Página principal

Bernardo Monteagudo

(biografía)

Se ha discutido mucho dónde y cuándo nació Bernardo Monteagudo. Las investigaciones mejores fundadas le asignan por cuna Tucumán. El acontecimiento se habría producido, muy probablemente, el 20 de agosto de 1785. Estudió derecho en la Histórica Universidad de Chuquisaca, que ha brindado tantas figuras próceres de América, graduándose en junio de 1808, previa lectura de un trabajo "Sobre el origen de la sociedad y sus medios de mantenimiento", todavía impregnado de sentimientos tradicionalistas.

Sus ideas sufren un brusco cambio; se hace lector asiduo de Raynal, Voltaire y los enciclopedistas. Participa en la insurrección del 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca y desempeña misiones delicadas confiadas a su pericia por los jefes del movimiento. Cuándo éste es ahogado en sangre, se le detiene y encarcela. Pero luego la revolución iniciada en Buenos Aires en 1810 y propagada al resto de América lo llama a altos destinos. La expedición al Norte es acogida por él con decidido entusiasmo; Castelli lo designa su secretario. Después del desastre de Huaqui baja a Buenos Aires.

Más tarde se le pone al frente de La Gaceta; la dirige alternativamente con Vicente Pazos Silva, con quien choca a causa de su encendida fe republicana y de sus convicciones francamente emancipadoras, A estas horas Monteagudo recoge la pluma de mariano Moreno y mantiene en la prensa la continuidad de los sentimientos democráticos.

En enero de 1812 su contrincante se retira de La Gaceta y publica El Censor; él hace lo propio dos meses más tarde y publica Mártir, o Libre, en cuyas páginas acentúa la propaganda en favor de la inmediata proclamación de la independencia.

Se hace notar por su implacable energía como juez en la conjuración de Álzaga. Funda la segunda Sociedad Patriótica y es miembro conspicuo de la Logia Lautaro. Pertenece activamente a la fracción morenista, orientada por Alvear. Mendoza lo designa su representante a la Asamblea de octubre de 1812; su diploma sufre rechazo. Asume entonces una actitud abiertamente revolucionaria; se transforma en uno de los directores de la revolución que derrumba al primer Triunvirato, cuya enseña se sintetiza en estas dos palabras: Constitución e Independencia.

Es de los miembros que concurren a imprimir su sello hondamente liberal a la célebre Asamblea del año 1813. En 1815 edita el Independiente para sostener la política de Alvear de modo que cuando éste cae es desterrado. Viaja por el extranjero apareciendo por Francia hacia 1817; regresa luego a la patria y, en seguida, pasa a Chile, donde, en 1818, oficia de Auditor de Guerra del ejército del Libertador, Allí le cabe la gloria de redactar el acta de Independencia del pueblo hermano. Más tarde se traslada a Mendoza e interviene en el doloroso proceso a los Carrera. Retorna a Chile pero se lo destierra a la Argentina, permaneciendo durante cierto tiempo en San Luis, donde su nombre se ve mezclado en sucesos ruidosos. En 1820 reaparece en Chile y se entrega a notables y proficuas labores periodísticas.

Acompaña a San Martín en la expedición libertadora al Perú; dirige el Boletín del Ejército y es consejero y amigo íntimo del Gran Capitán, quien cuando toma el poder bajo el título de Protector Supremo (agosto de 1821) lo designa ministro de Guerra y Marina y, poco después, de Gobierno y Relaciones Exteriores.

En calidad de tal interviene en la fundación de las instituciones básicas del perú, haciéndose notar por el impulso que comunica a la instrucción pública y a la cultura en general.

Pero en Lima hay muchos descontentos con su actuación, a causa especialmente de las convicciones monárquicas que abraza con su acostumbrado ardor desde su regreso de Europa. Y sus opositores de tendencia republicana, aprovechando la ausencia de San Martín, -quien fuera a celebrar su histórica entrevista con Bolívar -, realiza con éxito un movimiento subversivo y lo deponen en julio de 1822. Extrañado del territorio peruano, traza en Quito la conceptuosa Memoria en la cual defiende su conducta.

Pronto entra en relaciones con Bolívar y se transforma en uno de sus hombres de confianza, regresando con él a Lima en diciembre de 1824. Es fervoroso paladín de su plan de confederación americana; compone sobre el punto uno de sus trabajos más medulosos. Acariciando esas ideas de proyecciones continentales, vibrando con ella, no puede contemplar todo su desenvolvimiento: una mano traidora, protegida por las sombras nocturnas, le asesta una puñalada mortal en Lima el 28 de enero de 1825.

Página principal