En
una de las numerosas cartas escritas por Juan Domingo Perón
desde el exilio, retó a duelo al general Pedro Eugenio
Aramburu y lo calificó de "gallina", "salvaje",
"bruto" e "ignorante".
En los cinco años que siguieron al derrocamiento de Perón,
el ex presidente se estableció en distintos puntos del continente
americano con suerte dispar.
En Panamá conoció en la víspera de Navidad
de 1955 a quien sería su tercera esposa, y tres años
después - en Caracas - asistió al derrocamiento de
su amigo Perez Gimenez y estuvo a punto de ser arrollado por una
horda de desarrapados que se dedicaban al pillaje.
Finalmente se estableció en Ciudad Trujillo,
hasta que a principios de 1960 decidió viajar a España
en un accidentado vuelo.
En Panamá el general se enteró el 5 de marzo de 1956
de agravios vertidos contra su
persona por el general Eugenio Aramburu, uno de los líderes
de la revolución que lo derrocó en 1955 y presidente
de facto.
Tomando conocimiento de ello le escribió a su colega militar
un carta con duros conceptos: "Si tiene duda sobre
mi valor personal (...) el país tiene muchas fronteras: lo
esperaré en cualquiera de ellas para que me demuestre que
usted es mas valiente que yo. Lleve sus armas, porque el valor a
que me refiero sólo se demuestra frente a otro hombre y no
utilizando las armas de la Patria para hacer asesinar a sus hermanos".
"Y sepa para siempre - continúa - que el valor se demuestra
personalmente y que, por ser una virtud, no puede delegarse. Hágalo;
solo así me podría probar que no es la gallina que
siempre conocí. Si usted no lo hace y el Pueblo no lo cuelga,
como merece y espero, algún dia nos encontraremos: allí
le haré tragar su lengua de irresponsable".
Este
encuentro nunca se llevó a cabo: pocos años después
el general Pedro Eugenio Aramburu fue secuestrado por Montoneros
y ejecutado.
Durante su estadía en América, Perón se comunicaba
con sus seguidores mas consecuentes.
De esa manera comienza un tejido de relciones que mantiene la vigencia
no solo de su nombre, sino que también procura mantener viva
las expectativas de su doctrina.
A Florencio Monzón, que se encontraba en
Santiago de Chile, le manifiesta que "por la carta que dejó
allí el amigo Enrique Oliva, veo que los
muchachos trabajan activamente en el interior del país".
Establece así una red que opera en Brasil, Uruguay,
Paraguay, Bolivia y Chile, armando un sistema de postas
que hace circular clandestinamente las cartas de Perón en
todo el territorio argentino.
El 2 de noviembre de 1956 firma una autorización nombrando
al ex diputado John William Cook - "actualmente
preso" según se indicaba en la misiva - para que asuma
su representación en "todo acto o acción política".
En 1957 reconoce la instrumentación de un trabajo para llevar
a todos los peronistas a un estado insureccional mediante las "Directivas
Generales para todos los peronistas" y las "Instrucciones
Generales".
Este trabajo pareciera haber sido encarado por Perón sólo
con un criterio voluntarista, sin una organización razonable
en principio. Así lo indica una carta que dirige a Norberto
Glasso - quien le consulta sobre una correspondencia a
Raúl Scalabrini Ortíz - y que Perón
contesta: "Con referencias a las cartas del amigo Don Raúl
Scalabrini Ortíz, desgraciadamente, no tengo copia porque,
en esta vida un poco transhumante del exiliado político no
llevo archivo".
Ya en España, esta situación cambia
gracias a los recursos que aporta el empresario Jorge Antonio,
su amigo y mecenas. En la residencia de Puerta de Hierro
se organiza el trabajo con el manejo de archivos y colaboradores.
Uno de éstos sostiene en un testimonio valioso: "La
actividad se cumplía en turnos de seis horas y el mismo Perón
trabajaba permanentemente en la elaboración y redacción
de mensajes, cartas y estudios analíticos, destinando muy
pocas horas al descanso".
"Apenas dormía cuatro horas por día - dice el
colaborador de aquellos tiempos en Puerta de Hierro - y él
personalmente despachaba la correspondencia, sin que delegara este
trámite en nadie"
Cuantan en Madrid: "Bajaba por la calle de Alcalá hasta
el correo que todavía se encuentra frente a la Plaza de Las
Cibeles".
Entre el equipo de colaboradores se destacaban el ex presidente
de la Corte Suprema, Rodolfo Valenzuela, el periodista
Américo Barrios y su biógrafo personal,
don Enrique Pavón Pereyra. Respecto a éste
último hay que destacar que cumplió cabalmente su
misión de transmitir fielmente el perfil que Juan
Domingo Perón quiso que se conociera de él.
Sobre el particular, otra nota sobre el creador del justicialismo
- El
Mito Perón- que escribimos oportunamente y
fue publicada en diferentes medios, señala la necesidad que
tuvo el ex presidente de formarse su propia imagen desde su ingreso
al Liceo Militar.
Comunicación: este viejo término que se puso de moda
con la globalización, acompaña la actividad del ser
humano aún antes del invento del alfabeto. Perón
sabía mucho sobre este tema.
L e avisaremos por mail cuando hayamos instalado material.
OTROS
TITULOS
El
autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en comunicación,
de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación histórica, habiendo
publicado hasta la fecha mas de 200 monografías con diversos
temas de esta disciplina y economía, en diferentes medios
de varios países.
La primera edición de Pasajeros de la Historia
se publicó en Buenos Aires en 1993.
Actualmente el autor se desempeña como consultor de empresas
en comunicaciones, al frente de su estudio, en toda el área
de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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