| HACE
470 AÑOS PIZARRO FUNDO LIMA, LA CIUDAD DE LOS REYES
Lima
cumple 470 años de fundación española y
el 18 de enero es el día central de festejos y celebraciones,
fecha en que aquella calurosa mañana del lunes de 1535,
el viejo conquistador Francisco
Pizarro -natural de Extremadura,
España-, enfundado en su traje de gala,
con la cabeza descubierta y espada en mano, toma posesión
de la ciudad, llamándola desde ese instante como la Ciudad
de los Reyes.
Es
a partir de entonces que a Lima la adornan distintas denominaciones:
"La Perla del Pacífico",
"La tres veces coronada villa",
"La ciudad jardín"; en fin,
le sobran títulos y distinciones. Sin embargo, Lima es
una, la que los limeños queremos, la vieja capital de
Nueva Castilla, pedazo de costa bañada por las frías
aguas del Pacífico; alguna vez la más importante
de Sudamérica y una de las más vistosas del mundo.
Hoy en día -y a pesar de sus años transcurridos-
sus contrastes y paradojas perduran aun dentro de ella con pequeños
rezagos de toda esa galanura y elegancia que la caracterizaban
hasta hace poco.
Lima,
antes del arribo de Pizarro
Mucho
antes de que los españoles llegaran a Lima, la región
fue fugazmente habitada por diferentes pueblos trashumantes
como los Chavín, los Aimara, los Wari, los Muchik y otros
que pasaron en sucesivas oleadas y que dejaron constancia de
su presencia en las edificaciones que levantaron y que luego
abandonaron.
Cuando
Pizarro llegó a Lima, encontró que su gente se
dedicaba en su mayoría a la agricultura y a la pesca;
de trato sencillo y pacífico, muchos de ellos ni siquiera
se percataron de su presencia. El valle del Rímac, donde
Lima está ubicada, era uno de los parajes más
hermosos de la costa y en ella había un total de veintidós
pueblos, cuatro tambos, dos pesquerías en el Callao y
Chorrillos, además de dos fortalezas enclavadas al norte
y al sur de Lima, Kolliqe y Atoqkunka, respectivamente.
Su
población se calculaba aproximadamente en cincuenta mil,
dispersos por toda la comarca. Los limeños de ese entonces
se cobijaban en casas hechas con armazones elaborados con base
de algarrobos, agrupándose en círculos de vecindad,
formando campamentos. Estos grupos de pobladores ocupaban, aparte
del valle del Rímac, los valles de Lurín y Chillón.
Hoy
en día, en el valle del Rímac se ubican importantes
complejos arquitectónicos como los de Huallamarca, Pucllana,
Mateo Salado, Maranga y Armatambo, construidos especialmente
para albergar a una importante población precolombina
dedicada a la agricultura, pesquería y artesanía.
Actualmente
esas construcciones se hallan confundidas entre modernos edificios
en los distritos de Miraflores, San Isidro, Pueblo Libre y Chorrillos,
que si bien lucen desgastadas por el paso del tiempo mantienen
aún las formas arquitectónicas de su época.
También se pueden encontrar restos en Lurín y
Pachacámac al sur y en Huaycán de Cieneguilla
al este de Lima, casi todas ellas con alto contenido religioso
pues servían como centro de adoración a los dioses.
Antes
de la fundación española de Lima, el Curaca Taulichusco
era el señor del valle pues prácticamente controlaba
la vida económica de la gran planicie que se extendía
hasta el mar. Su residencia quedaba justamente donde hoy es
el Palacio de Gobierno. Desde esa enorme edificación
vigilaba una de las mayores obras hidráulicas levantadas
en el Perú y que abastecía con agua a extensas
zonas de cultivo, llevándola desde los boquerones del
río Rímac hasta donde se asentaba la cultura Maranga,
en el actual distrito de San Miguel, y llegando hasta los acantilados
que hoy son parte de la Costa Verde.
¿Por
qué Lima y no Jauja?
La
ciudad de Jauja, ubicada en la serranía peruana, en el
departamento de Junín, fue hasta octubre de 1533 la sede
oficial de la autoridad y gobierno. Sin embargo, su localización
en el interior andino en medio de las quebradas de la Cordillera
de los Andes no sólo dificultaba su acceso sino que,
ante todo, era una desventaja estratégica a la hora de
enfrentar una agresión indígena o de rechazar
un sorpresivo desembarco invasor en la lejana costa.
