El presidente de la Nación, general Juan
Domingo Perón, había cumplido hacía
poco 81 años y estaba agonizando. Su reemplazo por la vicepresidenta
María Estela Martínez de Perón –
en principio en forma interina – desde el 29 de junio de 1974,
abrió en la Argentina una de las etapas
más controvertidas de nuestra historia.
Aniquilamiento
El
5 de febrero del año 1975, la presidenta María
Estela Martínez de Perón firmó el decreto
de "aniquilamiento" de la subversión en Tucumán,
que abrió el camino a la acción represiva mas
cruenta en todo el país.
En este decreto, más
allá de las fuerzas militares o policiales, se instruía
directamente al Ministerio de Bienestar Social - a cargo entonces
de López Rega - para que asuma una definida posición
que fué la génesis de la institucionalización
de la AAA. El mismo es anterior a los decretos similares Nº
2070/71/72 que fueron firmados a partir del 6 de octubre de
1975 y seguramente fueron adaptaciones para abarcar con la
acción del terrorismo de estado a todo el país,
después de superar la coyuntura de Tucumán.
La
señora de Perón era conocida como Isabel - su seudónimo
artístico - y su acceso a los primeros planos de la política
nacional tuvo ribetes folletinescos. María Estela Martínez nació
en La Rioja el 4 de febrero de 1931. Perteneció a un hogar
de clase media, formado por María Josefa Cartas y
Carmelo Martínez, funcionario éste del Banco
Hipotecario.
Sus estudios principales los realizó en Buenos Aires
y en el conservatorio del Teatro Cervantes canalizó
su vocación por la danza, mientras tomaba lecciones de piano
y francés. Aún transcurrido los años, y pese
a lo mucho que se ha escrito sobre ella, son pocos los elementos
fehacientes que pueden completar su biografía.
En lo formal se destaca su decisión de integrar una compañía
de teatro que, cuando ella contaba veintitrés años,
inicia una gira por países latinoamericanos. Algunos contratiempos
la retienen más de lo previsto en el exterior, lo que origina
su encuentro con el general Juan Domingo Perón, en ese entonces
en el exilio.
Este hecho se produce en Panamá, el 23 de diciembre de 1955,
más específicamente en el Hotel Washington.
Algunos cuentan que Perón se mostró interesado en
conocerla después de presenciar un espectáculo en
el que actuaba y se vinculó con ella a través de un
conocido. La versión oficial dice que Isabel se ofrece al
general para atender su correspondencia y llevar su agenda en vista
que el ex presidente carecía de personal. Tres años
después, una turba enardecida que volteó el gobierno
de Perez Gimenez los sorprendió en Caracas.
Una tarde de enero debió correr con un grupo de argentinos
entre los que se encontraban Guillermo Patricio Kelly, Roberto
Galán y el mismo Perón, para refugiarse en
la embajada de la República Dominicana.
Desde Ciudad Trujillo, en otro día de enero
pero del año1960, voló a España en un viaje
accidentado: al viejo avión de la línea Varig se le
plantó un motor en pleno océano y debieron regresar
a tierra americana. Completado posteriormente el itinerario, Isabel
y Perón se radican en Madrid. El 5 de enero de 1961 se casan
en la capital española.
En 1964 acompaña al líder justicialista en un frustrado
retorno que concluye en Río de Janeiro; en 1965 llega a Buenos
Aires e interviene como delegada de su esposo en el conflicto peronista
generado por Augusto Timoteo Vandor; en el mismo
carácter repite la visita al país en 1971. Finalmente
el 17 de noviembre de 1972 integra la comitiva que, en el vuelo
de Alitalia, acompaña el regreso del General
de su exilio.
El 12 de octubre de 1973, integrando la fórmula con su esposo,
asume como vicepresidente.
Días antes de hacerse cargo del gobierno había recorrido
Europa en un viaje que compartió con José
López Rega.
A la influencia de este personaje siniestro, se deben muchos de
los episodios que desencadenaron posteriormente la tragedia generada
por el golpe del 24 de marzo de 1976. De todas
maneras, cuando la historia acceda a la verdadera identidad de Isabel
Perón, seguramente se encontrarán las explicaciones
a muchos de los increíbles hechos que jalonaron su gobierno.
