé pero te anticipo que la yuta (policía) lo sabe todo". Al otro dia fuí con el documento en el bolsilo para que firmen y me encuentro con que los apretaron a todos: "van en cana (presos) y pierden los gremios", le dijeron. Cuando ví el ambiente les dije: "muchachos... ustedes bancaron el movimiento durante largo tiempo. Ahora ésta me la banco yo". Y me fuí porque entendí que debía asumir la responsabilidad medio solo porque tampoco la gente del partido me quiso firmar... Ahí en el Hotel Savoy, cuando teníamos que tener la reunión a las cinco de la tarde no apareció nadie; el único fue Herminio Iglesias y un muchacho Juan Carlos Vidal; y con ellos dos y Paulino Niembro fuí esa noche y entregué el documento. La prensa nos dió mucho espacio. Al día siguiente fuimos solitos a comer Miguel Unamuno y yo, y un periodista me dice: "en la Casa de Gobierno no saben si lo van a tirar de un avión o le atan una piedra y lo tiran al rio". Entonces me fui por varios dias. Después vinieron las citaciones. Un juez de Paraná también me hizo ir para allá. Me encontré con Herminio Iglesias y Alberto Fonrouge y me dijeron que podían sacudirme veinticino años por la cabeza. Tengo que ser gil para poner la cabeza en el cepo - dije yo - si me dan veinticinco años me voy al Paraguay. Entonces mis abogados fueron a hablar con el juez y la verdad no sé por qué me citó, porque me presenté, me hizo un breve interrogatorio y poco menos me sacó a los empujones porque tenía unas ganas de verme lo más lejos posible. Cualquiera que es citado por un juez en época de dictadura tiene que ser un héroe o un mártir si no tiene miedo. Yo recuerdo que antes de ver a Pinto Kramer (el juez que lo citó en la Patagonia), un compañero que trabajaba en Institutos Penales me trajo unas fotocopias de cuando el juez colaboró con Cámpora para la liberación de los presos políticos. "Si te aprieta, mostrale esto", me dijo, pero no hizo falta porque el hombre se portó bien". (Testimonio de Deolindo Felipe Bittel).

La visita de la CIDH de la OEA marcó un punto de inflexión en la lucha por la recuperación de la democracia y, particularmente, fijó posición en relación al tema y su vinculación con el gobierno de facto. Los dirigentes obreros, que en su mayoría se habían negado a adherirse al documento partidario, entregaron su propio trabajo por medio de la flamante Conducción Unica de Trabajadores Argentinos a la que había adherido, entr otros, metalúrgicos, textiles, correo y telégrafo, mercantiles, Luy y Fuerza, Sanidad, viajantes, Foetra, Soeme, Electricistas Navales, SUPE (petroleros), Obrs Sanitarias, SMATA (otra rama metalúrgica), taxistas, camioneros, empleados del Vidrio, del Tabaco, etc. Representaron a la entidad Juan Horvath, Carlos Cabrera, José Luis Castillo, Alberto Perrone, Saúl Ubaldini y Manuel Diz Rey. La preocupación del sector se centró en condenar la subversión y responsabilizar al programa económico vigente que "agrede a la familia argentina".

Esta actitud de dirigientes también justicialistas se comprende si se conoce la realidad de las organizaciones gremiales argentinas en ese momento. Los acuerdo de los militares con los sindicatos partieron de la base de dejarle a ciertos dirigentes la conducción de su gremio. Con esto el gobierno se aseguraba sino adhesión, por lo menos indiferencia hacia los problemas que comenzaban a plantearse. Los dirigentes conseguían, de esa manera, seguir manejando la caja del sindicato. En algunos casos, este manejo significó la disponibilidad de dinero para la financiación de tareas de resistencia. Bajo este parámetro debe comprendere la actitud de los dirigentes que se acercaron a Bittel en Resistencia, poniendo a su disposición un portafolio lleno de plata, para que organizara el partido durante el tiempo de la dictadura.

La ex Presidente por su parte, señalando sutilmente la condición de extranjeros de los visitantes - posición que también hace suya la cúpula militar - se extiende en consideraciones sobre el justicialismo, emparentando su filosofía con la doctrina de la iglesia católica.

El documento del Partido Justicialista (ver completo en nota aparte y enlace con el documento de la OEA) tuvo una inusitada repercusión en los medios. En distintas cárceles todavía se encontraban muchos de aquellos que pasaron por el buque "33 Orientales". En centro clandestinos, la tortura avasallaba la condición humana.

FIN DEL CAPITULO


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El autor:
Ricardo E. Brizuela es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en comunicación, de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación histórica, habiendo publicado hasta la fecha mas de 200 monografías con diversos temas de esta disciplina y economía, en diferentes medios de varios países.
La primera edición de Pasajeros de la Historia se publicó en Buenos Aires en 1993.
Actualmente el autor se desempeña como consultor de empresas en comunicaciones, al frente de su estudio, en toda el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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