De
otro lado, se advertían ciertos cambios en la fecundidad
de los animales domésticos traídos del Viejo Mundo,
causados por la frialdad del clima y la altitud de 3400 msnm.
Por estas razones, Pizarro optó por trasladar la capital
a un lugar más asequible y agradable en la costa y lo
más próximo al mar.
Antes
de venir a Lima, el viejo conquistador pasó por Sangallán,
localidad muy cerca a Pisco, al sur de Lima, que también
pudo ser la nueva capital del Perú, idea que fue descartada
al advertirse una serie de deficiencias que se manifestaron
en el flamante emplazamiento. Sin pensarlo dos veces, Pizarro
apuntó la definitiva ubicación de la capital en
el valle del Rímac, lugar del que tenía referencias:
ambiente apacible, fertilidad de sus tierras y abundancia de
árboles frutales y de leña.
Ceremonia
de fundación
Según
los historiadores, cuando el gobernador Pizarro entró
a Lima, el Curaca Taulichusco no opuso ninguna resistencia;
quien enterado ya de que el Imperio Incaico había caído
bajo su yugo, se alió al conquistador y colaboró
con él para que fundara la ciudad.
Luego
de que el extremeño verificase las bondades y excelencias
del lugar, tal como le informó la comisión enviada
antes -conformada por Ruy Díaz, homónimo del Cid
Campeador, Juan Tello y Alonso Martín de Don Benito-
procedió a fundar la Ciudad de los Reyes en la Plaza
Mayor a la vera del torrente ensordecedor del río Rímac.
La
ceremonia de fundación fue presenciada, entre otros,
por los españoles Alonso de Riquelme, Nicolás
de Ribera El Viejo, quien luego sería el primer burgomaestre
de la naciente capital, Domingo de la Presa, Nicanor de Ribera
El Mozo, Diego de Agüero, Francisco Vara y Gerónimo
de Aliaga.
El
Acta de Fundación, de autoría no definida con
exactitud -por Antonio de Picado o Domingo de la Presa- constituye
por su contenido y forma un hermoso documento.
Para
algunos súbditos del Curaca Taulichusco, quien estaba
en su litera y lucía un vestido de príncipe, la
fundación fue un incomprensible espectáculo, donde
la presencia de los foráneos se mezclaba con animales
enormes y desconocidos, los primeros caballos.
En
el centro de la Plaza Mayor, lugar del acto de fundación,
se colocó la picota o madero alto, en el que se ajusticiaba
a los condenados a muerte. Era la señal tangible de que
la nueva población se regiría por la horca y la
cuchilla.
Pizarro,
quien frisaba los sesenta años en ese instante y ataviado
con una vestimenta de gala y con sus armaduras, justificó
en su discurso los motivos por los que escogió a Lima
como capital. Invocó a la Santísima Trinidad,
en ejercicio de la autoridad de su investidura como gobernador
delegado del Emperador, para fundar solemnemente la nueva capital
con proyección espiritual y civilizadora.
Se
dice que Pizarro trazó con su misma espada el cuadrilátero
de la plaza y señaló el sitio donde estarían
la Casa de Gobierno, el Cabildo y la Iglesia Matriz. De igual
manera repartió cada uno de los solares, la cuarta parte
de una manzana con frente a dos calles, de acuerdo a la amistad
y estima que tenía por sus compañeros.
El
Acta de Fundación de Lima
Extraordinario
documento que contiene el Acta de Fundación de Lima,
con las firmas de sus autores y del propio Francisco Pizarro.
Asombra que se conserve íntegramente, pues las actas
de otras ciudades fundadas por Pizarro como Trujillo, Huánuco,
Arequipa, han desaparecido y se desconoce el contenido de sus
textos.
