Cuando la noche del invierno porteño en 1952 recién
se desperezaba, Eva Perón
se emparentaba con la eternidad, asumiendo esa vieja “costumbre
de morir” del ser humano, como definió Jorge
Luis Borges a esta muy común transición.
Evita,
cuando sólo era María
Eva Duarte, llegó a Buenos
Aires desde el interior de la provincia. Respondiendo
a una primaria vocación por el espectáculo, se
vinculó con el ambiente artístico trabajando como
modelo, actriz de radio y de teatro, interviniendo en pequeños
papeles que le ayudaron a paliar una incómoda situación
económica.
Así, intervino en “La
fiesta de Manuel”, obra de Alberto
Vacarezza; “El
hombre que mordió al perro”, de
León Mirlas
y “La gallina clueca”,
en la que acompañó a la actriz
Pierina Dealessi.
De
estos tiempos sólo se conservan de su vida detalles que
alimentan su leyenda: sus lazos, vinculaciones o relaciones
con distintos personaajes fueron motivos permanentes de discusión
entre sus biógrafos, panegeristas y detractores.
Lo
cierto es que desarrolló su actividad en la radiofonía
y y filmó algunas películas entre las que figuraron
títulos como “La
carga de los valientes” y “La
cabalgaata del circo”. Trabó relación
con el entonces coronel Juan Domingo
Perón cuando éste se desempeñaba
en la Secretaría de Trabajo
y Previsión Social. El terrmoto de San
Juan constituyó el catalizador que provocó
la relación profunda generada entre los dos, y que se
efectivizó el 22 de octubre de 1945 con el matrimonio
entre ambos.
A
partir de allí, la historia del peronismo, en el primer
gobierno, está teñida de la influencia de Evita.
Nada fue ajeno a su interés: la política, la economía,
las relaciones internacionales, la prensa, la justicia, la acción
social, todo, pasó por sus manos.
Por
su influencia quedaron establecidos muchos de las conquistas
sociales generadas por el peronismo: el derecho de la ancianidad
por un lado, y la participación femenina en la cosa pública,
son dos extremos que jalonaron las espectativas de Eva
Perón en los asuntos del Estado.
Su
trabajo tuvo mucho que ver con la reparación social del
sector de desprotegidos, al que ella misma perteneció.
Con pasión se volcó a la ayuda solidaria.
Rara
mezcla de Robin Hood
y de Ernesto “Che”
Guevara, su trabajo no tuvo fronteras de convenciones
de ninguna naturaleza. Anque no cronológicamente, con
el “Che”
coincidió en desafíos paralelos: con Evita el
juticialismo fue revolucionario; con el “Che”
la revolución fue justicia.
Ninguno
de los dos respondía a etiquetas.
Evita
actuaba desde sus convicciones con prescindencia de toda especulación
intelectual. Al igual que Ernesto
Guevara, la revolución era ella, más
allá de los etiquetamientos. Ambos son productos de una
amalgama fundamental que moldea a los argentinos en algunos
tiempos. De ambos el mundo tuvo noticias y se convulsionó
por ellos.
De
tanto en tanto la historia se repite, buscando el equilibrio
de la ley de las compensaciones.
El autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista
en comunicación, de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación
histórica, habiendo publicado hasta la
fecha mas de 200 monografías con diversos
temas de esta disciplina y economía,
en diferentes medios de varios países.
Una parte de este material pertenece al libro
"Hechos y Protagonistas",
algunas de cuyas páginas también
se reproducen en esta web.
La primera edición de "Pasajeros
de la Historia" se publicó
en Buenos Aires en 1993. Actualmente el autor
se desempeña como consultor de empresas
en comunicaciones, al frente de su estudio,
en toda el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago
de Chile.