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LAS VIDAS DEL GENERAL por TOMAS ELOY MARTINEZ
LA NOVELA DE PERON por TOMAS ELOY MARTINEZ

UN MITO LLAMADO PERON

Por Ricardo Eulogio Brizuela

Cuando muere Juan Domingo Perón el 1 de julio de 1974, desaparece no sólo el protagonista principal de una gran parte de la historia argentina, sino que con él se fueron también muchas de las posibilidades de desentrañar la verdad sobre episodios que construyeron su propia figura mitológica.

Desde sus orígenes, el General mantuvo con sus fuentes una oscura relación, que fue acrecentada por quienes lo rodearon en las diversas contingencias de su vida política y por él mismo, que se prestó a una suerte de ocultamiento de sus datos personales.

Ni siquiera de su fecha de nacimiento hay certezas definitivas. El día es aún discutido: si el mismo se produjo el 7 o el 8 de octubre. Si fue en 1895 o en 1893.
Si en su ascendencia predominaba la sangre india o provenía de familias de inmigrantes con ciertos vestigios de nobleza; y, finalmente, hasta su mismo lugar de origen están hasta hoy en tela de juicio.

Lo realmente extraordinario de este caso, es que Perón accede a los puestos de primera línea bordeando los años cuarenta, cuando ya estaba pisando la cincuentena.
Al mismo tiempo, está comprobado que provenía sí de una familia de muy precarios medios económicos y, si bien es cierto, del lado de su padre podía haber existido cierta influencia motorizada por su abuela, nadie hubiera imaginado su destino a casi cuarenta años de su ingreso al Colegio Militar. Por ello es casi impensable una manipulación casi perfecta de parte de doña Dominga Dutey, la abuela.

Sorprende entonces la forma en que se construyó una historia cuando debieron haber estado asentados los principales hechos de su vida, como en cualquier caso, máxime siendo integrante de una institución como el Ejército mismo.

Alguna explicación sobre el particular puede brindar una anécdota referida por uno de los protagonistas a quien esto escribe: en cierta oportunidad el doctor Felix Luna – historiador argentino - se acercó al general Perón para recabar de él datos que necesitaba para sus trabajos. La respuesta de Perón fue desalentadora:

- Mire Luna – le dijo, palabras más o menos – todas estas cosas yo se las dejé a Pavón Pereyra para que sea él quien las maneje, de manera que ahora no puedo inmiscuirme en lo que está haciendo.

Enrique Pavón Pereyra, historiador que compartió con Perón la primer oficina que tuvo éste en el Ministerio de Trabajo, fue con el correr del tiempo el biógrafo oficial del ex presidente. En Madrid colaboró con la actividad del General en la casa de Puerta de Hierro registrando, a pedido de Perón, las visitas y conversaciones que al líder le interesaba dejar asentadas. Muchos de los datos aportados para los trabajos de Pavón Pereyra debieron ser modificados con el tiempo por el mismo General. Así, en uno de sus últimos libros - “Yo, Perón” - Pavón Pereyra escribe en primera persona, como si fueran realmente las memorias dictadas por el ex presidente, y rectifica algunos datos de la biografía de éste. Entre ellos se encuentra el tema de la fecha de nacimiento apuntado más arriba.

Historias de pago chico

La figura de Perón ha sido siempre un polo de atracción por el que muchos se sintieron subyugados, despertando en profesionales y aficionados una extraña predilección por mostrarlo desde diversos ángulos. Es larga la lista de escritores que construyeron parte de su fama abordando la vida del líder justicialista. Algunos de ellos extranjeros, fuertemente apoyados por instituciones variadas, concretaron importantes estudios.
Muchos más modestos, no faltaron quienes se arriesgaron a tareas de investigación sin contar con la preparación necesaria ni los medios, pero explotando filones novedosos.
Un médico, Hipólito Barreiro, que había ejercido como embajador argentino en un país africano durante el gobierno de Isabel Perón, se adentró en el estudio de los orígenes de la familia.
Entre otras cosas sostiene, en un libro editado en Buenos Aires, que Perón sería el primer presidente argentino de raza aborigen.

Testimonio de Hipólito Barreiro

”Perón había nacido el 7 de Octubre de 1893, como Juancito Sosa, hijo natural de padres solteros en un medio precario como lo constituía la casa-rancho de las afueras de Roque Pérez, de una madre de sangre indígena semi analfabeta, lo cual lo constituía a él en un mestizo, luego anotado irregularmente en Lobos el 8 de Octubre 1895, es decir dos años y un día después como Juan Domingo Perón, y finalmente bautizado recién el 14 de Enero de 1898 como Juan Domingo Sosa, en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Lobos.
Estos hechos que hoy no tendrían mayor relevancia representaban sin embargo para la época y más tarde para el Ejército, un estigma social insalvable.-
Naturalmente, nada de eso figuraba en el legajo personal del joven Perón a su ingreso al Colegio Militar, y por supuesto jamás figuró después. Manos amigas se encargarían de allanarle el camino, otorgándole además una beca para que pudiese estudiar porque carecía de recursos. Hubo dos familias conocidas de entonces, los de Atucha, amigos de su padre y los de Amoedo, amigos de aquellos, que no serian ajenos a estos sucesos. (
En el invierno de 1985, almorzando en el comedor del Senado Nacional, el que fuera Senador Julio Amoedo me contó y confirmó estos dichos que su padre le habría referido oportunamente. Estaban presentes los entonces senadores Felipe Bittel y Ramón Saadi).
De todos modos el joven estudiante crece y aprende a conservar su secreto, el origen de su nacimiento y siente que debe percibir y catalogar estas dudas como "paginas oscuras" de su vida que recien comienza. Era la "belle epoque" argentina, la del poder sustentado por los barones de la tierra; de las estancias que se median por leguas, de la bien llamada oligarquia vacuna. Era el "pais de los toros gordos y de los peones flacos", donde Juancito Sosa se habia criado "de a caballo" entre los desposeidos, los indios, los mestizos y el gauchaje, meros partícipes de la injusticia de una sociedad injusta. regida entonces por la Ley de “Vagos y Malentretenidos.”
Ahora, con el seguimiento de su historia, sabemos que las suyas no fueron lecciones aprendidas de un libro o de un narrador circunstancial. Fueron si, vivencias genuinas que habían ido moldeando el carácter y el alma de un niño a quien el Destino, más tarde, le reservaba el pasaje a otra dimensión”.-