Transcripción
textual del Acta de Fundación de Lima
“E
despues desto en el dicho pueblo de Lima lunes XVIII dias del
mes de benero del dicho año el dicho señor governador
en presencia de mí el dicho escrivano e testigos yuso
escriptos dixo que por quanto visto el dicho pedimento a el
fecho por la Justicia e Regimiento e vezinos de la dicha cíbdad
de raura el proueyo a los dichos Rui diaz e Juan Tello e alonso
martin de don benito para que vinyiesen como vinyeron a ver
el dicho asyento e pasear el dicho cacique de lima cerca de
lo qual dixeron sus paresceres segund que todo de suso se contiene
e que agora el a venydo juntamente con los señores oficiales
de su magestad alonso Riquelme thesorero e garcía de
salzedo veedor e Rodrigo de macuelas que fue nombrado juntamente
con el dicho veedor por el dicho Regimiento para hazer lo susodicho
e a visto e paseado ciertas vezes la tierra del dicho cacique
de lima y examinado el mejor sitio les parescia e ha parescido
que el dicho asiento del dicho cacique es el mejor e junto al
Río del e contiene en sí las calidades suso dichas
que se Requyeren tener los pueblos e cibdades para que se pueblen
y ennoblezcan e se perpetuen y esten bien sytuados y por que
conviene al servicio de su magestad y bien y sustentacion e
poblacion destos dichos sus Reynos e conservacion y conversion
de los caciques e yndios dellos e para que mejor e mas presto
sean endustriados e Reduzidos al conoscimiento de las cosas
de nuestra sancta fee catholica por la qual en nombre de sus
magestades como su governador y capitan general destos dichos
Reynos despues de aver fallado el dicho sytio con acuerdo e
parescer de los dichos señores oficiales de su magestad
que presentes se hallaron e del dicho Rodrigo de macuelas mandava
e mando que el dicho pueblo de raura y ansy el mismo el de san
gallan porque no estan en asyento conviniente se pasasen a este
dicho asyento e sytio por quanto quando el dicho pueblo de raura
se fundo arriba en la sierra no estava visto para que el dicho
pueblo estuviese mejor fundado el hizo la dicha fundacion del
con adictamente e condicion que se pudiese mudar en otro lugar
que mas coviniese e paresciese e porque agora como dicho es
coviene que los dbos. pueblos se haga nueva fundacion aoordo
e determino e fenecer e hazer e fundar el dicho pueblo el qual
mandava e mando que se llame desde agora para siempre jamas
la cibdad de los Reyes el qual hizo y poblo en nombre de la
Santisima trinidad padre hijo e espiritu santo tres personas
e un solo dios verdadero syn el qual ques principio e criador
de todas las cosas e hazedor dellas nynguna cosa que buena sea
se puede hazer ni principiar ni acabar ni permanecer e porque
el principio de qualquier pueblo e cibdad a de ser en dios y
por dios y en su nombre como dicho es conviene principiallo
en su yglesia comenco la fundacion e traca de la dicha cibdad
en la yglesia que puso por nombre nuestra señora de la
asuncion cuya aduocacion sera en la qual como governador e capitan
general de su magestad destos dichos Reynos despues de señalado
plan hizo e edifico la dicha yglesia e puso por sus manos la
primera piedra e los primeros maderos della y en señal
e tenencia de la posesion vel quasi que sus magestades tienen
tomada en estos dichos Reynos ansy de la mar como de la tierra
descubierta e por descubrir e luego Repartio los solares a lo
vecinos del dicho pueblo segund parescera por la traca que de
la dicha cibdad se hizo la qual espera en nuestro Señor
y en su bendita madre que sera tan grande y tan prospera quanto
conviene y la conservara e augmentara perpetuamente de su mano
pues es fecha e edificada para su sancto servicio y para que
nuestra santa fee catholica sea ensalzada abmentada e comunicada
e sembrada entre estas gentes barvaras que hasta agora an estado
desbiadas de su conoscimyento e verdadera dotrina e servicio
para que la guarde e Conserve e libre de los peligros de sus
enemigos e de los que mal e daño le quisiesen hacer e
confia en la grandeza de su magestad que siendo yniformado de
la fundacion de la dba. cibdad confirmara e aprovara la dicha
poblacion por mi en su Real nombre fecha e le hara muchas mercedes
para que sea ennoblecida e se conserve en su servicio y los
dichos señores governador e oficiales de su magestad
lo firmaron de sus nombres y ansy mismo el dicho Rodrigo de
macuelas testigos que fueron presentes Rui diaz e Juan tello
y Domyngo de la Presa escrivano de su magestad estantes en el
dicho asyento y cacique de lima.”
Francisco Pizarro
Alonso Riquelme
Garcia de Salcedo
Rodrigo de Mazuelas
El
nombre de Lima
Existen
varias versiones sobre el origen del nombre Lima. Aquí
algunas explicaciones del por qué la ciudad fue bautizada
así.
