La historia de todos
Isabel y los barquitos de Massera
 
NOVEDADES
ARGENTINOS de JORGE LANATA
"Me siento argentino hasta los defectos más vergonzosos. Sin embargo, frente a la Historia que me contaban mis maestros yo resultaba un bicho raro: recité durante años una Historia sin pelea, hecha por hombres de bronce que miraban a lo lejos; aprendí un país tan perfecto que nadie podría enamorarse de él."
"No había humanos aquí, sino argentinos, una especie de elegidos a los que la realidad, sin embargo, se les negaba. Me enseñaron que éramos los mejores, pero crecí observando qiue siempre nos iba mal. Anoté año tras año que nuestro destino era mañana, y hasta llegué a escribir: Soy argentino porque espero. ¿Esperar, qué? Que todo cambie, que Perón vuelva, que la dictadura termine, que llegue el verano: una larga espera sin atinar a nada, sino a que las cosas llegaran solas."
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Capítulo 5

LOS DIAS DE OTOÑO

Dieron comienzo, entonces, los largos dias de cautiverio en el ARA Ciudad de La Plata. Los detenidos, a medida que iban llegando, permanecían cuarenta y ocho horas incomunicados y luego de ese período se encontraban con todos en las horas de las comidas.

Había muy poco tiempo porque al mediodia y a la noche, sólo permanencían veine minutos juntos. Estaba prohibido conformar grupos y sólo podían dialogar entre dos.

"Cuando me encontré con todos pude advertir que había temor y hasta miedo en la mirada de ellos". (Testimonio de Lesio Romero).

Después de las comidas eran llevados de nuevo a los camarotes-celdas. Algunos estaban solos, otros compartían el lugar. Luego de un tiempo se les permitió caminar por la cubierta en horas de la noche. Esto se hacía en fila india y con custodia armada que no permitía nada mas que el movimiento de seguirse unos a otros en un paseo silencioso. Del lado del atracadero podían contemplar los galpones silenciosos del puerto. Del lado del río, el agua oscura y los barcos que se balanceaban. La comunicación entre ellos era muy poca y cada uno elaboraba en silencio su condición de detenido asumiendo esta circunstancia de diferentes formas.

"Yo no voy a hablar de debilidades humanas que alí se manifestaron, pero sí voy a resaltar la actitud de algunos. En primer lugar de Lorenzo Miguel, que siemepre estuvo dispuesto a levantar el ánimo de algún compañero. También del doctor José Deheza que marcó una línea entre él y sus carceleros. La hombría de bien del doctor Brunello. La silenciosa y digna actitud de Jorge Taiana..." (Testimonio de Lesio romero).

Y ese día se llevó a cabo el traslado de los detenidos desde el buque ARA Ciudad de La Plata al ARA 33 Orientales. Ambas embarcaciones fueron puestas a la par y unidos por planchadas de embarque. La larga fila fue pasando de uno al otro llevando consigo, cada uno de ellos, todos sus efectos personales. Transcurrieron casi dos meses del golpe y este tiempo fue aligerando un poco las condiciones de vida de los prisioneros. Fueron autorizados a recibir visitas por lo que, en los días fijados, largas colas se formaban en el atracadero. Solamente podían ingresar parientes directos: padres, esposas o hijos. Se permitió también la lectura de diarios. Se repartían cortados porque los marinos temían que en algun aviso llegaran mensajes cifrados a los prisioneros. Esto en alguna medida indica el control absoluto que el poder tenía de los medios escritos. También fue permitido tener aparatos de radio y de televisión. Esto les hizo totmar contacto con el mundo, aunque la mayoría de los medios audivisuales, controlados también por el gobierno, estaban empeñados en una campaña francamente hostil a la democracia.

Un buen número de detenido había llegado y abandonado el barco. Tal era el caso de Deolindo Felipe Bittel, que estuvo poco tiempo y fue llevado a su provincia. Martínez Baca, Ricarto Otero y Pedro Arrighi que, muy enfermos, fueron conducidos a otros destinos. Guido Di Tella y Torcuato Di Tella fueron favorecidos por gestiones del entonces ministro de economía Alfredo Martínez de Hoz. Un caso excepcional lo constituyó el gremialista Armando Cavallieri que fue liberado a las tres horas de haber sido detenido y llevado al barco.

