"Me
siento argentino hasta los defectos más vergonzosos.
Sin embargo, frente a la Historia que me contaban mis maestros
yo resultaba un bicho raro: recité durante años
una Historia sin pelea, hecha por hombres de bronce que miraban
a lo lejos; aprendí un país tan perfecto que
nadie podría enamorarse de él."
"No había humanos aquí, sino argentinos,
una especie de elegidos a los que la realidad, sin embargo,
se les negaba. Me enseñaron que éramos los mejores,
pero crecí observando qiue siempre nos iba mal. Anoté
año tras año que nuestro destino era mañana,
y hasta llegué a escribir: Soy argentino porque espero.
¿Esperar, qué? Que todo cambie, que Perón
vuelva, que la dictadura termine, que llegue el verano: una
larga espera sin atinar a nada, sino a que las cosas llegaran
solas."
LIBROS
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Capítulo
5
LOS
DIAS DE OTOÑO
Dieron
comienzo, entonces, los largos dias de cautiverio en el ARA Ciudad
de La Plata. Los detenidos, a medida que iban llegando, permanecían
cuarenta y ocho horas incomunicados y luego de ese período
se encontraban con todos en las horas de las comidas.
Había muy poco tiempo porque al mediodia y a la noche, sólo
permanencían veine minutos juntos. Estaba prohibido conformar
grupos y sólo podían dialogar entre dos.
"Cuando me encontré con todos pude advertir que había
temor y hasta miedo en la mirada de ellos". (Testimonio de
Lesio Romero).
Después de las comidas eran llevados de nuevo a los camarotes-celdas.
Algunos estaban solos, otros compartían el lugar. Luego de
un tiempo se les permitió caminar por la cubierta en horas
de la noche. Esto se hacía en fila india y con custodia armada
que no permitía nada mas que el movimiento de seguirse unos
a otros en un paseo silencioso. Del lado del atracadero podían
contemplar los galpones silenciosos del puerto. Del lado del río,
el agua oscura y los barcos que se balanceaban. La comunicación
entre ellos era muy poca y cada uno elaboraba en silencio su condición
de detenido asumiendo esta circunstancia de diferentes formas.
"Yo no voy a hablar de debilidades humanas que alí se
manifestaron, pero sí voy a resaltar la actitud de algunos.
En primer lugar de Lorenzo Miguel, que siemepre estuvo dispuesto
a levantar el ánimo de algún compañero. También
del doctor José Deheza que marcó una línea
entre él y sus carceleros. La hombría de bien del
doctor Brunello. La silenciosa y digna actitud de Jorge Taiana..."
(Testimonio de Lesio romero).
Y ese día se llevó a cabo el traslado de los detenidos
desde el buque ARA Ciudad de La Plata al ARA 33 Orientales. Ambas
embarcaciones fueron puestas a la par y unidos por planchadas de
embarque. La larga fila fue pasando de uno al otro llevando consigo,
cada uno de ellos, todos sus efectos personales. Transcurrieron
casi dos meses del golpe y este tiempo fue aligerando un poco las
condiciones de vida de los prisioneros. Fueron autorizados a recibir
visitas por lo que, en los días fijados, largas colas se
formaban en el atracadero. Solamente podían ingresar parientes
directos: padres, esposas o hijos. Se permitió también
la lectura de diarios. Se repartían cortados porque los marinos
temían que en algun aviso llegaran mensajes cifrados a los
prisioneros. Esto en alguna medida indica el control absoluto que
el poder tenía de los medios escritos. También fue
permitido tener aparatos de radio y de televisión. Esto les
hizo totmar contacto con el mundo, aunque la mayoría de los
medios audivisuales, controlados también por el gobierno,
estaban empeñados en una campaña francamente hostil
a la democracia.
Un buen número de detenido había llegado y abandonado
el barco. Tal era el caso de Deolindo Felipe Bittel, que estuvo
poco tiempo y fue llevado a su provincia. Martínez Baca,
Ricarto Otero y Pedro Arrighi que, muy enfermos, fueron conducidos
a otros destinos. Guido Di Tella y Torcuato Di Tella fueron favorecidos
por gestiones del entonces ministro de economía Alfredo Martínez
de Hoz. Un caso excepcional lo constituyó el gremialista
Armando Cavallieri que fue liberado a las tres horas de haber sido
detenido y llevado al barco.
Muchos destacan la actitud de la dirigente Norma Kenedy, cuyo temperamento
la enfrentó con sus carceleros a quienes insultaba a gritos.
