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El  Regreso 


Ya había terminado la gesta con la resonante victoria de Ayacucho. El General Cirilo Correa, jefe de la División de los Andes, se dirige desde Lima, con fecha 10 de enero de 1825, al Ministro de Guerra y Marina de las Provincias Unidas del Río de la Plata... "en precaución de las circunstancias que pudieran sobrevenir y anheloso por el bien de mi patria me dirijo a vuestra señoría como jefe que fui encargado últimamente de la división para que consultándolo al supremo gobierno se sirva comunicar sus órdenes sobre el particular por el conducto más conveniente."

En la misma carta plantea la situación del Regimiento que había quedado a las órdenes del general Bolívar, expresándose en términos laudatorios, con las siguientes palabras: "Este cuerpo, que concurrió a la memorable jornada de Junín, bajo las órdenes del señor Coronel Bruix ha continuado luego a las del Sargento Mayor Bogado unido a la columna de caballería del Ejército Libertador y habiéndose sostenido con honor algunos encuentros en su marcha, se ha encontrado en la célebre batalla de Ayacucho que ha libertado absolutamente al Perú del dominio español."

Luego de Ayacucho el General Sucre destina al Regimiento a la zona de Huanta, desde donde iniciaría posteriormente el regreso a la patria. En las comunicaciones que hace el vencedor de Ayacucho se habla en tono hiriente del Regimiento a las órdenes del Coronel Bogado. La justicia histórica, más fuerte que la pasión de los hombres, no ha necesitado en este caso salir a la palestra a defender con argumentos o pruebas el honor de un regimiento cuya foja de servicios se confunde con la historia heroica de la libertad de América.

El Regimiento de Granaderos estacionado en Huanta marcha, por orden de Bolívar, hasta Arequipa a donde arriba el 18 de marzo de 1825. En dicha zona el Prefecto recibe la orden del Libertador del Norte de ajustar los sueldos correspondientes al mes de febrero a los granaderos que se encontraron en la batalla de Ayacucho, y la de contratar un buque para llevar al puerto de Valparaíso sólo a aquel personal militar que sea oriundo de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

A fines del mes de junio el centenar de hombres que forma el regimiento se embarcan en el bergantín "Perla", en el puerto de Ilo, llegando al puerto de Valparaíso el 10 de julio de 1825. Con fecha 22 de julio, el Coronel Bogado eleva desde Santiago de Chile el estado de las fuerzas "... que componen el resto del regimiento a mi mando, quienes por su constancia y fidelidad al pabellón nacional durante la larga campaña del Perú tienen la gloriosa satisfacción de volver a su patria, después de haber sellado la independencia, en la memorable batalla de Ayacucho."
La triste situación económica en que se halla el Regimiento induce al Coronel Bogado a solicitar el apoyo correspondiente al antiguo oficial del regimiento don Ramón Freyre, en ese entonces Director Supremo de Chile, quien entrega, ante la carencia de fondos del Estado, cien pesos de su peculio personal, los cuales se le devuelven de inmediato al conocer Bogado que el General Martínez era quien debía proporcionarles los medios que necesitasen. A las angustias económicas para el pago de los sueldos, como para el racionamiento, se agrega la carencia de vestuario que motiva un urgente pedido del General Martínez, con fecha 9 de octubre, para la confección de uniformes..."...dado el estado de desnudez en que se encuentra la tropa."

Resuelto el pasaje de la cordillera apenas se abrieran los pasos, el movimiento se inicia por destacamentos a partir del 6 de diciembre, llegando a Mendoza unos días después. Con fecha 31 de diciembre el comisario de guerra pasa la revista reglamentaria, cuya histórica copia contiene los nombres de todos aquellos valientes granaderos que regresan a la patria. Al fin, el 13 de enero de 1826 se inicia la marcha a Buenos Aires, la cual se hizo en veintitrés carretas. En silencio, invencibles, cruzados de cicatrices, cargados de glorias llegan a Buenos Aires, el 13 de febrero de 1826, los restos del Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes, después de trece años de intenso batallar por los campos de medio continente para concretar la libertad de las naciones de América.

Volvían al viejo cuartel de Retiro los efectivos de los escuadrones 1º, 2º y 3º, que en Junín y Ayacucho habían contribuido a consolidar la definitiva derrota de las fuerzas realistas.

Volvía también el espíritu del 4º escuadrón, que a las órdenes del Comandante Viel había escrito, en el sur de Chile, páginas inimaginables de valor en la afirmación de la independencia del hermano país, allende los Andes. Volvía, a las órdenes del Coronel don José Félix Bogado, aquel paraguayo que, prisionero de los realistas, es canjeado luego de San Lorenzo y se incorpora como recluta el 11 de febrero de 1813, juntamente con otros seis valientes que cumplieron toda la epopeya.

Volvían, junto con su Jefe, el Sargento Ayudante Paulino Rojas, dado de alta el 2 de marzo de 1814; el Capitán Francisco Olmos, de alta el 12 de setiembre de 1812; el Sargento Segundo Patricio Gómez, de alta el 1º de marzo de 1813; el Sargento 2º Damasio Rosales, de alta el 23 de setiembre de 1812; el Sargento 2º Francisco Bargas, el 23 de setiembre de 1812; y el trompa Miguel Chepoya, en el año 1813, además de 72 valientes más incorporados en las diversas etapas de la dilatada campaña del regimiento.

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