Muchos destacan la actitud de la dirigente Norma Kenedy, cuyo temperamento la enfrentó con sus carceleros a quienes insultaba a gritos. Inició una huelga de hambe y a los pocos días fue destinada a otra cárcel. En el momento de despedirse saludó uno por uno a cada preso, pero al llegar a quien consideraba de conducta cuestionable, con palabras y gestos le hacía conocer su pensamiento sobrre el comportamiento que, según ella, lo descalificaba. En esta instancia, su entredicho con con el ex diputado Eduardo Farías motivó que éste corriera a requerir el auxilio de los marinos.

Algunos inconvenientes tuvo el traspaso de un barco a otro, sobre todo por la avanzada edad de algunos detenidos. El movimientos de los barcos apareados hacía que el paso, aunque seguro, fuera dificultoso. Al llegar al otro buque eran redistribuídos.

Cuando no escuchó otros movimientos comprendió que él no sería conducido como todos al 33 Orientales. Con desánimo se sentó en la cama tomando con una mano su valija. Estuvo así un largo tiempo tratando de no pensar en nada. No podía hacerlo por cualquier cosa, cualquier recuerdo, le traían imágenes insoportables. No supo cuanto tiempo había pasado cuando se abrió la puerta del camarote para dejar paso al oficial.

- Usted va a otro lado - le dijo.
Este anuncio no lo tranquilizó precisamente.

"En el 33 Orientales ya no estuvo con nosotros. Al fin nunca supimos quien ocupaba aquella celda que siempre permaneció cerrada" (Testimonio de Lesio Romero)

El 33 Orientales era mas amplio. Allí disponían de dos camarotes enfrentados con capacidad para dos personas cada uno, y un baño en el medio. Estas celdas estaban a los lados de un pasillo y formaban una "U". El comedor se encontraba en la curva y en el extremo el paso se cerraba con una reja. Esto les daba mayor libertad para moverse. Allí se llevó a cabo también un simulacro de ataque.

El ambiente mas distendido dió paso a situaciones hilarantes. Dos detenidos fueron víctimas de acciones insólitas. Uno de ellos, el Comandante de Gendarmería Scotto Rosende, víctima frecuente de las bromas de sus compañeros mas jóvenes, una vez retblecido el orden y con las luces prendidas alzó su voz indignada preguntando: "¿Quien fue el mal parido que quiso acogotarme en la oscuridad?". Lesio Romero - apodado Anthony Eden por sus respuestas poco diplomáticas - sonreía recordando cómo el viejo comandante se desesperaba tratando de liberarse de las tenazas de sus manos.

En el otro caso, el detenido de que se trataba había ingresado sl barco hacía escasas veinticuatro horas. Cuando escuchó la sirena de alarma se sobesaltó, interrogándose qué sorpresas le esperaban ahora. Pocas horas antes había estado conversando tranquilamente con amigos, disfrutando de un espectáculo deportivo. Allí fue detenido por la policía y apareció encapuchado en una celda del barco. Como todos, debía cumplir el período de cuarenta y ocho horas de incomunicación, y en eso estaba cuando el ruído infernal de la alarma lo puso tenso, confirmando otra vez que caminaba sobre un tembladeral de imprevistos. Se quería explicar qué pasaba, mientras las luces parpadearon y se extinguieron. Todo quedo en absoluta oscuridad. Pensó que lo único que podía hacer era tirarse al piso. Se arrastró entonces debajo de la cama ocupando el estrecho espacio con la dificultad que le planteaba su físico. De esta manera Rogelio Papagno estaba inaugurando su condición de detenido.

El 33 Orientales retornó al puerto de Buenos Aires cumplida su misión de recibir río afuera a los pasajeros-presioneros.

A pocos metros del apostadero, en la Casa de Gobierno, se había hecho cargo del país una Junta Militar. Estaba integrada por los tres comandantes: general Jorge Rafael Videla; almirante Emilio Massera y brigadier Orlando Agosti. El Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea estaban así representadas en la cúspide del poder con una porción del 33 por ciento pactada para cada una de las fuerzas. Matemáticamente quedaba un margen de un 1 por ciento, que en la práctica se sobrepuso con creces - como veremos - al manejo de los uniformados.

El porcentaje salomónico al que se ajustaban los comandantes dió lugar a un reparto de influencia en distintos sectores de la comunidad y en un ordenamiento geográfico de responsabilidades. La Marina y la Fuerza Aérea excepcionalmente que el Comandante de Ejército ejerciera también el cargo de Presidente del gobierno ante la imposibilidad de que este cargo fuera cubierto por un oficial retirado, lo cual hubiera puesto en prinicipio, en indiscutible inferioridad jerarárquica a quien detentara la mayor responsabilidad del país.

