San Martín - Índice / Historia Argentina del Siglo XIX / Literatura Argentina del Siglo XIX
José de San Martín - Su Familia
En el antiguo reino de León nacieron
los padres del Libertador.
En el pueblo de Cervatos de la Cueza nació don
Juan de San Martín y Gómez, un 3 de febrero de 1728, hijo de Andrés de San
Martín e Isidora Gómez.
Cervatos es, probablemente, la cuna del apellido
San Martín. Parece ser originario del nombre de un santo hidalgo caballero
andante, San Martín de Tours. El mismo que providencialmente, fue patrono de la
ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, hoy Buenos
Aires, Capital de la República Argentina.
El hogar donde naciera Juan de
San Martín era morada de humildes labradores. Al amparo de sus mayores,
fortaleció su noble espíritu de cristiano y cuando cumplió dieciocho años, algo
tarde para lo acostumbrado en la época, dijo adiós a sus buenos padres,
orgulloso por ingresar en las filas del ejército de su patria, para seguir las
banderas que se trasladaban de uno a otro confín del mundo. El joven palentino
se incorporó al Regimiento de Lisboa como simple soldado.
Inició su
aprendizaje militar en las cálidas y arenosas tierras de Africa (al igual que lo
haría su hijo José Francisco), donde realizó cuatro campañas militares. El 31 de
octubre de 1.755 alcanzó las jinetas de sargento y, seis años más tarde, las de
sargento primero. Cuando después de guerrear en tierras de las morerías regresó
a la metrópoli, siguió a su regimiento a través de las distintas regiones en que
estuviera de guarnición. Así le vemos actuar en la zona cantábrica y en la
fértil Galicia, en la activa y fértil Guipúzcoa, en la adusta y sobria
Extremadura y en la alegre Andalucía. Era Juan de San Martín un soldado fogueado
y diestro en los campos de batalla cuando, en 1764, se le destinó para continuar
sus servicios en el Río de la Plata. Cuando el 21 de octubre de 1764 se
regularon en Málaga los servicios de Juan de San Martín, se le computaron
diecisiete años y trece días en campañas. A raíz de su meritoria foja de
servicios, se le ascendía a oficial del ejército real con los galones de
teniente, cuyo título le fue extendido el 20 de noviembre de 1764. Su embarque
con destino al Río de la Plata lo debió efectuar en Cádiz.
La carrera
militar de Juan de San Martín es, pues, aparentemente modesta; pero, en la
hondura de su abnegada vida, se puede percibir el anuncio de las virtudes
heroicas de su hijo menor, José Francisco.
El matrimonio con Gregoria
Matorras se realizó en el palacio episcopal, estando a cargo del obispo titular,
Manuel Antonio de la Torre, el 1º de octubre de 1770. Los nuevos esposos se
reunieron en Buenos Aires el día 12 de octubre de ese año, trasladándose poco
después a Calera de las Vacas. Allí formaron su hogar y en ese lugar, en octubre
nacieron tres de sus hijos: María Elena, el 18 de agosto de 1771; Manuel Tadeo,
el 28 de octubre de 1772 y Juan Fermín Rafael, el 5 de octubre de 1774.
Cuando el teniente Juan de San Martín cesó en las funciones de
administrador de la estancia de Calera de las Vacas, el gobernador de Buenos
Aires, Juan José de Vértiz y Salcedo, lo designó el 13 de diciembre de 1.774
teniente gobernador del departamento de Yapeyú, haciéndose cargo de sus nuevas
funciones "desde principios de abril de 1.775."
Con el correr de los
años, Yapeyú se convirtió en uno de los pueblos más ricos de las misiones.
Poseía estancias en ambas bandas del río Uruguay. El pueblo quedó casi
abandonado después de la expulsión de los misioneros de la Compañía de
Jesús.
Dos nuevos vástagos aumentaron la familia San Martín-Matorras en
Yapeyú: Justo Rufino, nacido en 1776, y nuestro Libertador, José Francisco, que
vio la luz el 25 de febrero de 1778.
Siendo el pueblo de Yapeyú
fronterizo a zonas de litigio, sus habitantes vivían bajo continuas amenazas de
guerra. El nuevo mandatario, Juan de San Martín, desde que ocupara la tenencia,
activó la organización de un cuerpo de naturales guaraníes compuesto por 550
hombres, que al ser revistados por el gobernador de Misiones, Francisco Bruno de
Zabala, le hicieron decir que era como la más arreglada tropa de Europa. Esas
fuerzas, adiestradas por el teniente San Martín, se destinaron a contener los
desmanes de los portugueses y las acometidas de los valerosos y aguerridos
charrúas y minuanes.-
Terminada su actuación en Yapeyú, el capitán San
Martín embarcó con rumbo a Buenos Aires el 14 de febrero de 1781, volviendo a
reunirse entonces con su esposa e hijos e incorporándose de nuevo a las filas
del ejército para ejercer las funciones de ayudante mayor de la Asamblea de
Infantería. Desde Buenos Aires, el 18 de agosto, se dirigió por escrito al
virrey Vértìz, a la sazón en Montevideo, ofreciéndose para cualquier servicio o
bien para instruir a los naturales, en cuyo ejercicio se había distinguido
durante su residencia en Yapeyú.