Inició una huelga de hambe y a los pocos días fue
destinada a otra cárcel. En el momento de despedirse saludó
uno por uno a cada preso, pero al llegar a quien consideraba de
conducta cuestionable, con palabras y gestos le hacía conocer
su pensamiento sobrre el comportamiento que, según ella,
lo descalificaba. En esta instancia, su entredicho con con el ex
diputado Eduardo Farías motivó que éste corriera
a requerir el auxilio de los marinos.
Algunos inconvenientes tuvo el traspaso de un barco a otro, sobre
todo por la avanzada edad de algunos detenidos. El movimientos de
los barcos apareados hacía que el paso, aunque seguro, fuera
dificultoso. Al llegar al otro buque eran redistribuídos.
Cuando no escuchó otros movimientos comprendió
que él no sería conducido como todos al 33
Orientales. Con desánimo se sentó en la cama
tomando con una mano su valija. Estuvo así un largo tiempo
tratando de no pensar en nada. No podía hacerlo por cualquier
cosa, cualquier recuerdo, le traían imágenes insoportables.
No supo cuanto tiempo había pasado cuando se abrió
la puerta del camarote para dejar paso al oficial.
- Usted va a otro lado - le dijo.
Este anuncio no lo tranquilizó precisamente.
"En el 33 Orientales ya no estuvo con
nosotros. Al fin nunca supimos quien ocupaba aquella celda que siempre
permaneció cerrada" (Testimonio de Lesio Romero)
El 33 Orientales era mas amplio. Allí disponían
de dos camarotes enfrentados con capacidad para dos personas cada
uno, y un baño en el medio. Estas celdas estaban a los lados
de un pasillo y formaban una "U". El
comedor se encontraba en la curva y en el extremo el paso se cerraba
con una reja. Esto les daba mayor libertad para moverse. Allí
se llevó a cabo también un simulacro de ataque.
El ambiente mas distendido dió paso a situaciones hilarantes.
Dos detenidos fueron víctimas de acciones insólitas.
Uno de ellos, el Comandante de Gendarmería Scotto Rosende,
víctima frecuente de las bromas de sus compañeros
mas jóvenes, una vez retblecido el orden y con las luces
prendidas alzó su voz indignada preguntando: "¿Quien
fue el mal parido que quiso acogotarme en la oscuridad?". Lesio
Romero - apodado Anthony Eden por sus respuestas poco diplomáticas
- sonreía recordando cómo el viejo comandante se desesperaba
tratando de liberarse de las tenazas de sus manos.
En el otro caso, el detenido de que se trataba había ingresado
sl barco hacía escasas veinticuatro horas. Cuando escuchó
la sirena de alarma se sobesaltó, interrogándose qué
sorpresas le esperaban ahora. Pocas horas antes había estado
conversando tranquilamente con amigos, disfrutando de un espectáculo
deportivo. Allí fue detenido por la policía y apareció
encapuchado en una celda del barco. Como todos, debía cumplir
el período de cuarenta y ocho horas de incomunicación,
y en eso estaba cuando el ruído infernal de la alarma lo
puso tenso, confirmando otra vez que caminaba sobre un tembladeral
de imprevistos. Se quería explicar qué pasaba, mientras
las luces parpadearon y se extinguieron. Todo quedo en absoluta
oscuridad. Pensó que lo único que podía hacer
era tirarse al piso. Se arrastró entonces debajo de la cama
ocupando el estrecho espacio con la dificultad que le planteaba
su físico. De esta manera Rogelio Papagno estaba inaugurando
su condición de detenido.
El 33 Orientales retornó al puerto de Buenos
Aires cumplida su misión de recibir río afuera a los
pasajeros-presioneros.
A pocos metros del apostadero, en la Casa de Gobierno, se había
hecho cargo del país una Junta Militar. Estaba integrada
por los tres comandantes: general Jorge Rafael Videla; almirante
Emilio Massera y brigadier Orlando Agosti. El Ejército, la
Armada y la Fuerza Aérea estaban así representadas
en la cúspide del poder con una porción del 33 por
ciento pactada para cada una de las fuerzas. Matemáticamente
quedaba un margen de un 1 por ciento, que en la práctica
se sobrepuso con creces - como veremos - al manejo de los uniformados.
El
porcentaje salomónico al que se ajustaban los comandantes
dió lugar a un reparto de influencia en distintos sectores
de la comunidad y en un ordenamiento geográfico de responsabilidades.
La Marina y la Fuerza Aérea excepcionalmente que el Comandante
de Ejército ejerciera también el cargo de Presidente
del gobierno ante la imposibilidad de que este cargo fuera cubierto
por un oficial retirado, lo cual hubiera puesto en prinicipio, en
indiscutible inferioridad jerarárquica a quien detentara
la mayor responsabilidad del país.