Jorge Rafael Videla, un año antes, se encontraba en situación de disponibilidad por ordel del entonces Comandante General Numa Laplane. Utilizó su vinculación con Raúl Lastiri para solicitar se rreviera esa situación que era la antesala de su retiro. Este fracasó en un primer intento con Laplane pero insisitió con su suego López Rega que estaba a cargo del Ministerio de Bienestar Social y el futuro general golpista volvió al servicio activo.

El 27 de agosto de 1975, ante un desembozado planteo de los Jefes de Ejército, Isabel Perón pasa a retiro a Numa Laplane y al general Alberto Cáceres, siguiendo el consejo de algunos miembros de su gabinete y de los comandantes de las otras fuerzas. Así se instala al frente de la mayor fuerza Jorge Rafael Videla como comandante en Jefe. Desde allí construye este oscuro militar el salto que, sorteando la legaliad, le llevaría a ejercer "de facto" la presidencia de la Nación. El por qué retira Isabel a Laplane y Cáceres debe buscarse en la decisión de ganar tiempo tratando de calmar a los mandos militares. Ninguno de estos ex jefes - menos Cáceres - tenían la intención de ceder ante las presiones de sus colegas.

Videla asume su como Presidente el 30 de marzo de 1976 y en su discurso señala que "los hechos acaecidos el 24 de marzo no materializan solamente la caída de un gobierno. Significan por el contrario, el cierre definitivo de un ciclo histórico y la apertura de uno nuevo...". El iluminismo uniformado retornaba a escena, esta vez repreentado por nuevos actores con viejos libretos.

En el mismo acto se hacen cargo de sus funciones los integrantes del gabinete ministerial que acompañaría al primer gobierno autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional". Y es aquí donde aparece quien detentó es 1 por ciento que, en la práctica y por los aliados conque contaba, logró casi el 50 por ciento de la influencia en todo el poder. La historia de su vinculación con el esquema golpista se establce en los primeros dias de 1976.

Es entonces cuando el gobierno de Isabel salió a buscar refinanciación de la deuda externa. Los bancos acreedores enviaron a Buenos Aires emisarios que consultaron con los titulares de las Fuerzas Armadas y éstos le transmitieron la decisión de tomar el poder. Como resultado, la banca internacional rechazó las gestiones del gobierno de la democracia y se mantuvo a la espera de los acontecimientos. Sin embargo, los militares - ya sea porque no tenían asesores en sus filas sobre el tema económico o para congraciarse con el poder financiero internacional - pidió a los bancos representados en el país por el Citibank, que les señalara un hombre que consideraran idóneo para dirigir la economía del país. La respuesta, como en el aso del zorro que aconseja la altura de la alambrada del gallinero, no tardó en volver: el hombre de confianza era, naturalmente, un empresario. Así, el mismo día que asume Videla, también lo hace el doctor José A. Martínez de Hoz como Ministro de Economía.

L a Marina designó a sus representantes en el Ministerio de Bienestar Social y en Relaciones Exteriores, el Ejército tomó para sí la responsabilidad de Interior y Trabajo y la Fuerza Aérea se quedó con las carteras de Defensa y Justicia.

Sin embargo, Martinez de Hoz, además de su ministerio, se aseguró de constituir un coto privado con la designación de embajadores en las principales capitales y de dirigir los ombramientos en las áreas de conomía de las provincias. Esto, pese al acuerdo de la distribución de roles de las fuerzas armadas, le otorgó al empresario un espacio casi tan importante como la de cualquiera de los comanadantes. Pero a éstos el tema económico no les interesaba y tenían la creencia que con la designación de un representante del capitalismo internacional, podían despreocuparse del asunto. Ya se verá - en estas páginas - como quedó el país en lo económico después del gobierno militar.

Pronto los principales actores del gobierno militar se darían, con pasión, al trabajo de construir sus respectivas bases de sustentación política que, al tiempo de justificar el golpe, les permitiera afianzarse en el esquema de poder del país. Así veremos cómo, mientras el país se sumía en la desesperanza, encumbrados políticos aportaban su presencia para apoyar a los miembros de la junta militar.(Ver documento)


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El autor:
Ricardo E. Brizuela es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en comunicación, de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación histórica, habiendo publicado hasta la fecha mas de 200 monografías con diversos temas de esta disciplina y economía, en diferentes medios de varios países.
La primera edición de Pasajeros de la Historia se publicó en Buenos Aires en 1993.
Actualmente el autor se desempeña como consultor de empresas en comunicaciones, al frente de su estudio, en toda el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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