El indio Juancito

En defensa de sus dichos Barreiro destaca que Juana Sosa, la madre de Juan Domingo, es descendiente pura de indios mapuches y considera, siguiendo el razonamiento indio - similar al de los judíos - que el vientre de la madre determina el origen del recién nacido.
Por lo demás, asegura que el nacimiento de Perón tuvo lugar en un rancho de la localidad de Roque Pérez y no en la localidad de Lobos, tal como señala la historia oficial.
En realidad, la casa de Lobos proclamada monumento histórico por disposición de un decreto del año 1953 refrendada por el vicepresidente Alberto Teisaire a cargo de la presidencia en ese momento, por ausencia del General, pareciera improbable - por su estilo - que fuera del siglo pasado.

También es cierto que Mario Avelino Perón, el padre de Juan Domingo, se instaló en la región abandonando por enfermedad sus estudios en Buenos Aires y conoció a Juana Sosa cuando ésta tenía más o menos quince años. Se juntó con ella formando un hogar en el que nació primero Mario y dos años después el que sería presidente argentino.

Una serie de vicisitudes provocó que ambos nacimientos fueran inscriptos con ciertas irregularidades, originando de esta manera el caldo de cultivo apropiado para una manipulación de esos datos. Incluso, la partida oficial de nacimiento tiene una mancha de tinta que dificulta su lectura.

Barreiro dice que el rancho en el que nació el general aún se mantiene en pie en Roque Pérez. Por las dudas, el Congreso de lal Nación Argentina dispuso declararlo también monumento histórico, pero “como un lugar donde Perón pasó parte de su infancia”.

El curso de una vida

El mismo Perón alentó permanentemente la instalación de un velo que cubrió parte de su vida. El decreto en el que se declara la casa de Lobos como la de su nacimiento, fue firmado durante una de sus ausencias del país en su segunda presidencia. Sería descabellado pensar que él no lo conocía antes de ser refrendado por el vicepresidente Alberto Teisaire.

Posteriormente, sin embargo, nunca se refirió a esa casa como el lugar donde ocurriera tal hecho y sinuosamente reconoció – visitando la zona –que nació “cerca de allí”.
La misma familia directa del general – excepto su hermano Mario que fue Director del Zoológico – tuvo muy poca participación en su vida, casi en todo el período posterior a su egreso del Colegio Militar. Sólo el fallecimiento de su padre cambió sus planes: debió postergar el casamiento con Aurelia Tizón. La muerte de su madre Juana en Comodoro Rivadavia en cambio, no alteró en gran medida sus actos de gobierno en los días del sepelio. Es más, nadie recuerda haberle oído referirse a ella y eludía malhumorado conversaciones de tal naturaleza.
El episodio con Felix Luna, demuestra que tenía poco interés en revelar parte de su origen.

La pregunta es ¿qué hubiera cambiado si Perón hubiera sido “otro” Perón? El interrogante es ocioso: “La única verdad es la realidad”.

Especial:
Peron italiano: Un racconto da mille e una notte

Relaciones personales:
Juana Sosa - El casamiento de Perón con Evita. - La Razón de una vida - Isabel, más allá del seudónimo -


Ver también:
Perón Opina sobre el Che - El Che y Perón. La Reunión - La muerte del Che - Perón y la relación entre Argentina y Chile. - El Militante - Qué es el peronismo - Primera Parte - El día que Perón inició el exilio - El día que a Perón le dió el cuero -

Enlaces externos: Documentación del libro Juancito Sosa de Hipólito Barreiro.


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Nota al Margen

Tres bodas y un funeral
Las esposas de Perón constituyeron en su vida un factor importante, determinando en muchos casos el verdadero motor de su trascendencia.
Su primera mujer, Aurelia “Potota” Tizón, le deparó una vida de hogar, tranquila, casi sin ambiciones desmedidas. Se casó con ella el 5 de enero de 1929 y sus principales entretenimientos consistían en viajar y atender los domingos por la tarde las proyecciones de cine para los “pibes” de la parroquia. La muerte de Potota, acaecida en 1938 después de enfermarse de cáncer, sumió a Perón en una crisis depresiva.
La segunda, Eva Perón, con quien contrajo matrimonio el 22 de octubre de 1945, fue el motor que lo catapultó al encuentro con la Historia.
La tercera, María Estela “Isabel” Martínez, con la que se casó en Madrid en 1961 también un 5 de enero como con Potota, fue la colaboradora del retorno.
Finalmente sería ésta quien asistiría a su funeral.
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