El
estudioso don Pedro Villar Córdova
en su obra "Arqueología de Lima" sostiene que
la etimología de la palabra Lima es de origen Aymará
y denomina una flor amarilla "Limac
- Limac" o "Limac - Huayta",
que servía para acelerar el habla en los niños,
pasándoles el tallo de la planta por la lengua. De ahí
el sustantivo "Rímac".
Según
Garcilaso de la Vega,
el topónimo Lima es una degeneración de la voz
"rimac", que en castellano significa
"el que habla",
en referencia a un oráculo muy venerado por los indígenas
y que, por extensión, se llamó así a todo
el valle y a su río.
Sin
embargo, Guillermo Lohmann Villena
nos dice que el nombre Lima no es aymará ni quechua ni
deriva del río Rímac. Según él,
es un vocablo del idioma local preinca: Ishma o primitivo nombre
del ídolo de Pachacámac.
Lima,
la Ciudad de los Reyes
Se
dice que el fundador de Lima impuso a la naciente capital el
mágico nombre de Ciudad
de los Reyes porque coincidió con la
fecha en que los Reyes Magos se encaminaron a Belén,
al igual que el gobernador y sus compañeros andaban buscando
en los arenales entre Pachacámac y Lima el lugar ideal
para establecer la nueva capital.
Sin
embargo, según la historiadora María
Rostworowski, tal apelativo no fue impuesto
en homenaje a los Reyes Magos
sino en honor del emperador Carlos
V de Austria y primero de España y de
las Indias y de su madre, la reina Juana, confinada en su palacio
por haber perdido la razón.
Sea
como fuere, el título de Ciudad
de los Reyes quedó así sellado
en todos los documentos oficiales.
Lima
de antaño
LA
TISANERA
La
vendedora de tisanas ofrecía una bebida con pequeños
trozos de cáscaras de piña o de limón.
La tisanera ocupaba la segunda escala de los vendedores de refrescos.
La
tisanera se ubicaba en plazas, plazoletas, mercados y lugares
públicos, al lado de una enorme olla de barro metida
en una canasta de caña entretejida.
Habían
tisaneras ambulantes con la olla encanastada en la cabeza y
otras jaladas por un borrico; y se anunciaban con su pregón:
"¡¡la tisanera se va!....tiisaaana con nieve!!"
LA
CHAMPUCERA
La
champucera se estacionaba en las puertas de las tiendas, solares
y callejones, con todos los enseres propios de su oficio, como
el bracero, la olla, las cucharas de palo y el farolito colgado
con una vela de sebo encendida.
En
las noches de invierno se expendía el champuz de agrio
y un niño a pedido del dueño entonaba esta estrofa:
"Champuz caliente, vamos con el café limeño
muchacha; el que se come medio, se come un real, para el colegial:
venid, venid, que ya está: El cuartillo por delante y
la taza por detrás"
LA
LECHERA
Cabalgando
en un viejo caballo trotón y llevando a su derecha e
izquierda los porongos de lata, la lechera recorría los
caseríos en las primeras horas de la mañana, trayendo
su producto a Lima desde las haciendas algo distantes, y gritando
con voz atiplada :
"¡¡la lechera !!..¡¡la lechera!!"
EL
AGUADOR
Antiguamente
el pueblo de Lima dependía del aguador, para conseguir
este líquido de primera necesidad.
Los
aguadores iban a pie o en burro. Los primeros cargaban una pipa
pequeña al hombro y los segundos, dos pipas en los lomos
del animal.
El
sonido de una campanilla anunciaba a las criadas que había
agua disponible, quienes respondían: "¡¡aguador,
écheme usted un viaje!!".
EL
MERCACHIFLE
El
mercachifle era un comerciante de menor cuantía, quien
salía por las calles con sus atadillos al hombro y gritando:
"¡¡Coca
a medio y cuartillo la vara...Damasco para manteles y servilletas...Bramante
para sábanas..!!"
Antes, los pregoneros nos daban hasta la hora. De ellos solamente
tenemos recuerdos nostálgicos de su labor. Pertenecen
a una Lima que se fue, llevándose sus voces bien timbradas,
por calles arriba y calles abajo, y sin retorno.
De
las "Tradiciones Peruanas", del ilustre escritor Ricardo
Palma, tomamos lo que eran los pregones en Lima:
"A
las seis de la mañana pasaba la lechera. A las siete
en punto la tisanera y la chichera de terranova. A las ocho,
ni un minuto más, ni un minuto menos, el bizcochero y
la vendedora de leche-vinagre, que gritaba: ¡ A la cuajadita!.
