Había
una vez un ciego que buscaba respuestas. En cierta oportunidad
se preguntó: “Dios
mueve al jugador, y éste, la pieza ¿Qué
Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo
y sueño y agonías?”
El 12 de junio de 1982, el subteniente Silva,
mientras empuñaba la pesada ametralladora MAG volteando
ingleses que atropellaban en oleada imparable, no tuvo tiempo
para divagaciones existenciales. Sólo hizo lo que sabía:
gatillar hasta que lo mataron en Malvinas, dándole la
oportunidad a sus compañeros para que se pusieran a cubierto.
Antes pudo ver caer muy cerca al subteniente Baldini y a varios
soldados.
Entonces, ninguno de ellos tuvo tiempo para interrogantes, aunque
desde el 2 de Abril muchos fueron los que se preguntaban qué
hacían allí.
Cuarenta y ocho horas después los sobrevivientes de la
última batalla de las Islas
Malvinas, entre ellos el subteniente José
Luis Parra, vieron entre un velo de lágrimas,
como ascendía en un mástil la bandera inglesa.
“¿ Para esto tantas
muertes?”, fué la pregunta que
aún hoy, no tiene respuesta.
Después que regresaron, ingresados subrepticiamente al
continente por la puerta de atrás, pese al valor demostrado,
se enteraron por un informe que “la
decisión de ocupar las Islas Malvinas fue tomada porque
ya existía, desde diciembre de 1981, la idea de que para
llegar a negociaciones exitosas con Gran Bretaña iba
a ser necesario hacer uso del poder militar. La decisión
se adoptó con rapidez, puesto que ya estaba planeada
la ocupación (...) Pero nunca se planificó cómo
defender las islas una vez ocupadas” (
del informe final de la Comisión Rattenbach).
En diciembre de 1981 el general Leopoldo
Fortunato Galtieri reemplazó al presidente
Roberto Viola
en un golpe dentro del golpe. Había tomado en serio la
calificación de “general
majestuoso” que, entre sonrisas socarronas,
le adjudicaron los norteamericanos en los corrillos diplomáticos.
El 12 de febrero en el pueblo de Victoria,
en La Pampa, con
10.000 invitados que lo adulaban en el asado mas grande del
siglo, Galtieri se convenció definitivamente de su liderazgo.
Muchos de aquellos políticos que lo agasajaron llegaron
después, en democracia, al Congreso.
El 30 de marzo, el “general
majestuoso”, mandó reprimir duramente
a quienes protestaban contra el gobierno militar. Setenta y
dos horas después - el 2 de Abril de 1982 - el mismo
escenario serviría para que los mismos apaleados lo aplaudieran.
Ese día resolvió cambiar los planes y permanecer
en la isla con una fuerza de quince
mil hombres, trastocando un operativo de traslado
de sólo cuatro mil
para una ocupación limitada. Provocó de esta manera
un caos indescriptible en el transporte y el abastecimiento
de las fuerzas argentinas.
¿Quién era el Dios
que movía la mano del pequeño dios que sacrificaba
a sus víctimas en aquel juego macabro?
En realidad, ya no había un Dios que lo respaldara porque
el que él conocía estaba ocupado
en otros operativos para “limpiar” al mundo de ideologías
extrañas: 1976 era ya un tiempo lejano y una misión
cumplida.
En este aniversario de la toma de Malvinas, veinticuatro años
después, nada alcanza para compensar ni la frustración
ni el sacrificio de aquellos héroes. Muchos todavía
viven arrastrando sus angustias en San
Luis, Chaco, Corrientes, la Patagonia, en el país entero.
Otros adelantaron una partida sin gloria y sin afectos.
Ah... el ciego aquél, viejo y cansado, murió en
Ginebra todavía ilusionado: “Ahora
voy a saber quién soy”, pensó
cuando expiraba.
Lástima: las respuestas de los dioses se fueron con don
Jorge Luis Borges.
Publicado
en 1997. Ultima actualización: marzo de 2006
El autor: Ricardo E. Brizuela
es periodista, escritor (SADE 6283) y especialista
en comunicación, de nacionalidad argentina.
Se especializó en trabajos de investigación
histórica, habiendo publicado hasta la
fecha mas de 200 monografías con diversos
temas de esta disciplina y economía,
en diferentes medios de varios países.
Una parte de este material pertenece al libro
"Hechos y Protagonistas",
algunas de cuyas páginas también
se reproducen en esta web.
La primera edición de "Pasajeros
de la Historia" se publicó
en Buenos Aires en 1993. Actualmente el autor
se desempeña como consultor de empresas
en comunicaciones, al frente de su estudio,
en toda el área de Latino América.
Su lugar de residencia permanente es Santiago
de Chile.