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Los Granaderos. La Batalla de San Lorenzo
La mente
rememora los años difíciles de las viejas colonias de España en el nuevo mundo,
empeñadas en romper definitivamente los artificiosos lazos políticos existentes
por la fuerza con la monarquía borbónica para surgir, dentro de la comunidad
internacional, como Estados soberanos plenos de derecho e iniciar la honrosa
misión de materializarse como naciones en la amplitud del concepto.
Años
terribles de lucha, sin dar ni pedir cuartel al adversario, desarrollada en la
más impresionante de las pobrezas, sin recursos, ni erario público, ni
organización, ni nada material, con la sola excepción de un espíritu y una
voluntad de ser libres e independientes de todo poder extranjero de la
tierra.
El Regimiento de Granaderos a Caballo fue exitoso. En referencia
a esto, Mitre expresó:
"Concurrió a todas las grandes batallas de la
Independencia, dio a la América diecinueve generales, más de doscientos jefes y
oficiales en el transcurso de la revolución, y después de derramar su sangre y
sembrar sus huesos desde el Plata hasta el Pichincha, regresó en esqueleto a sus
hogares, trayendo su viejo estandarte bajo el mando de uno de sus últimos
soldados ascendido a coronel en el espacio de trece años de
campaña.»
Trece años tremendos de sacrificios en el espacio y en el
tiempo signan toda la épica trayectoria del Regimiento Granaderos a Caballo,
bautizado con dicho nombre por el propio San Martín; Granaderos de Los Andes,
llamados después durante la campaña o, también, Granaderos a Caballo de Buenos
Aires, denominados así en algunas oportunidades para distinguirlos por su lugar
de origen y cuyas páginas, escritas a fuerza de coraje e indeclinable valor,
resumen la epopeya de la gran patria americana.
La historia
del Regimiento comienza juntamente con la aparición de San Martín en el
escenario americano, apenas dos años después del grito de rebeldía de mayo de
1810. Con fecha 16 de marzo el gobierno superior provisional de las Provincias
Unidas del Río de la Plata, con las firmas de Chiclana, Sarratea y Rivadavia,
expide el nombramiento efectivo de José de San Martín como Teniente Coronel de
caballería y "Comandante del Escuadrón de Granaderos que ha de organizarse", el
que sería a lo largo de la tenaz lucha emprendida contra el poder real, el alma
y el cuerpo vertebral del éxito del pronunciamiento revolucionario.
La
razón de la formación del Escuadrón de Granaderos a Caballo en aquel año y
oportunidad no constituye una cuestión de mera rutina en el planeamiento de la
estructuración de la fuerza armada que necesitaba el país.
Para la
concreción del mismo, San Martín había expuesto detalladamente ante el gobierno
la necesidad de formar un cuerpo modelo, donde privara la calidad humana de sus
integrantes sobre la cantidad, de tal manera que dotándolo de un espíritu, fuera
el núcleo de un ejército disciplinado y moderno, capaz de combatir con todas las
probabilidades de éxito contra las veteranas fuerzas del rey.
Conviene
acotar, como muy bien lo señala el Teniente Coronel Anschutz, en su "Historia
del Regimiento Granaderos a Caballo", la razón por la cual aparecía la creación
de una unidad orgánica, sin las formalidades de un decreto o resolución
específica.
"En los albores de nuestra nacionalidad - expresa- era una
modalidad de parte de los hombres de gobierno, cuando las necesidades de Estado
o de guerra exigían la creación u organización de varias unidades, buscar en
principio a los jefes que las iban a comandar, extendiéndoles el despacho de tal
en la unidad que a partir de esa fecha se iba a formar. Cada jefe proponía en
una lista sus colaboradores inmediatos y aún los oficiales que conocían, o se
los habían recomendado."
Formaron en el núcleo inicial de aquel
escuadrón, que sirviera de base para la integración del regimiento, el cual
puede darse por constituido como tal en mayo de 1812, los siguientes jefes y
oficiales:
En la plana mayor como Comandante el Teniente Coronel don José
de San Martín; el Sargento Mayor don Carlos María de Alvear; el Ayudante Mayor
don Francisco Luzuriaga y el Portaguión don Manuel Hidalgo.
El escuadrón,
dividido en dos compañías, estaba integrado así: En la primera el Capitán don
José Zapiola, el Teniente don Justo Bermúdez y el Alférez don Hipólito Bouchard.
En la segunda el Capitán don Pedro Vergara, el Teniente don Agenor Murillo y el
Alférez don Mariano Necochea.