A las nueve, hora de Canónigos, la vendedora de Zanguito
de ñanjú y choncholíes.
A
las diez la tamalera.
A
las once pasaban la melonera y la mulata de convento vendiendo
Ranfañote, cocada, bocado de Rey, Chancaquitas de cancha
y de maní y frejoles colados.
A
las doce aparecían el frutero de canasta llena y el proveedor
de empanaditas de picadillo.
La
una era indefectiblemente señalada por el vendedor de
ante con ante, arrocera y el alfajorero.
A
las dos de la tarde, la picaronera, el humitero, y el de la
rica causa de Trujillo.
A
las tres el melcochero, la turronero y el anticuchero.
A
las cuatro gritaban la picantera y el de la piñita de
nuez.
A
las cinco chillaban el jazminero, el de las karamanducas y el
vendedor de flores de trapo que gritaba:
"¡ jardín, jardín, muchacha..¿no
hueles?"
A
las seis canturreaban el raicero y el galletero.
A
las siete pregonaban el caramelero, la mazamorrera y la champucera.
A
las ocho, el heladero y el barquillero.
Aún
a las nueve de la noche, junto con el toque de cubrefuego, el
animero o el sacristán que de la parroquia salía
con capa colorada y farolito en la mano
pidiendo para las ánimas benditas del purgatorio o para
la cena de Nuestro Amo.
Este
prójimo era el terror de los niños rebeldes para
acostarse, después de esa hora, era el sereno del barrio
quien reemplazaba a los relojes ambulantes, cantando entre piteo
y piteo: " ¡Ave María
Purísima! ¡las diez han dado! ¡viva el Perú
y sereno!". Que eso sí, para los
serenos de Lima por mucho que el tiempo estuviese nublado o
lluvioso, la consigna era declararlo ¡sereno!.
Y
de sesenta en sesenta minutos se repetía el cántico
hasta el amanecer... en que pasaba voceando de nuevo la lechera".
La
comida en Lima la Antigua
A
Lima no sólo se le aprecia por su historia, sus calles,
sus plazas y la calidez de su gente, sino también por
sus platos típicos y bebidas exóticas que degustaban
los limeños y foráneos, encantados con tan exquisitos
manjares como los siguientes: el ajiaco -guiso criollo a base
de ají-, el bizcocho "chancayano", los buñuelos,
el champuz de agrio -especie de dulce parecido a una mazamorra-,
la chicha de garbanzos -bebida espirituosa elaborada con garbanzos-,
la chicha terranova, las humitas -pasta dulce hecha de harina
de maíz aderezada con pasas-, la pachamanca -manera criolla
de cocer los alimentos dentro de un pozo abierto en la tierra
y tapado con piedras calientes- y los picantes -elaborados con
carne, pescado, charque y papas. Pero los aficionados gustaban
más del cebiche, vendido por las picanteras, que anunciaban
sus viandas: "¡¡la picantera...ajiaco, charque,
cebiche!!...¡¡motecito pelado!!"
La
Lima de hoy
Lima,
aquella comarca que albergaba a unos cuantos miles de pobladores,
se ha convertido en una gigantesca urbe, sobre todo, por las
sucesivas migraciones en los últimos cincuenta años
de su existencia.
Lima
es hoy una extraña mezcla de costumbres y rostros. Parafraseando
una de las mejores obras del gran escritor indigenista José
María Arguedas: Lima es la capital donde
se mezclan "Todas las Sangres".
La
Lima de hoy es un lugar de contrastes y paradojas, donde los
ruidos ensordecedores de los automóviles con su humareda
plomiza, y los comerciantes tratando de sobrevivir, coexisten
con las viejas casonas solariegas, de zaguanes, patios, balcones,
ventanas con rejas, y apacibles conventos de evocadores claustros.
El
prosista don José Gálvez
en su obra "Estampas Limeñas"
señala que Lima tiene un alma paradójica y que
un observador curioso la puede admirar como una antigua joya
resaltante en una vitrina.
Por
algo la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (Unesco) la consagró como Patrimonio
Cultural de la Humanidad el 13 de diciembre de 1991.
Se
señala que Lima ha sido, es y será la manifestación
más preclara de la diversidad cultural peruana.
Publicado el 2005-01-17
por el diario electrónico "Crónica
Viva" de Lima, Perú.
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