Jorge Rafael Videla, un año antes, se encontraba en situación
de disponibilidad por ordel del entonces Comandante General Numa
Laplane. Utilizó su vinculación con Raúl Lastiri
para solicitar se rreviera esa situación que era la antesala
de su retiro. Este fracasó en un primer intento con Laplane
pero insisitió con su suego López Rega que estaba
a cargo del Ministerio de Bienestar Social y el futuro general golpista
volvió al servicio activo.
El 27 de agosto de 1975, ante un desembozado planteo de los Jefes
de Ejército, Isabel Perón pasa a retiro a Numa Laplane
y al general Alberto Cáceres, siguiendo el consejo de algunos
miembros de su gabinete y de los comandantes de las otras fuerzas.
Así se instala al frente de la mayor fuerza Jorge Rafael
Videla como comandante en Jefe. Desde allí construye este
oscuro militar el salto que, sorteando la legaliad, le llevaría
a ejercer "de facto" la presidencia de la Nación.
El por qué retira Isabel a Laplane y Cáceres debe
buscarse en la decisión de ganar tiempo tratando de calmar
a los mandos militares. Ninguno de estos ex jefes - menos Cáceres
- tenían la intención de ceder ante las presiones
de sus colegas.
Videla asume su como Presidente el 30 de marzo de 1976 y en su discurso
señala que "los hechos acaecidos el 24 de marzo no materializan
solamente la caída de un gobierno. Significan por el contrario,
el cierre definitivo de un ciclo histórico y la apertura
de uno nuevo...". El iluminismo uniformado retornaba a escena,
esta vez repreentado por nuevos actores con viejos libretos.
En el mismo acto se hacen cargo de sus funciones los integrantes
del gabinete ministerial que acompañaría al primer
gobierno autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional".
Y es aquí donde aparece quien detentó es 1 por ciento
que, en la práctica y por los aliados conque contaba, logró
casi el 50 por ciento de la influencia en todo el poder. La historia
de su vinculación con el esquema golpista se establce en
los primeros dias de 1976.
Es
entonces cuando el gobierno de Isabel salió a buscar refinanciación
de la deuda externa. Los bancos acreedores enviaron a Buenos Aires
emisarios que consultaron con los titulares de las Fuerzas Armadas
y éstos le transmitieron la decisión de tomar el poder.
Como resultado, la banca internacional rechazó las gestiones
del gobierno de la democracia y se mantuvo a la espera de los acontecimientos.
Sin embargo, los militares - ya sea porque no tenían asesores
en sus filas sobre el tema económico o para congraciarse
con el poder financiero internacional - pidió a los bancos
representados en el país por el Citibank, que les señalara
un hombre que consideraran idóneo para dirigir la economía
del país. La respuesta, como en el aso del zorro que aconseja
la altura de la alambrada del gallinero, no tardó en volver:
el hombre de confianza era, naturalmente, un empresario. Así,
el mismo día que asume Videla, también lo hace el
doctor José A. Martínez de Hoz como Ministro de Economía.
L a Marina designó a sus representantes en el Ministerio
de Bienestar Social y en Relaciones Exteriores, el Ejército
tomó para sí la responsabilidad de Interior y Trabajo
y la Fuerza Aérea se quedó con las carteras de Defensa
y Justicia.
Sin embargo, Martinez de Hoz, además de su ministerio, se
aseguró de constituir un coto privado con la designación
de embajadores en las principales capitales y de dirigir los ombramientos
en las áreas de conomía de las provincias. Esto, pese
al acuerdo de la distribución de roles de las fuerzas armadas,
le otorgó al empresario un espacio casi tan importante como
la de cualquiera de los comanadantes. Pero a éstos el tema
económico no les interesaba y tenían la creencia que
con la designación de un representante del capitalismo internacional,
podían despreocuparse del asunto. Ya se verá -
en estas páginas - como quedó el país en lo
económico después del gobierno militar.
Pronto los principales actores del gobierno militar se darían,
con pasión, al trabajo de construir sus respectivas bases
de sustentación política que, al tiempo de justificar
el golpe, les permitiera afianzarse en el esquema de poder del país.
Así veremos cómo, mientras el país se sumía
en la desesperanza, encumbrados políticos aportaban su presencia
para apoyar a los miembros de la junta militar.(Ver
documento)
L e avisaremos por mail cuando hayamos instalado material.
OTROS TITULOS
El
autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en comunicación,
de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación
histórica, habiendo publicado hasta la fecha mas de
200 monografías con diversos temas de esta disciplina
y economía, en diferentes medios de varios países.
La primera edición de Pasajeros
de la Historia se publicó en Buenos
Aires en 1993.
Actualmente el autor se desempeña como consultor de
empresas en comunicaciones, al frente de su estudio, en toda
el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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