Como puede apreciarse, ya figuraban nombres que
después, con el correr del tiempo, se harían ilustres en la historia de la
patria. En total, el número de efectivos del escuadrón era de dos jefes, ocho
oficiales, nueve sargentos, un trompeta, tres cabos y treinta y un
granaderos.
Las enormes dificultades originadas
por los problemas derivados de las acciones de guerra empeñadas contra los
realistas como la rigurosa selección del personal, impuesta por el propio San
Martín, fueron obstáculos que impidieron en un principio la pronta organización
del cuerpo.
Con fecha 11 de setiembre de 1812 se crea, por decreto, el
segundo escuadrón, y el 5 de diciembre de ese mismo año, con las firmas de
Rodríguez Peña, Alvarez Jonte y de Tomás Guido como secretario interino de
Guerra, se dispone la formación del tercer escuadrón.
Hasta ese momento
las comunicaciones dirigidas por el gobierno al Teniente Coronel San Martín son
en calidad de «Comandante de Granaderos a Caballo», figurando incluso esa misma
denominación en las listas de revistas efectuadas.
En la misma forma como
se había procedido al crear el Cuerpo, es recién con el decreto ascendiendo a
Coronel a San Martín, con fecha 7 de diciembre de 1812, que se usa por primera
vez el nombre de Regimiento.
Expresa el mismo, en su parte resolutiva:
"Atendiendo a los méritos del Comandante don José de San Martín ha venido a
conferirle el empleo de Coronel del Regimiento de Granaderos a Caballo,
concediéndole las gracias, exenciones y prerrogativas que por este título le
corresponden."
Como lo señala el Teniente Coronel Anschutz en su estudio
sobre la ubicación inicial del regimiento al no encontrarse decretos u órdenes
para el alojamiento inmediato del primer escuadrón de Granaderos a Caballo, se
supone que al darse la orden de su organización se haya indicado verbalmente al
Teniente Coronel San Martín, que momentáneamente ocupara el cuartel de la
Ranchería (Perú y Alsina).
Posteriormente, con fecha 5 de mayo de 1812,
con la firma de Miguel de Azcuénaga, se ordena que... "... queda puesto a
disposición del Comandante del nuevo escuadrón de Granaderos a Caballo, el
cuartel que ocupa en el Retiro el Regimiento de Dragones de la Patria; y lo
aviso a V.S. en contestación a su oficio de ayer en que me comunica haberlo
ordenado así el Superior Gobierno."
Esta zona era conocida desde la época
de las invasiones inglesas como Cuartel del Retiro, siendo su ubicación
aproximadamente la zona que bordea la actual plaza San Martín (Arenales y
Maipú).
Frente al mismo Regimiento, ante la curiosa mirada de los
habitantes de la zona del Retiro, se realizaban diariamente las prácticas en el
llamado "Campo de la Gloria" denominado luego de la Revolución de Mayo, como
"Campo de Marte."
No había transcurrido un año desde su
creación cuando el 3 de febrero de 1813 tocaría al regimiento recibir su
bautismo de fuego allá en San Lorenzo, a orillas mismas del
Paraná.
Aquella madrugada ciento veinte hombres, divididos en dos
divisiones de sesenta granaderos cada una, al mando del propio San Martín y del
Capitán Bermúdez se lanzan con furia incontenible sobre doscientos cincuenta
realistas que avanzaban, al mando del Capitán Antonio de Zabala desde el puerto
de San Lorenzo en dirección al convento de San Carlos, en una de sus habituales
recorridas requisando víveres y elementos de los pueblos del litoral
argentino.
El choque fue tremendo, y pese a que los godos alcanzaran a
formar en martillo para contener la embestida, los sables y las lanzas de los
granaderos pronto los sumieron en el desastre, materializado en 40 muertos, 14
prisioneros, 12 de ellos heridos, dos cañones, 40 fusiles y una bandera
arrancada al portaestandarte enemigo con riesgo de su vida por el Alférez
Hipólito Bouchard, el mismo que después, al mando de la fragata "La Argentina",
dejara en todos los mares del mundo la estela imborrable de hazañas
increíbles.
Allí mueren, junto al granadero de origen francés Domingo
Perteau, el oriental Amador, el chileno Alzogaray y los argentinos Luna, Bustos,
Sylvas, Saavedra, Bargas, Márquez, Díaz, Gurel, Galves, Gregorio y Cabral,
catorce en total, en cuyo recuerdo las calles internas del cuartel de Palermo
llevan sus venerados nombres.
Días más tarde fallece también, a resultas
de las heridas recibidas, el Capitán Justo Germán Bermúdez, el primer jefe de
escuadrón del regimiento muerto en combate.
