“El
peronismo se convirtió en el “hecho maldito”
de las últimas décadas argentinas: resultó
imposible gobernar con él, sin él o contra él”.
Así resume un historiador declaradamente antiperonista, Felix
Luna, el período que se inicia precisamente el 20
de septiembre de 1955.
Perón mismo hace un resumen de los momentos vividos en esas
horas, previas al inicio de su exilio de 17 años, en el libro
de Enrique Pavón Pereyra “Yo, Perón”,
que contiene una recopilación de escritos del ex presidente:
”Estaba muy cansado, y no sólo porque hacía
varias noches que no dormía, a eso, mal que mal, estoy acostumbrado;
estoy muy cansado de la estupidez, la hipocresía, “cria
cuervos”, yo los he criado y vi los resultado (…) No
me quedaba más que irme del país. Si me quedaba, si
apelaba a los trabajadores, al pueblo, hubiese sido un río
de sangre. Yo vi a España después de la guerra civil,
yo vi a estos crápulas bombardeando la Plaza de Mayo, ¡valientes!,
una plaza repleta de obreros sin armas”.
Culminaba así una vigilia que había mantenido sobre
ascuas a los autores de la asonada militar que se hizo del poder
el 16 de septiembre de 1955 en un país que,
a esa fecha, no tenía deuda externa, ostentaba una balanza
comercial claramente favorable, con una reserva financiera de Mil
quinientos millones de dólares y en posesión de todos
los recursos económicos y de producción dentro de
un régimen democrático.
Había enviado una nota al Ministro del Ejército,
general Franklin Lucero, delegándole el
mando y a las siete de la mañana, Perón ingresa a
la embajada del Paraguay en la calle Viamonte 1851
y de allí es trasladado al domicilio particular del embajador
Juan R. Chaves en el barrio de Belgrano. Una vez
en la residencia, con pertenencias personales que se limitaban a
una valija y dos millones de pesos moneda nacional, más setenta
mil dólares – que le había llevado un capitán
de apellido Renner -, el ex presidente acepta ser llevado a la cañonera
“Paraguay” que se encontraba en una
dársena de Puerto Nuevo.
Llega a la nave a las cuatro de la tarde del mismo día 20,
siendo recibido por la oficialidad y los marinos con los honores
correspondientes a un jefe de estado y al grado de general del Ejército
Paraguayo que le fuera otorgado por el gobierno de ese país.
Iniciada las gestiones para el reconocimiento del status de exiliado
por el gobierno de facto argentino, el embajador paraguayo recién
pudo obtenerlo el día 23 cuando asume el general Eduardo
Lonardi.
Pasan sin embargo varios días más hasta que el presidente
derrocado puede abandonar el país. Esto se concreta vía
aérea, mediante un anfibio que manda el gobierno paraguayo,
porque los militares argentinos temen que si el traslado hasta Asunción
se realiza en barco por el Río Paraná – Perón
ya había sido trasbordado a la cañonera Humaitá,
enviada por Paraguay para reforzar su custodia - alguna ciudad del
interior se hubiera podido levantar en apoyo del líder justicialista.
“No era una hipótesis descabellada porque Rosario era,
al fin y al cabo, la “capital del peronismo”, escribió
el ex presidente, “pero lo que ellos no sabían era
que yo jamás lo hubiera hecho”. Sin embargo,
años después, Perón admite que, si hubiera
imaginado lo que ocurriría durante los años de su
exilio, no habría dudado en oponer resistencia al golpe del
55.
El 3 de octubre a las 17,45, la aeronave que lo traslada aterriza
en el aeródromo militar de Nu Guazú
– Campo Grande - de Paraguay. “Vengo
a ponerme bajo la bandera de este gran país que es mi patria”,
dice Juan Domingo Perón, a las autoridades que le estaban
esperando.
OTROS
TITULOS
El
autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista en comunicación,
de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación
histórica, habiendo publicado hasta la fecha mas de
200 monografías con diversos temas de esta disciplina
y economía, en diferentes medios de varios países.
Una parte de este material pertenece al libro "Hechos
y Protagonistas", algunas
de cuyas páginas también se reproducen en esta
web.
La primera edición de "Pasajeros
de la Historia" se publicó en
Buenos Aires en 1993. Actualmente el autor se desempeña
como consultor de empresas en comunicaciones, al frente de
su estudio, en toda el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago de Chile.
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