El lado oscuro de Isabel
“No voy a confiar en ningún militar que no sea
el almirante Emilio Massera”. Esta frase la pronunció
María Estela Martínez de Perón en 1981 en Madrid
ante el ofrecimiento que el dirigente gremial Lesio Romero
le hacía de formar una dupla con el coronel Luis
Prémoli. La gestión del dirigente estaba
amparada económicamente por la empresaria Amalita
Fortabat y pretendía el armado de la fórmula
presidencial que sucediera al “proceso”.
Romero viajó provisto de una chequera para gastos ilimitados
y una jugosa oferta. Precisamente el 6 de julio de 1981 la ex presidenta
quedó en libertad en Buenos Aires y viajó para radicarse
en Madrid. En un proceso judicial plagado de anormalidades fue condenada
a la pena de siete años y once meses y, habiendo cumplido
las dos terceras partes, fue excarcelada. Anteriormente en la causa
principal había sido sobreseída El trámite
fue la más flagrante violación a las normas establecidas
y constituye un baldón para la justicia argentina: se ignoró
el principio de cosa juzgada que establece que nadie puede ser juzgado
dos veces por la misma causa.
Isabel inició en Madrid un largo período de ostracismo
voluntario. La entrevista con Lesio Romero fue una de las pocas
excepciones a esta decisión. El ex dirigente del gremio de
la carne relató así esta reunión, en un diálogo
con el autor de esta nota:
- “La
ví en una agencia de turismo llamada Mundial Viajes
por gestión de Milo de Bogetich, un militar croata que era
su secretario. Después supe que esta oficina era una pantalla
de la CIA norteamericana. Sinceramente me sentí defraudado
porque no encontré reconocimiento para quienes nos arriesgamos
sosteniéndola antes del golpe”.
- ¿Cuál era la posición de Isabel entonces?
- “De alguna manera ella quería inducirme la importancia
de la figura de Massera para el peronismo. Yo retorné de
Madrid asombrado porque consideraba, como tantos otros, que Massera
fue el gran traidor del peronismo al que le debía todo. Vea,
Videla le debe su grado a José López Rega, pero Massera
subió porque Perón lo dispuso, desplazando a otros,
porque él ante el General se decía peronista y amigo.
Massera, aparte de sedicioso y asesino, es un traidor”.
- ¿Y que pasó cuando regresó a Buenos
Aires?
- “Ahí muchos coincidimos y dijimos: “olvidemos
a la señora”. Y a partir de eso muchos dirigentes le
perdieron el respeto que le tenían”.
El episodio relatado es uno más de los hechos controvertidos
generados por Isabel Perón. Antes, durante y después
de su gobierno, fue protagonista de sucesos que mantiene aún
hoy en reserva, transformando su período en uno de los más
enigmáticos de la historia.
Es probable que el secreto del apogeo y caída de la ex presidenta
esté relacionado con un viaje que hizo a Roma después
de su última visita a la Argentina, cuando Perón todavía
estaba exiliado. Durante el mismo, acompañada por López
Rega, conoció a Giancarlo Vallori, camarlengo
del Papa que, a su vez, le presentó a Licio
Gelly. Gelly era la cabeza visible de la P2,
logia italiana con fuerte influencia dentro del Vaticano
y los Estados Unidos. A ella perteneció Massera,
López Rega, Suarez Mason y muchos otros personajes
influyentes no solo en su gobierno sino en el del “proceso”.
Esto constituye la corriente subterránea de la Historia:
seguramente aquí está el origen de las apariencias
por ahora indescifrables.
El
autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en comunicación,
de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación histórica, habiendo
publicado hasta la fecha mas de 200 monografías con diversos
temas de esta disciplina y economía, en diferentes medios
de varios países.
La primera edición de Pasajeros de la Historia
se publicó en Buenos Aires en 1993.
Actualmente el autor se desempeña como consultor de empresas
en comunicaciones, al frente de su estudio, en toda el área
de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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