La acción, breve en tiempo,
dada la pujanza de la carga de los granaderos, tiene hondo contenido
emocional.
En aquel combate la valentía de dos hombres salvan la vida del
jefe del alcance de las bayonetas españolas cuando queda aprisionado en el
sueldo por la muerte de su caballo.
Uno es el granadero Juan Bautista
Baigorria, puntano de origen, el "postergado", como lo llaman en su tierra, tal
vez con razón, pues poco o nada se sabe de este valiente que salva la vida de su
Coronel matando al godo que pretendía ultimarlo aprovechando la difícil
situación.
El otro es el granadero Juan Bautista Cabral, oriundo de
Corrientes, que no vacila en echar pie a tierra en medio de aquel entrevero de
sables, bayonetas, sangre y polvo, consiguiendo zafar del caballo al Coronel San
Martín, recibiendo dos mortales heridas a raíz de las cuales deja de existir
poco tiempo después mientras repite en su agonía: "muero contento... hemos
batido al enemigo."
A raíz de este hecho, por un decreto del superior
gobierno, se ordena: "Fíjese en el cuartel de granaderos un monumento que
perpetúe recomendablemente la existencia del bravo granadero Juan Bautista
Cabral en la memoria de sus camaradas."
Cabe señalar también otro hecho
de honda significación espiritual. En el canje de los prisioneros efectuado con
los realistas vienen tres lancheros paraguayos, dos de los cuales resuelven
incorporarse al regimiento.
El
después:
Después de San Lorenzo, a los efectos de que se..."...active y
haga ejecutar el plan de operaciones que sea necesario para la defensa de la
Capital, en cualquier evento de ataque o incursión..."
...se nombra al
Coronel don José de San Martín, con fecha 4 de junio de 1813, Comandante de las
fuerzas de la Capital.
A partir de ese entonces el regimiento, al par de
cumplir con su planeamiento de instrucción destina varios destacamentos sobre el
Litoral a los efectos de proteger las poblaciones ribereñas de las incursiones
realistas.
Pronto habrían de abrirse otros horizontes de lucha para el
Regimiento. La difícil situación en el Norte, agravada por las sucesivas
derrotas de Vilcapugio y de Ayohuma, las cuales ponen en peligro toda la
frontera de la patria, mueven al gobierno a nombrar, con fecha 3 de diciembre de
1813, al Coronel San Martín como Jefe de la expedición auxiliadora al ejército
de Belgrano, que venía retirándose en dirección a Tucumán.
Integraron
esta división, además del primer batallón del 7 de Infantería y de un piquete de
100 artilleros, el 1º y 2º escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo, los
que llegan a Tucumán el 12 de enero de 1814.
Desde esa fecha hasta el 10
de septiembre de 1816, en que se mueven en dirección a Mendoza, por el camino
que atraviesa La Rioja, luchan en las lomas de San Lorenzo con las tropas de la
vanguardia; en guerrillas en Humahuaca, Yaví, Casavindo, Toldos, Bermejo,
etcétera, en el combate de Barrios; en la sorpresa del Tejar, en Puesto del
Marqués, en Mochara y en la derrota de Sipe- Sipe, donde el regimiento, al mando
del Teniente Coronel Juan Ramón Rojas, salvó con su arrojo y valor el honor de
la triste jornada.
Mientras el 1 y 2º escuadrón combatían en el Alto
Perú, el resto del regimiento, al que ya se le había agregado el 4º escuadrón, a
órdenes del Teniente Coronel José Matías Zapiola queda en tareas de
reorganización e instrucción en la Capital.
Prontamente, sin embargo,
habrían de embarcarse rumbo a la Banda Oriental a reforzar el ejército de
Oriente.
El 22 de junio de 1814 el 3º y 4º escuadrón de los granaderos
entraban en la Plaza Fuerte de Montevideo a la cabeza de la columna
vencedora.
Lo importante de esta campaña, como anota Félix Best, es
que..."ningún otro suceso podía valer tanto para la seguridad de la
independencia como la rendición de Montevideo, que era como cerrar para siempre
a España las aguas del Río de la Plata, única vía por donde podría alcanzar a
tocar Buenos Aires, centro y corazón de la causa de la independencia en toda
América del Sur.
"Salvada la capital, sobre cuya energía reposaba la
independencia de Chile y Perú, todo podía venir mal, que ya encontrarían los
invasores, ejércitos y pueblos que los obligarían a retroceder. La rendición de
Montevideo salvó a la capital de las provincias argentinas y a la América del
Sur."
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