El padre del Libertador se dirigió a las
autoridades superiores de la Corte pidiendo la correspondiente licencia para
embarcarse con su familia con destino a la metrópoli. Le fue concedido lo
solicitado por Real Orden, expedida el 25 de marzo de 1783. Casi un cuarto de
siglo de constante actividad había consagrado a las regiones del Plata el
veterano soldado; había actuado en campañas militares que acreditaron su
valentía y había administrado con suma pureza bienes confiados a su
cuidado.
En abril de 1784, Juan de San Martín llegaba a Cádiz; retornaba
al suelo patrio con su mujer y cinco hijos. Los cuatro varones, al igual que su
padre, abrazarían la carrera de las armas, pero de todos ellos, sólo el benjamín
daría gloria inmortal al apellido paterno.
En Málaga pasaría los últimos
años de su existencia, mientras sus hijos avanzaban en edad y aspiraciones. En
esa ciudad iniciaron o completaron, en parte, los estudios los jóvenes hermanos
San Martín. Con los ojos mirando más allá de los mares, Juan de San Martín
exhalaba, el 4 de diciembre de 1796, su último suspiro. Se hizo constar que no
había testado y que habitaba en un lugar de Málaga conocido por Pozos Dulces,
camino de la Alcazabilla.
La madre del futuro Libertador, doña
Gregoria Matorras del Ser, fue el sexto y último vástago del primer matrimonio
de Domingo Matorras con María del Ser. Fueron sus hermanos mayores: Paula,
Miguel, Francisca, Domingo y Ventura. Vino al mundo el 12 de marzo de 1738, en
el pueblo de la Región de Palencia, Reino de León, llamado Paredes de Nava (la
villa debió su origen a antiguas construcciones castrenses, de donde viene su
nombre "Paredes", en tanto que "Nava" significa llanura en lengua vasca y majada
en hebreo).
Haciendo valer el contenido del viejo proverbio "Una madre
vale mas que cien maestros", muchos biógrafos aciertan a observar que en la
idiosincrasia de la madre de José radicaron las razones más profundas de la
nobleza y el desinterés del Emancipador. A los seis años, quedó huérfana de
madre. A los treinta, aún soltera, viajó al Río de la Plata con su primo
Jerónimo Matorras, ilustre personaje que aspiraba a colonizar la región
chaqueña, obteniendo para el logro de esa empresa el título de gobernador y
Capitán General de Tucumán. Antes de emprender el viaje obtuvo Matorras
licencia, otorgada el 26 de mayo de 1.767, para traer consigo a su prima
Gregoria, a su sobrino Vicente y a otras personas.
Llegada a Buenos Aires
con don Jerónimo en 1767, fue el azar o la añoranza de su Tierra de Campos lo
que le motivó a reunirse con paisanos. Así empezó a relacionarse con un bizarro
capitán, oriundo de un pueblo próximo al suyo, que luego sería su esposo. En
poco tiempo, se conocieron, se amaron y se prometieron. Pero, como el deber de
las armas llevó al novio a un destino en las Misiones Jesuíticas del norte, la
novia hubo de casarse, por poder, con un representante de su marido el capitán
de dragones D. Juan Francisco de Somalo, el 1 de octubre de 1770, con las
bendiciones del obispo de Buenos Aires, don Manuel de la Torre, también oriundo
de otro pueblo palentino, Autillo de Campos. La escritura, otorgada por don Juan
cuatro meses antes de la celebración, "por palabra de presente como ordena
Nuestra Santa Madre, la Iglesia Católica Romana", se refiere a la novia con
estas palabras: "doña Gregoria Matorras, doncella noble, con quien tengo
tratado, para más servir a Dios Nuestro Señor, casarme".
Desde que don
Juan falleciera en Málaga a los sesenta y ocho años, teniendo José Francisco
dieciocho, doña Gregoria no estuvo sola. Siempre le acompañaba el matrimonio
formado por su hija María Elena y don Rafael González Menchaca, empleado de
rentas, que le dio a su nieta Petronila.
La muerte de dona Gregoria
acaeció en Orense ( Galicia) el primero de junio de 1813, donde estaba destinado
don Rafael. Tanto él como María Elena cumplieron los deseos de su madre, que
había expresado en el mencionado testamento, la voluntad de que su cuerpo "sea
amortajado con el habito de Santo Domingo de Guzmán". Ambos habían profesado en
la Orden Tercera de Santo Domingo, en cuyo convento orensano fue
inhumada.
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